Tecnología y reciprocidad en la Economía Popular Urbana / Nicolás Gómez Núñez (2017) / Santiago de Chile: RIL editores y Universidad Central de Chile, 2017, 361 pp. ISBN: 978-956-01-0479-3.

Tecnología y reciprocidad en la Economía Popular Urbana es un texto que viene a enriquecer el fructífero desarrollo de la sociología económica latinoamericana de los últimos treinta años. Expone los resultados de una investigación de carácter comprensivo realizada durante diez años en un mercado construido por hombres y mujeres que ocupan una calle en la comuna de Huechuraba, en la Región Metropolitana (RM) de Santiago de Chile.

La investigación de Nicolás Gómez Núñez comienza cuestionando un supuesto ampliamente utilizado por las políticas públicas nacionales, asociado a caracterizar los esfuerzos económicos individuales y particulares bajo la categoría de “empresario” o “microempresario”. Se refiere a quienes, mediante el asesoramiento y subvención estatal, podían generar plazas laborales estables, y así contribuir a la diversificación de la matriz productiva nacional. Dicho supuesto, lejanamente, se verificaba en los individuos que ocupaban la calle Estados Unidos para comercializar artículos de primera y segunda mano, a los que tradicionalmente se conoce como “cachureros” o “coleros” y que trabajan en la “cola” de la feria que se asienta en dicha localidad los domingos.  

Consensuado el cuestionamiento, la investigación encontró en el desarrollo precoz de la sociología económica latinoamericana el levantamiento de experiencias emergentes y asociativas (Razeto, 1984) que les permitieron a los sectores excluidos del reciente modelo de desarrollo neoliberal abrirse espacios de sobrevivencia económica. Estas experiencias no solo contradecían el principio individualista metodológico detrás de la categoría de empresario o microempresario sostenida por la política pública actual, sino que ponían en el centro de la atención el carácter comunitario del emprendimiento económico. Esto es explicado a través de una historia particular (Bourdieu y Wacquant, [1992] 2008) que dotaba de identidad a los individuos que componen la “cola” de la feria y que la convertían en lo que el autor entiende como una “comunidad efectiva”.

En este sentido, el objetivo de la investigación desarrollada y detallada en el libro es modesto, pero abarcador, ya que intenta describir los cimientos y la historia del emprendimiento económico desarrollado por lo coleros. No solo se aboca a cómo estos generaban mercados, sino también a cómo el emprendimiento era “sostenido” por una serie de “tecnologías sociales”, entendidas como sus trayectorias de vida y sus acciones colectivas económicas y extraeconómicas.

Para dar cuenta del objetivo, la investigación discute una serie de conceptos que funcionan a modo de “caja de herramientas” (Bourdieu y Wacquant, 2008). Sin lugar a dudas, el concepto de tecnología social es el más trabajado, y ahí se encuentra uno de los aciertos de la investigación desarrollada por Gómez Núñez. Por medio de este, el concepto de tecnología social (Latour, 2008), que había sido acuñado y trabajado por los estudios de ciencia, tecnología y sociedad (CTS) para dar cuenta de los tejidos realizados por programas de investigación y la política pública científica, es llevado a los estudios sociales de la economía (ESE) bajo el supuesto de que estas formas describen la “fabricación colectiva de soluciones gracias a los sistemas enriquecidos de interacción” (Gómez Núñez, 2017, p. 40). En ello, el trabajo de pesquisa del concepto se nutre y encuentra un hilo conductor en las obras de intelectuales de las ciencias tanto sociales como económicas, como las de Floreal Forni, Amartya Sen, Larissa Lomnitz, Luis Razeto o Bruno Latour.

Sin lugar a dudas, desarrollar la investigación bajo el concepto de tecnología social le permitió ganar en abstracción y concordancia empírica. Ya que, mediante el concepto, el autor describió la asociatividad que articulaba la subsistencia y el desarrollo de coleros en la comuna de Huechuraba. Además, buscó en la historia de los coleros, ya sea en sus trayectorias laborales, su experiencia en la lucha por acceder a viviendas sociales o en el sindicato de coleros que representa y defiende sus intereses frente a organizaciones formales como el Municipio. Por último, y con la ayuda de la categoría “artefacto” (Latour, 2008), se pudo rastrear los elementos no humanos que materializan la asociatividad de los coleros. Ejemplos como las “hojas de inscripción”, el “cuaderno de pagos de cuotas”, como también las “hojas de colectas”, permitieron dar cuenta de la historia y densidad de la agrupación de coleros. Dichos elementos cuentan una historia concordante que comprende y complejiza la acción económica, más allá los manuales trabajados en los cursos de microeconomía.

Pensar la acción económica desde el concepto de tecnología social, tal como ya lo intuía el autor, requirió de una serie de estrategias metodológicas. Avanzar con entrevistas de carácter bibliográfico y observaciones participantes permanentes y continuas, permitieron al grupo de investigación permear la organización económica estudiada ya no desde el individualismo metodológico, es decir, una técnica - un actor, sino avanzar en lo que el autor denomina “comunidades interpretativas” (Gómez Núñez, 2016), considerando pertinente la entrevista de actores foráneos a la organización económica, como dirigentes sindicales, vecinos y actores claves en la historia de la “cola” de la feria. La metodología también implicaba una destreza desde el punto interpretativo, estableciendo tempranamente una vigilancia epistemológica (Bourdieu, Chamboredom y Passeron, [1973] 2008) respecto a la caja de herramientas teóricas escogida por el investigador. De esta manera, los conceptos sociológicos no mermaron el sentido práctico (Bourdieu y Wacquant, 2008), cargado de denominaciones lingüísticas que los coleros utilizaban para dar cuenta del acervo permanente y cargado de sentido.

Es quizás en este sentido que nace una de las críticas constructivas al texto, pues, para dar cuenta del sentido práctico de los coleros, el investigador ejemplifica cada una de las denominaciones utilizadas en la comunidad efectiva con extractos de entrevistas y observaciones que muchas veces ocupan extensas páginas del libro. Si bien se sabe cuál es la razón de esta estrategia narrativa, en reiteradas ocasiones dificulta la lectura y comprensión de los argumentos explicados a lo largo del texto. Tal como plantean Urquiza, Billi y Leal (2017), un investigador, al momento de enfrentarse a la realidad social, busca distinciones que los individuos realizan para abordar el sentido de sus comunicaciones. Estas distinciones se transforman en la conexión entre teoría y realidad, cargadas de sentidos que pueden ser utilizados, pero a la vez explicadas por el mismo investigador. De esta manera, se puede dar cuenta de significados importantes para la investigación, como el “fiado”, “regateo”, “tesorero”, “vecino” o “ganarse la vida”. Sin embargo, parte de este esfuerzo muchas veces se ve mermado por el contexto extenso de la entrevista y observaciones en donde se explica la categoría interpretativa. Con ello, la recomendación para el problema identificado es modesta: identificar, con poder de síntesis, los significados de los interpretados, para vincularlos con nuestra caja de herramientas y plan de análisis de la investigación.

Por último, para los investigadores de los estudios sociales de la economía, nace el interesante desafío de utilizar los avances de la investigación de Gómez Núñez en relación con el uso de las categorías de tecnología social y de comunidades interpretativas. Lo anterior se señala, pues el objeto de estudio, a juicio del autor, está situado en lo que se conoce como economía social y solidaria, que, como se sabe, comparte una episteme diferenciada de la economía formal y convencional, ampliamente descrita a en la sociología latinoamericana (Salas, 2004). El desafío radica en cómo los investigadores sociales de la economía podemos superar esa distinción epistémica y utilizar los conceptos trabajados en el libro hacia el estudio cada vez más frecuente de organizaciones económicas formales de toda escala, como el mercado de capitales, las criptomonedas o el dólar o comunidades virtuales, así como las plataformas de Uber, Airbnb o Rappi, temas que se han convertido en el mainstream de las publicaciones mundiales en torno a la sociología económica.

Mg. José Ignacio Alarcón

Referencias bibliográficas

Bourdieu, P. y Wacquant, L. ([1992] 2008). Una invitación a la sociología reflexiva. Argentina: Siglo XXI.

Bourdieu, P., Chamboredom, J. y Passeron, J. ([1973] 2008). El oficio del sociólogo: presupuestos epistemológicos. Buenos Aires: Siglo XXI.

Gómez Núñez, N. (2016). La construcción colectiva de conocimientos en las comunidades interpretativas. Cinta Moebio, 55, 66-79. Doi: 10.4067/S0717-554X2016000100005.

Gómez Núñez, N. (2017). Tecnología social y reciprocidad en la economía popular urbana. Santiago de Chile: RIL editores y Universidad Central de Chile.

Latour, B. (2008). Reensamblar lo social: una introducción a la teoría del actor red. Buenos Aires: Manantial.

Razeto, L. (1984). Economía y mercado solidario. Santiago de Chile: Programa de Economía del Trabajo

Salas, M. M. (2004). Hacia una visión sociológica de la acción económica: desarrollos y desafíos de la sociología económica. En M. A. Pozas, M. M. Salas y J. P. Pérez Sáinz, La sociología económica: una lectura desde América Latina (pp. 37-64). San José: Facultad latinoamericana de Ciencias Sociales (sede Costa Rica). Recuperado de: https://goo.gl/D6zziN. 

Urquiza, A., Billi, M. y Leal, T. (2017). Aplicar una distinción. Un programa sistémico-constructivista para la investigación social cualitativa. MAD, 37, 21-53. Doi: 10.5354/0718-0527.2017.47269.

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