Discursos de diversidad económica en el centro-sur de Chile:

Definiciones en disputa en torno a la economía social, solidaria y autogestionaria

Beatriz Cid*

Pablo Saravia**

Eduardo Letelier***

Daniel Sandoval****

Julien Vanhulst*****

Nelson Carroza******

* Universidad de Concepción. Correo electrónico: beatrizcid@udec.cl. 

** Universidad de Playa Ancha. Correo electrónico: pablo.saravia@upla.cl.

*** Universidad Católica del Maule. Correo electrónico: eletelier@ucm.cl. 

**** Universidad de Concepción. Correo electrónico: dsandovaln@gmail.com.

***** Universidad Católica del Maule. Correo electrónico: julien@ucm.cl.

****** Universidad de Playa Ancha. Correo electrónico: nelson.carroza@upla.cl.

Artículo recibido: 12/07/2018                             Artículo aprobado: 26/12/2018

MIRÍADA. Año 11, N.º 15 (2019), pp. X-X

© Universidad del Salvador. Facultad de Ciencias Sociales. Instituto de Investigación en Ciencias Sociales. (IDICSO). ISSN: 1851-9431

Resumen

En el marco del proyecto de investigación Cartografías de Economías Heterogéneas (Fondecyt N.° 1.160.186), se desarrolló un análisis de los discursos sobre lo alternativo en las economías del centro-sur de Chile. Utilizando una muestra intencional, se aplicaron 45 entrevistas semiestructuradas a informantes claves (sector público, universidades, cooperativas y organizaciones de la sociedad civil). Mediante un análisis de contenido, se identificaron ejes temáticos que permitieron, por un lado, caracterizar las iniciativas, experiencias o emprendimientos y, por otro lado, reconocer las narrativas que los informantes claves sostenían sobre las economías alternativas. Los resultados permiten comprender y reconocer la diversidad de discursos y prácticas sobre las economías alternativas. Estos se pueden ordenar a partir de dos ejes: (1) la tensión entre subjetividades molares y moleculares; y (2) la tensión entre reforma y transformación, que se refiere a un tipo de cambio institucional y sociomaterial transformador. Estas categorías proponen un marco interpretativo que integra una pluralidad de distinciones o polaridades. Lo anterior permite avanzar en la comprensión del marco epistémico y discursivo diverso sobre lo económico que tienen los actores de la economía social, el cual problematiza la homogeneidad del discurso económico formal. El documento también muestra los desafíos políticos que plantea esta diversidad.

Palabras clave: Economía solidaria; Cooperativas; Comercio justo; Economía social.

Abstract

Within the framework of the Cartographies of Heterogeneous Economies research project (Fondecyt N.° 1.160.186), a discourse analysis of the actors of social and solidarity economy was developed in Chile. Using an intentional sample, semistructured interviews were applied to 45 key informants (from the public sector, universities, cooperatives and civil society organizations). Through a content analysis, thematic axes were identified that allowed, on the one hand, to characterize initiatives, experiences or ventures and, on the other hand, to recognize the narratives that key informants held about alternative economies. The results allow us to understand and recognize the diversity of discourses and practices about alternative economies. These may be organized according to two axes: (1) the tension between molar and molecular subjectivities; and (2) the tension between reform and transformation (which refers to a transformative type of institutional and socio-material change). These categories propose an interpretive framework that integrates a variety of distinctions or polarities. This allows to advance in understanding the diverse epistemic and discursive economic framework held by social economy actors, which problematizes the homogeneity of formal economic discourse. The document also shows the political challenges that this diversity poses.

Keywords: Solidarity economics; Cooperatives; Fair trade; Social economy.


Introducción

El pensamiento económico ha estado hegemonizado por la llamada teoría económica estándar (TEE), caracterizada por un cuerpo teórico universalista, deductivo y formalista. Esta se funda en una teoría de la acción racional, maximizadora y autointeresada —el homo economicus—, de la que se desprende un conjunto de modelos formales de funcionamiento social. Estos modelos funcionan como sistemas descriptivos, predictivos y normativos, que no solo abordan en forma científica la realidad económica, sino que definen “lo decible” y “no decible” económicamente.  Trazan así lo que Boaventura de Sousa Santos (2011) llama una “línea abismal” entre la economía reconocida como existente y las relaciones y prácticas económicas no solo invisibilizadas, sino también activamente producidas como inexistentes dentro de una “monocultura de la productividad”. El cuerpo teórico de la TEE —descrito por GibsonGraham (2006) como capitalocéntrico— no logra dar cuenta de las inquietudes políticas y las prácticas económicas de una diversidad de actores —individuales y colectivos— que buscan construir otras relaciones económicas, fundadas en la reproducción ampliada de la vida humana y no humana.

El propósito de este documento es compilar y analizar los discursos y epistemes económicas de actores que participan en la construcción de otras relaciones y prácticas económicas en cuatro regiones del centrosur de Chile. Se observará que estos actores no construyen un discurso homogéneo, sino que sus propuestas son diversas y están atravesadas por tensiones que dificultan su articulación social y proyección política, desdibujando la línea maniquea de separación entre visiones económicas dominantes y propuestas emancipadoras y abriendo un espacio híbrido de estrategias, objetivos y valores que buscamos develar.

El documento se produce en el contexto del proyecto de investigación Cartografías de Economías Heterogéneas (Fondecyt N.°1.160.186, www.otraseconomias.cl) cuyo propósito ha sido visibilizar otras economías y las epistemologías que las subyacen. El presente documento corresponde a los hallazgos de la primera etapa del proyecto y tuvo por objetivo identificar y caracterizar los discursos sobre economías alternativas en cuatro regiones de Chile (Valparaíso, Maule, Concepción y la Araucanía). Se desarrolló bajo la hipótesis de que, en un escenario de globalización, este tipo de discursos y prácticas emergentes se hibridan con procesos históricos de construcción política, y generan una diversidad de discursos sobre lo económico que desborda la retórica del capitalismo como único horizonte socio-económico.

Epistemologías económicas pluralistas

La epistemología estudia el modo de conocer. Esto es, los contextos que llevan a la obtención del conocimiento, particularmente los criterios por los cuales se valida la verdad y la objetividad. En este apartado, problematizaremos las reglas de producción de conocimiento de la teoría económica estándar para pensar en epistemologías económicas pluralistas que permiten leer los discursos concretos de los actores sobre racionalidad y prácticas económicas locales.

La TEE concibe al mundo como un enorme mecanismo constituido por una serie de piezas —unidades elementales de análisis— que interactúan formando un conjunto. Existen una serie de leyes que emergen de la racionalidad y la conducta individuales coordinadas que, en cualquier momento y lugar, rigen las relaciones de producción e intercambio (Misas, 2004). Bajo esta visión mecanicista, la sociedad es entendida como una gran máquina cuyos engranajes elementales son los individuos. Este individualismo metodológico, basado en la racionalidad de los agentes económicos, se corresponde con una visión liberal del mundo, y, a partir de él, se pretende construir un esquema global o macro con leyes generales de comportamiento del sistema. Misas (2004) señala que el desarrollo de la TE en la ciencia económica norteamericana de la posguerra desplazó las escuelas nacionales de pensamiento empírico (austriaca, sueca, alemana, francesa, inglesa, japonesa, india o latinoamericana), para desarrollar teorías formales universalizantes: TEE o teoría neoclásica, que hegemoniza la ciencia económica. En el mismo período de la posguerra, Karl Polanyi (1944) problematizó las reglas del pensamiento económico estándar, señalando que este se ajusta a las reglas de una ciencia formal. Esto es un conjunto sistemático de conocimientos racionales y coherentes que validan sus teorías con base en proposiciones, definiciones, axiomas y reglas de inferencia, abordadas a través de métodos deductivos, buscando controlar y predecir. Si bien este método es apropiado para el trabajo con objetos ideales, creados por procesos de abstracción —como las matemáticas y la lógica— no lo es necesariamente para ciencias que observan objetos del mundo real, como son las ciencias naturales y sociales. En este caso, el proceso puramente racionalista, lógico, idealista, deductivo y de pretensión universalista no permite una reflexión empírica situada del comportamiento económico. Hayek (1937), siguiendo a Popper, plantea que las teorías económicas no se prueban, sino que se falsean. Dicho de otro modo, dada una construcción teórica formal, sus implicaciones lógicodeductivas se someten a contraste empírico. De este modo, el proceso de construcción de conceptos o categorías propiamente económicas descansa en una selección de axiomas o supuestos que, en sí mismos, son arbitrarios y tautológicos. 

Frente a ello, Polanyi (1944) convoca a una epistemología “sustantivista”, opuesta a la formalista antes descrita. Esto es una aproximación empírica a los hechos económicos que toma especialmente en cuenta el contexto institucional y normativo en que estos se desempeñan. Con ello, se reconoce el carácter social de lo económico, el cual está regido por reglas socialmente instituidas y, por lo mismo, bastante diversas entre distintos contextos. Polanyi (1944) señala que los supuestos de la ciencia económica formal dan cuenta del marco institucional de la Inglaterra liberal del siglo xix, pero una mirada sustantivista abre el espacio para epistemes diversas, donde las reglas de producción de verdad son relativas al contexto instituido en que esta verdad se produce.

Esto es políticamente muy relevante, pues los discursos dominantes que tienden a postularse como verdaderos encierran pretensiones de universalidad que tienen la capacidad de producir efectos de poder en diferentes ámbitos de la vida social. Así, los discursos de verdad son portadores de una determinada epistemología que juzga qué se considera conocimiento verdadero o falso y de una ontología social y política que determina qué sujetos, formas de vida y sociabilidad se integran en la realidad social. De este modo, la epistemología y la ontología de la “economía máquina” (GibsonGraham, Cameron y Healy, 2013) reduce las personas a engranajes, y entiende que opera mejor si se la deja funcionar por sus propios mecanismos bien aceitados y autorregulados. Los grupos organizados, la autogestión y las preocupaciones socioambientales pasan a ser obstáculos para el buen funcionamiento de la economía máquina.

Diversos autores han problematizado la pretensión universal de la episteme científica como una expresión del eurocentrismo, entre otros, manifestado en los modos de concebir la ciencia económica. Señalan que el eurocentrismo impone paradigmas de la euromodernidad que privilegian ciertos saberes y prácticas (modernos occidentales, incluyendo la economía como meramente capitalista), subordinando y descartando otras formas de saber y de existir. Frente a ello, De Sousa Santos (2006) habla de un “epistemicidio” y llama a una “ecología de los distintos saberes”, incluyendo las formas de conocer del Sur como procesos de producción y valoración de conocimientos válidos en un proceso de descolonización epistémica que reconozca las experiencias ignoradas e invisibilizadas y sea capaz de dialogar con otros saberes. Arturo Escobar (2011) va más allá señalando que no solo habitamos diferentes formas de conocer —diferentes epistemes—, sino que construimos diferentes mundos, ontologías diversas, donde se permiten otras formas de vivir.

Reconocer otras epistemes económicas recoge la tradición de la antropología económica (Mauss, 1925; Sahlins, 1972), que mostró la existencia de intercambios y mercados no capitalistas, así como también los análisis de economía comprensiva (Granovetter, 1985; Polanyi, 1944; Razeto, 1994) o de sociología económica (Bourdieu, 2000; Weber, 1922), que complejizan la economía clásica y las teorías del libre mercado y de la elección racional e individualista. Estas perspectivas permiten abrir una reflexión que cuestiona el imaginario dominante de una economía estable que se autorreproduce fuera de otros tipos de relaciones sociales y bajo una racionalidad única y universal.

En particular, bajo un enfoque ontológico, epistemológico y metodológico posestructuralista, GibsonGraham (2006) exploran la realidad caleidoscópica de la esfera económica, entendida como un ensamblaje de diversas prácticas, valores, saberes y actantes interrelacionados e interdependientes. Reconocen y analizan distintas expresiones económicas que incluyen, pero no se limitan, al capitalismo, y muestran que las formas económicas más o menos alternativas no necesariamente son locales, marginales o remanentes del pasado destinados a desaparecer. De tal modo, cuestionan el universalismo del discurso del desarrollo y de la ontología económica dominante y, simultáneamente, abren espacios teóricos y prácticos que permiten reconocer experiencias y racionalidades económicas poscapitalistas y sustentables (GibsonGraham, Cameron y Healey, 2013; Healy, 2009).

Las discusiones sobre miradas críticas a la economía (alternativas al capitalismo, alternativas al desarrollo) no plantean mirar diferencias de grado (una suerte de economía más dócil), sino diferencias en formas y expresiones de la organización económica que suele ser descrita como poscapitalista (GibsonGraham, 2006) o posdesarrollista (Escobar, 2011). Bajo esta perspectiva, se ha demostrado la importancia de otras economías, que se salen del cerco capitalista. Estas diversas expresiones económicas responden a demandas y necesidades en las afueras del Estado como del mercado (Nanteuil de y Laville, 2014).

Desde una perspectiva sustantivista situada en la realidad empírica latinoamericana, Coraggio, Arancibia y Deux (2010) proponen un conjunto de distinciones que permiten reconocer, más allá de las empresas de capital y de las empresas públicas, la existencia de una “economía popular” conformada por iniciativas o emprendimientos de trabajadores, sus unidades domésticas y las organizaciones específicas que estructuran los procesos naturales y las capacidades humanas para reproducir su vida y fuerza de trabajo. Así también los autores reconocen la existencia de un sector de la economía que se rige interna y externamente por relaciones económicas de tipo solidario, que pueden abarcar de modo híbrido a agencias del Estado, empresas de capital o unidades domésticas y sus extensiones. A partir de estas distinciones, Coraggio, Arancibia y Deux (2010) reconocen un tipo de relaciones económicas cuyo sentido no es el lucro sin límites, sino la resolución de las necesidades de los trabajadores, sus familias y sus comunidades y de la naturaleza, así como la humanización de las relaciones sociales.

Metodología

La investigación adoptó un enfoque epistemológico de tipo comprensivo, considerando que no hay un solo modo de concebir las relaciones y actividades económicas, sino varias definiciones que dependen de los actores, sus historias y sus interpretaciones de la realidad. Así, se planteó mostrar la diversidad económica a través de una tipología de discursos elaborada a partir del análisis hermenéutico de los discursos de informantes claves. Se consideró como población objetivo a distintos actores vinculados al sector de la economía social y solidaria en las regiones de Valparaíso, Maule, Biobío y la Araucanía, construyendo una muestra intencional de 45 informantes claves, a los que se contactó utilizando la técnica de bola de nieve y garantizando una cierta estratificación de la muestra para incluir a tres tipos de actores:

  • Dirigentes y gerentes de cooperativas, redes y asociaciones económicas que se consideran a  mismos parte de la economía social.
  • Directores de fundaciones y organizaciones no gubernamentales (ONG) de escalas nacional y regional que tienen como objetivo la promoción de diversas formas de economía social. Cabe acá un rango amplio de organizaciones, desde la promoción de emprendimiento social, microemprendimiento, asociatividad y certificaciones sociales.
  • Actores del sector público que regulan y promueven el sector.

     La técnica de investigación utilizada fue la entrevista en profundidad, que se enfocó en cuatro grandes temas: (1) caracterizar los valores y estrategias políticas y territoriales de la organización que el entrevistado representa en lo que hemos definido como la epistemología económica de la organización; (2) caracterizar las redes de cooperación que la organización establece; (3) comprender su visión y diagnóstico del panorama general de la economía social y de la economía solidaria en la región; y (4) proyectar deseos económicos sobre el territorio, esto es, el espacio de la imaginación política transformadora. Ahora bien, tanto en el muestreo como en las entrevistas, se mantuvieron ciertos grados de emergencia y de flexibilidad, de acuerdo a las características y particularidades de los rubros y actores económicos en las diferentes regiones de estudio.    

La información fue analizada con las herramientas del análisis de discurso (Fairclough, 1993; Jørgensen y Phillips, 2002; Van Dijk, 2000), desarrollando un procedimiento inductivo por el cual se identificaron las grandes categorías conceptuales trabajadas por los entrevistados. Se identificaron dos tipos de categorías, las primeras en un plano más abstracto, que dan cuenta de objetivos y valores generales respecto de lo económico, y las segundas, en el ámbito de las estrategias concretas donde estos discursos son operacionalizados por las organizaciones entrevistadas. Estas categorías fueron luego organizadas en un campo semántico que da cuenta de sus diversidades y tensiones, cuya formulación también fue inductiva, lo que permite reconocer distintos ámbitos del discurso.  

Resultados

     Objetivos y valores fundamentales que sostienen los discursos

Los actores no perciben la práctica económica como un sistema autorregulado (la economía máquina), sino como un espacio donde es necesario, posible y urgente obtener ciertos objetivos políticos y donde un conjunto de valores debe ser promovidos activamente. Aparece aquí otro paisaje económico, en el cual la simplicidad racional del homo economicus se complejiza por otros criterios de acción y decisión.

Los objetivos buscados por la asociatividad y la organización económica transitan desde elementos muy básicos, como es asegurar la sobrevivencia personal y colectiva, hasta objetivos ambiciosos, como es construir otro desarrollo capaz de redefinir las relaciones entre personas y naturaleza.

i) Subsistencia y sobrevivencia: algunos actores identifican la subsistencia personal y colectiva como el primer objetivo y horizonte por lograr y salvaguardar en mercados que son controlados por grandes empresas. Sobrevivir como actores económicos y como personas se percibe como un logro difícil de alcanzar que solo es posible obtener a través de procesos de asociatividad.

ii) Buen trabajo: aparece un diagnóstico compartido que sostiene que el capitalismo no garantiza retribución laboral justa. Frente a ello, el desafío es generar otra forma de trabajo que permita un buen vivir y superar las condiciones de precariedad. El trabajo digno o la dignidad de la condición de productor o trabajador está presente en un amplio rango de discursos, desde aquellos que lo ven como un derecho, como un reservorio moral —vehículo de dignidad, realización y empoderamiento—, hasta quienes ven en él una fuente de poder popular político.

iii) Empoderamiento: también aparece como una categoría muy transversal que transita desde procesos personales de habilitación y de toma de conciencia para gestionar la propia vida hasta procesos políticos ampliados de construcción de autonomía. Sostener una actividad económica productiva ayuda a los procesos de empoderamiento de las personas en relación con sus prácticas, pero también con la construcción social de los territorios. Lo económico está pensado como fuente de construcción identitaria y como un espacio que permite la vinculación con otros y la construcción de nuevos referentes de comunidad.

iv) Desarrollo: La mayor parte de los entrevistados identifica al desarrollo como una necesidad, pero, al mismo tiempo, como algo que es necesario reinventar, en tanto sus coordenadas están definidas por el crecimiento y la homogeneización económica, todo lo cual está monopolizado por grandes corporaciones. Este desarrollo sería “contrario al desarrollo que tienen la gente que vive acá” (entrevista a mapuche Trekan, 2017); estas palabras reconocen en los procesos locales y sus relaciones socioecológicas un tipo de desarrollo que es necesario comprender, respetar y promover.

v) Autonomía y autogestión: construir autonomía económica y política, personal y colectiva, respecto de los distintos actores que ejercen poder aparece para muchos actores como un objetivo central de las prácticas económicas y de cooperación. Para algunos, se trata de autonomía respecto del Estado y sus redes clientelares; para otros, es autonomía económica frente a la presión del mercado capitalista; y, finalmente, para otros, es capacidad de autogestión para levantar proyectos políticos de transformación.

vi) Buen vivir: aparece reiteradamente como un horizonte de referencia sin una clara definición. La construcción del buen vivir no sigue caminos únicos, sino que es espacio de negociación e intercambio entre distintas visiones, donde la articulación territorial es relevante. Se plantea en oposición a lógicas fragmentarias promovidas desde el Estado y otros grupos de poder y que separan aspectos, como la alimentación, la salud, la educación, etc., lógicas que representan una epistemología de impronta occidental.

Estos objetivos se articulan con un cuerpo de valores transversales, que deben ser garantizados y respetados en la actividad económica:

i) Justicia: noción que preside el discurso de diversas iniciativas o emprendimientos asociados al comercio justo, pero también se entronca con la perspectiva de los pequeños productores que enfrentan mercados desde una condición de asimetría de poder y vulnerabilidad. La noción de justicia o, más bien, de injusticia aborda el orden social, las políticas públicas, entre otros. De este modo, la categoría de precio justo aparece conectada no solo con los resultados económicos, sino con la noción de dignidad del trabajo y de valoración de oficios o formas de vida.

ii) Solidaridad: este valor también aparece definido de modo amplio, transversal y explícito en los distintos discursos analizados y está regularmente asociado a expresiones económicas muy diversas, como el bien común, comercio justo, economía social y solidaria, economía colaborativa consciente, movimientos agroecológicos, etc. Como tal, aparece como una categoría polisémica, cuyos significados son variables según quien la promueva.

iii) Cooperación: es un valor transversal que opera como uno de los principios rectores de estas experiencias y que está presente en las prácticas económicas. Se entiende que moviliza recursos y construye alternativas para la solución de problemáticas particulares a los territorios. En la perspectiva de distintos entrevistados, la cooperación tiene una raíz histórica muy profunda que ha sido invisibilizada por el discurso capitalocéntrico, que promueve la competencia y la superación individual. El valor de la cooperación, en tanto soporte de las prácticas de diversidad económica, se sostiene en su anclaje histórico esencialista, pero también permite comprender la reproducción y sobrevivencia actual de economías que se constituyen en alternativas al capitalismo hegemónico. Desde ahí, lo asociativo también es interpretado como una forma de obtener ventajas en un escenario de competitividad, por lo que pasa a tener un papel más bien táctico, y no como una forma transformadora de entender y construir territorios.

iv) Respeto por la naturaleza y por la reproducción de la vida: está presente en algunos discursos —particularmente, en sectores urbanos preocupados por el consumo y en organizaciones campesinas e indígenas de sectores rurales—, comprendido como condición necesaria y horizonte último de la actividad económica. Lo económico no es solo producción, sino la reproducción ampliada de todos los seres y relaciones de un territorio.   

Este conjunto de valores presente en los discursos de los informantes permite imaginar un deseo sobre lo que se quiere construir económicamente en los territorios. Se trata de principios que sustentan y guían las prácticas económicas, pero que sobre todo buscan subvertir el ordenamiento vigente no solo en su dimensión económica, sino que también en la social y cultural. Proponen una nueva forma de interpretar los territorios, las relaciones intersubjetivas y el vínculo con el Estado. Por lo tanto, es un proyecto de largo aliento que no comienza ni termina con la producción y comercialización de un bien o servicio determinado, por muy local o solidario que este sea, sino que su impacto es más profundo y multidimensional. Por lo mismo, su concreción enfrenta conflictos y obstáculos de gran calado que emergen en las propias prácticas y su cotidianidad, pero también con las condiciones externas adversas determinadas por el modelo económico neoliberal y su legitimación estatal.

Cabe destacar, además, que estos principios están construidos desde una mirada de lo que existe. No hay negaciones ni construcciones desde la carencia. Al contrario, son expresiones de contracorriente propositiva que buscan recuperar ciertos valores del pasado, no de una forma dogmática, sino como potencialidades que están presentes en los territorios y que hay que despertar. La autogestión, la autonomía, la cooperación y la solidaridad son valores que se reconocen en la sociedad chilena y que hoy es fundamental recuperar para la construcción colectiva de un proyecto emancipatorio.

   

 Estrategias económicas reconocidas en los discursos

Al momento de concretar estos valores y objetivos, las estrategias económicas planteadas son de diverso tipo:

i) Microemprendimiento: esta estrategia es amplia, pero controversial. Para algunos actores, esta categoría aparece relacionada con la de empoderamiento y de desarrollo de capacidades propias, y de un proceso de dignificación de la persona, por oposición a la degradación moral que significa ser dependiente de los subsidios estatales. De este modo, el emprendimiento o microemprendimiento representaría una perspectiva que trasciende las necesidades prácticas y se proyecta en el nivel político e ideológico. Sin embargo, para otros actores, el emprendimiento es interpretado como una estrategia más del modelo neoliberal que fortalece la idea de la construcción económica a partir del esfuerzo individual y, por tanto, desenfatiza el esfuerzo colectivo y cooperativo de construcción. Al mismo tiempo, distintos entrevistados aluden al uso inadecuado de esta categoría para legitimar una asignación de recursos asistencialista desde el Estado, que suele no tener un impacto prolongado en el tiempo en los territorios y en sus lógicas económicas.

Es decir, se trata de un ejercicio político redistributivo y no de favorecer otras formas de entender y construir economías. Como se observa, este concepto está en tensión dentro de los discursos, no refiere a una única idea, sino que es expresión de diferencias que se pueden observar en los territorios que van desde una concepción emancipadora hasta una crítica. Para la primera, la idea del emprendimiento puede ser un nicho de oportunidad soportado por las políticas públicas, en cambio, para la segunda, se trata de una estrategia de legitimación del papel de estos agentes y de cooptación de las economías territoriales.  

ii) Articulación de actores e instituciones: la mantención en el tiempo y la proyección de las iniciativas económicas precisan la visibilización de las prácticas, contenidos y la articulación de sus impulsores. Esta articulación y construcción de redes requiere de apoyo institucional y brinda oportunidad de acceso a los mercados. En el primer aspecto, se reconoce como fundamental el apoyo institucional (por ejemplo, el Estado, universidades, municipio, etc.) para sostener el trabajo articulado de las experiencias en el tiempo, y los espacios de intercambios y educación en materias afines. Así también se percibe que la articulación para el acceso a los mercados puede permitir una inserción económica más competitiva y reproducir los valores virtuosos de la cooperación, más allá de los actores que participan en ella. En el plano formativo, las universidades adquieren un papel fundamental, ya que tienen el potencial espacio para incluir estas temáticas por la vía de curricularizar los contenidos, conceptos y estrategias que emanan de estas prácticas económicas y entenderlas como parte del engranaje socioeconómico actual.

iv) Responsabilidad social: esta categoría apunta a tomar conciencia y responder por las consecuencias de nuestras acciones económicas en el contexto del funcionamiento regular de los mercados, siendo un principio de ética económica central para algunos de los entrevistados. Puede reconocerse como principio organizador tanto del comercio justo, que promueve un consumo y producción socialmente responsable; como también un discurso, enfoque y práctica que plantea minimizar los impactos sociales y ambientales de las actividades de empresas y organizaciones. Tratándose de responsabilidad social empresarial, la noción aparece relacionada tanto a estrategias de marketing corporativo como a la posibilidad de que empresas de capital, orientadas por el principio de la ganancia, incorporen criterios sociales y ambientales en su actuar.

iv) Diversificación productiva del territorio: la diversidad productiva de los territorios se construye como un horizonte político para el desarrollo de las economías locales y una condición principal para traducir y comprender las dinámicas y oportunidades que las economías de pequeña escala significan para los territorios. La expresión de esta diversidad transita por varios caminos que permiten dar forma y contenido a las prácticas económicas locales, lo que se traduce en mayores niveles de agrobiodiversidad, saberes múltiples en la producción y en la elaboración de bienes o en la provisión de servicios. Pero también la diversificación comprende la integración de nuevas actividades económicas, como el turismo o el desarrollo de nuevos productos para mercados de mayor alcance.

v) Rescate de lo local, ancestral y tradicional: de la mano de la noción de diversificación productiva territorial, aparece la necesidad de revitalización de tecnologías, oficios y productos locales de calidad, basados en saberes y prácticas ancestrales y tradicionales. En distintos discursos se afirma la relevancia de los saberes, formas de hacer y experiencias locales, que no siempre se comprenden desde afuera. Lo local es un espacio de saberes y oficios —patrimonio cultural— con potencialidad económica y de desarrollo que está en riesgo y debe ser rescatado.

vi) Recuperación de circuitos económicos locales: la diversificación productiva, sea en función de las necesidades locales o de atender nuevos mercados, va asociada con la noción de densificar económicamente los territorios, articulando circuitos territoriales. La cuestión de la comercialización de la producción a pequeña escala es uno de los desafíos transversales que cruza estas prácticas. La superación de esta barrera es necesaria, pero no solo por una cuestión económica, sino porque se reconoce que la transformación de las formas de comercialización puede generar elementos virtuosos que no se pueden reproducir en un modelo convencional determinado por formas de comercialización basadas en la transacción monetaria, y fundamentalmente por la figura del intermediario. Esto es complementado con el tema del consumo responsable, que es entendido, desde los discursos, como una práctica que busca ser resignificada como ejercicio político en el nivel de la decisión individual.

     Por lo tanto, los circuitos económicos de corto alcance permiten la comercialización, pero, además, son una oportunidad para la generación de espacios de diálogo e intercambios de saberes, información y prácticas entre las personas y organizaciones que están desarrollando experiencias económicas locales. En esta dimensión, la noción de recuperar o crear capacidades tecnológicas locales aparece como clave.

vii) Comunidad, comunes y territorio: bajo estas categorías, el territorio es comprendido como entramado socionatural y cultural, por el cual se debe velar. Del mismo modo, el territorio es entendido como un espacio de interacción política y experimentación de prácticas económicas, es decir, como espacio de creación de comunidades. El territorio permite la integración de perspectivas, como la economía del cuidado, economía matrística, economía mapuche o economía solidaria, en torno a la defensa de recursos comunes que aparecen como expropiados por lógicas corporativas privadas (por ejemplo, agua, bosque nativo, pesca, etc.). Para estas lógicas de tipo extractivistas, “el asociativismo, lo comunitario, lo colectivo, lo público es un enemigo a derrotar en esta ofensiva por hacerse con el control de los recursos” (entrevista a dirigente cooperativo, 2017). Entre los comunes mencionados, destaca la necesidad de recuperar la tierra y el agua frente a oleadas privatizadoras.

vii) Comensalidad y reconstrucción de la comunidad: es una categoría menos señalada por los actores entrevistados, pero remite a experiencias fundadas en la consolidación de lazos comunitarios fuertes, con alto énfasis en la autonomía y autogestión de los procesos y cierto desapego de las variables estructurales que inciden en ellos.

Resulta clave, para sostener estas estrategias en el tiempo, el trabajo colectivo y articulado que pueda responder a las necesidades productivas y de comercialización de los territorios, pero también a su gran diversidad en todos los niveles. Conviven dentro de los discursos categorías que parecen antagónicas, como, por ejemplo, la idea del microemprendimiento y la responsabilidad social (estrategias que han permitido o buscan cierto nivel de legitimidad de la economía de mercado), con la idea de rescate de lo ancestral, local y tradicional, interpretadas como un ejercicio de autonomía respecto de las condicionantes de los saberes convencionales.

     Esta diversidad no ha impedido que las estrategias antes descritas apunten fundamentalmente a la promoción de otras economías que rompen con la ortodoxia de la teoría económica estándar. Reconocerlas involucra un trabajo de rescate cultural que releve otras racionalidades, lógicas y saberes; otras relaciones del ser humano con su historia y con la naturaleza. Es necesaria también la construcción de sujeto político, dada la invisibilidad y dispersión actual de prácticas económicas alternativas. Esto ha sido planteado por diversos pueblos originarios de América Latina en relación a principios, como el küme mongen y el “buen vivir”. Desde otra vertiente, Luis Razeto (2011) les llama “semilla para nueva civilización”.  

Discusión

     Mapa de discursos

Las categorías del discurso antes mencionadas (ver apartado sobre “Metodología”) son diversas y algunas de ellas contradictorias, en tanto reflejan tensiones entre los actores de la economía social. Creemos que es posible ordenarlas en dos ejes de tensión: (1) reformatransformación y (2) molarmolecular, que cruzan no solo los discursos, sino también la literatura sobre alternativas económicas

     En cuanto al primer eje, el pensamiento económico crítico ha transitado entre perspectivas regulatorias o reformistas y perspectivas de cuño radical. Las primeras consideran la existencia de problemas sociales, económicos, ambientales, etc. (considerados como externalidad negativa), que requieren la introducción de reformas graduales en el mercado y las formas de gobierno. Al contrario, el enfoque de “transformación” o de “transición” considera que estos problemas son estructurales y se requiere transformar las instituciones vigentes para trascender el horizonte normativo desarrollista y capitalocéntrico. Esta distinción se ha plasmado en la distinción entre “desarrollo alternativo” y “alternativas al desarrollo” (Eschenhagen y Maldonado, 2014; Escobar, 1995; Gudynas, 2014). La primera categoría agrupa una serie de reformas instrumentales que no se apartan de la episteme y de las estrategias vertebrales del discurso “tradicional” del desarrollo. Abre a discusiones sobre el rol de los mediadores (Estado, empresas privadas, entre otros), las políticas de redistribución, los indicadores, el emprendimiento, etc. Las distintas vertientes de desarrollo alternativo (endógeno, humano, sostenible, etc.) dan cuenta de la secuencia de críticarectificación histórica en el proceso de aspiración, donde se modifican algunas dimensiones sin corromper el eje estructural del desarrollo. Para el caso de los discursos que hemos relevado, caben aquí temas como el apoyo al emprendimiento popular y a los encadenamientos productivos, la responsabilidad social —empresarial, de consumo, entre otros— y, en general, aquellas perspectivas que buscan corregir las consecuencias del capitalismo por la vía de introducir componentes éticos y focalizar apoyo a quienes se considera menos favorecidos.

     Las alternativas al desarrollo, al contrario, apuntan a trascender la propia idea de desarrollo con objetivos, valores y estrategias que rompen su cerco (de prisma eurocéntrico y capitalocéntrico). En esta segunda categoría, podemos incluir los discursos de la diferencia y de la transición, que buscan trascender el desarrollo y hacer visibles saberes ocultos o subordinados, provenientes de sectores marginalizados, de movimientos de base que expresan resistencias al status quo y a las reformas, exploran y experimentan vías de transformación. En el caso de los discursos analizados, aparecen aquellos que buscan promover la comunidad autogestionada, la solidaridad, la construcción y recuperación de comunes, y de los circuitos de tierra, trabajo y capital. Hay valores generales, como el empoderamiento y la justicia, que son formulados desde ambas veredas. El empoderamiento es visto, por una parte, como herramienta del emprendimiento y, por la otra, como la construcción de subjetividades transformadoras. En tanto, el concepto de justicia es visto como un atributo correctivo —comercio justo, empresas justas—, como también un valor político fundante para la construcción de nuevas relaciones económicas.

     La tensión molar-molecular está basada en una noción deleuziana de la política, según la cual el deseo es central como movilizador de la vida. El capitalismo codifica el deseo como mercancía para ser consumida; de este modo, no solo se reproduce el capitalismo, sino también se gubernamentaliza el mismo deseo. La expresión de la energía libidinal o deseante tiene dos caras —molar y molecular—, distinción que incluye y trasciende lo macro y lo micro. Lo molar refiere a lo macrofísico, constituido, totalizante y aglutinante; lo molecular, microfísico, constituyente, singularizante, esparcido por el cuerpo social. Molar y molecular coexisten, y su diferencia es de naturaleza y no de dimensión (Deleuze y Guattari, 1988). Lo molar se corresponde con lo “actual”, “constituido”, transversal a grupos e individuos, el nivel macroestructural de las estabilidades y las contradicciones, de las jerarquías y las funcionalidades. Clasificamos en este lado del eje aquellos discursos que apelan a la rectificación y a la transformación de estructuras, ya sea empresariales, de distribución, de clases o de gobierno. Lo molecular habita lo constituyente donde habría que buscar las tendencias de experimentación y las líneas de transformación. Clasificamos aquí aquellos valores y estrategias que apuestan a transformaciones de las subjetividades y las relaciones comunitarias primarias. En las diferencias moleculares no puede hablarse de contradicción ni de oposición, sino de mutaciones, fluidez y fugas micropolíticas: constituyente y transversal respecto de los sujetos constituidos. Entre ambas, hay vasos comunicantes por los cuales lo molecular se actualiza y se hace efectivo; se integra a lo molar en instituciones que lo dotan de estabilidad y fijeza (Deleuze, 2014). Las fugas y los movimientos moleculares adquieren relevancia al pasar por las grandes organizaciones molares y modificar sus segmentos y distribuciones binarias de sexos, clases, partidos (Deleuze y Guattari, 1988). El poder es conversor de lo molecular en molar a través de los ejercicios de normalización, que se basan en el lenguaje y en microagenciamientos (Deleuze y Guattari, 1988).

     De este modo, el primer eje de tensión discursiva permite comprender el alcance del sentido atribuido a una iniciativa, experiencia o emprendimiento económico, desde la simple sobrevivencia hasta la defensa de los derechos humanos o el cuidado de la madre tierra. En tanto, el segundo eje de tensión permite comprender la menor o mayor proyección política asignada a tal iniciativa, experiencia o emprendimiento. El cruce de ambos ejes permite confeccionar un mapa de discursos, situando las categorías en alguno de los cuadrantes generados por este procedimiento, según se muestra en la Figura 1. De este modo, las categorías de discurso pueden reconocerse como pertenecientes a:

  • Discursos basados en una política molecular y reformista: corresponden al cuadrante superior izquierdo de la Figura 1, que da cuenta de discursos de lo alternativo en economía, asociados a la sobrevivencia en el mercado y a estrategias y reformas orientadas a mejorar estas condiciones. Aquí pueden situarse los discursos del “microemprendimiento familiar”, vinculado a la superación de la pobreza y a la inclusión social. También es posible identificar discursos de “resistencia en el mercado”, asociados a la valoración de redes familiares de apoyo o bien a la noción de cooperar para competir, basada en distintos tipos de asociatividad instrumental. En este cuadrante, también aparece el discurso de “discriminación positiva”, basado en la patrimonialización de experiencias. También es posible identificar discursos clientelistas o asistencialistas que expresan la influencia gubernamental en el nivel molecular, en las últimas décadas por la vía de distintos programas de apoyo. En suma, este cuadrante se corresponde con el campo discursivo del “fomento” (Figura 2), donde la apuesta política es articular una red pública y privada de apoyo que permita generar un espacio protegido para el desarrollo de actividades económicas populares y asociativas.
  • Discursos basados en una política molar y reformista: corresponden al cuadrante superior derecho de la Figura 1, que da cuenta de discursos que reivindican la “justicia social” y el “cuidado del medio ambiente” y se orientan por reformas que mejoren las condiciones del mercado para aquellos emprendimientos que integran estos valores en sus prácticas, siendo esto mismo el contenido de lo alternativo en economía. El campo discursivo que hegemoniza esta mirada es la apelación a un comportamiento económico “ético y responsable”, a partir del cual se evalúe la acción de los distintos actores de mercado. Desde esta mirada, los problemas estructurales son, en última instancia, problemas de comportamiento antiético por parte de los actores económicos. Se apela así a la “ética en el consumo” y la “intermediación” —con las herramientas del comercio justo—, la “ética empresarial”, a través de la incorporación de la responsabilidad social en las prácticas empresariales. Distintas actorías gremiales dan cuenta de este tipo de discurso, como también los agentes del comercio justo. En este recuadro, se destaca una evaluación negativa o ambivalente respecto de la posibilidad de desarrollar un sector de la economía social y solidaria, con particular referencia a las cooperativas, y que está anclado en experiencias traumáticas del período de Dictadura y de la posterior transición a la democracia. A modo de correlato, en este cuadrante, lo molar aparece en el discurso como un asunto estatal, cuestión que remite a una historia de intervenciones y reorientaciones estratégicas del tejido económico propuestas desde el Estado y también a una subjetividad que se ha subordinado a estas definiciones.
  • Discursos basados en una política molecular y orientados a la transformación societal: corresponden al cuadrante inferior derecho de la Figura 1 y dan cuenta de discursos que valorizan la comensalidad, la construcción de comunidad a través de prácticas económicas como el consumo consciente, ético, orgánico y la producción/circulación a pequeña escala. Se plantea la transformación socioecológica como horizonte utópico, pero asociado a la práctica de un consumo que reconoce una pluralidad de sentidos (justo, orgánico, sustentable, ético, responsable, etc.). El espacio de transformación no pasa necesariamente por lo institucional y estatal, sino que yace en la reconstrucción de un espacio y ética comunal.
  • Discursos basados en una política molar y orientados hacia una transformación societal: corresponden al cuadrante inferior izquierdo de la Figura 1 y que da cuenta, a modo de ejemplo, de discursos tradicionales de la “economía solidaria y cooperativa”, otros más contemporáneos que podemos definir como ecologistas centrados en el “decrecimiento” o el “buen vivir”. El conjunto de estos discursos tiene como horizonte utópico la construcción de otra sociedad —en sus relaciones entre seres humanos y con el medio ambiente—, por lo que creemos que, más que el ámbito de la resistencia, se articulan en torno a un concepto amplio de “subversión” o construcción de otro orden personal, social e institucional.

Adicionalmente a los cuadrantes definidos por los dos ejes de tensión propuestos, reconocemos un campo de discurso transversal al esquema propuesto y que refiere a la reconstrucción del “espacio local” como ámbito privilegiado de la actividad económica. Lo local aparece como referente y reservorio de saberes y prácticas, tradicionales y reinventadas, que permitirían refundar una ética económica, una práctica comunal y una articulación subversiva.

Reflexiones finales

    La alta heterogeneidad en los discursos presentados permite prever una dificultad importante en términos de la articulación política y de la visibilidad de las diversas prácticas, iniciativas o emprendimientos económicos alternativos como parte de un movimiento de transformación social. Los mapas semánticos presentados muestran que lo social en lo económico es un signo polisémico, para el que no ha habido una definición colectiva del significado de economía social, ya que cada grupo de actores le otorga el sentido que se acomoda a sus intereses. Esta diversidad alberga proyectos políticos muy divergentes: hay actores colectivos que apuestan por una transformación sustantiva del capitalismo/desarrollismo; mientras otros grupos, por correctivas y compensatorias. También existen grupos que apuestan a intervenciones sociales y estructurales, mientras otros focalizan su esfuerzo en procesos de subjetivación, tales como empoderamiento, emprendimiento y construcción comunitaria. Todo ello dificulta las posibilidades de articulación política en redes sostenibles en el tiempo y favorece la instrumentalización de discursos de la economía social por parte de actores ajenos a la historicidad del movimiento.

     Los campos del fomento y de la ética económica y, en menor medida, el campo de lo local mantienen cierta estabilidad en el tiempo; pues han logrado articular sus discursos y prácticas con las necesidades e iniciativas gubernamentales e imagen empresarial. Esto les ha permitido acceder a recursos y a una estabilización institucional. Por el contrario, los campos de subversión y comunidad autogestionaria dependen fuertemente del trabajo político y comunitario de sus actores, lo que afecta su continuidad en el tiempo. Los hace fragmentarios y les dificulta alcanzar estabilidad molar; sin embargo, se construyen —a los ojos de sí mismos y de otros actores— como reservorio éticopolítico del movimiento.  

     Ahora bien, estas distinciones son difusas, variables y pobladas de hibridaciones. En particular, la posibilidad de articularse y recibir recursos por parte del Estado relativiza muchas veces la radicalidad de las posiciones. Convierte aquello que es alternativo al capitalismo en los discursos, en complementario en el nivel de las prácticas.

     Este artículo ofrece un panorama de discursos asociado a una muestra intencional de representatividad por saturación. Este tipo de muestreo y análisis no permite ponderar a ciencia cierta la presencia relativa de cada uno de estos discursos en el campo de la diversidad económica. Queda pendiente el análisis de qué tipo de actores sostienen cada tipo de discursos. Sin embargo, hemos observado una mayor presencia de actores y discursos de tendencia reformista, asociado a la mayor disponibilidad de recursos e inserción de mercado. Como equipo de trabajo creemos que, para construir un campo fuerte de economía social y solidaria, es necesario recoger el reservorio ético y político de las propuestas transformadoras —especialmente las autogestionarias— proyectando su carácter molecular constituyente en procesos de molarización e institucionalización.

Figuras

Figura 1. Panorama de valores y estrategias de los discursos económicos diversos (elaboración propia)

 


Figura 2. Campos de discurso de lo económico (elaboración propia)


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