La economía social y solidaria: un desafío epistémicopráctico[1]

Antonio Mendoza Hernández*

* ProfesorInvestigador, Universidad Autónoma Metropolitana - Iztapalapa (Departamento de Economía, Área de Economía Política). Correo electrónico: amh@xanum.uam.mx. Profesor Titular, Facultad de Economía, UNAM (Academia de Historia y Desarrollo). Correo electrónico: antoniom@economia.unam.mx. Miembro fundador del SeminarioTaller de Economía Solidaria de la Facultad de Economía, UNAM y del laboratorio Feria de Multitrueque el “Fausto”, una moneda comunitaria universitaria.

Artículo recibido: 25/06/2018                             Artículo aprobado: 16/11/2018

MIRÍADA. Año 11, N.º 15 (2019), pp. X-X

© Universidad del Salvador. Facultad de Ciencias Sociales. Instituto de Investigación en Ciencias Sociales. (IDICSO). ISSN: 1851-9431

Resumen

La economía social y solidaria (ESS) puede ser estudiada a través del análisis epistémicopráctico por la necesidad de construir y llevar a la práctica en América Latina estrategias alternativas al desarrollo. Desde esta perspectiva, se destaca la forma en que los economistas elaboran sus conocimientos guiados por la economía neoclásica, el cálculo económico y el individualismo metodológico. Se trata de una ciencia que supone que el comportamiento humano puede ser explicado bajo tres principios: optimización, equilibrio y escasez. El documento busca avanzar en el sentido de la emergencia epistémica que representa el conocimiento producido en las iniciativas de la ESS y la posibilidad de resignificar el saber de la ciencia económica desde la práctica. El desafío es metodológico: hacer teoría en la práctica. Se busca ofrecer una aproximación a una estrategia de enseñanza universitaria a través de una experiencia que sea acompañada por el diseño de metodologías para la práctica de campo. Así se busca relacionar pensamiento y acción desde la ciencia económica. Se concluye que el estudio de la ESS representa una posibilidad que aporta prácticas, experiencia y saberes en la construcción de alternativas al desarrollo propuestas por sus propios protagonistas desde su acción individual y colectiva.

Palabras clave: Economía social y solidaria; Alternativas al desarrollo; Epistemología; Teoría en la práctica; Resignificar el conocimiento.

Abstract

Social and solidarity economics (SSE) can be studied through epistemicpractical analyses because of the necessity of assembling and putting into practice alternative development strategies in Latin America. This perspective highlights the way economists develop their knowledge guided with neoclassical economics, economic calculus and methodological individualism. It is a science that sustains human behavior can be explained based on three principles: optimization, balance and shortage. This paper seeks to advance in the epistemic emergency that represents the knowledge produced through the SSE initiatives and the possibility of resignifying the knowledge of economics science from the practice. The challenge is methodological: making theory in practice. It is to offer a university teaching strategy through experience accompanied with designing methods and field experiences, seeking the way of making possible that thoughts and actions can be related by way of economics science. We conclude that SSE studies can sum practices, experience and knowledge in order to build up alternative development proposals made by its own protagonists from individual and collective actions.

Keywords: Social and solidarity economics; Alternative development; Epistemology; Theory in practice; Resignifying knowledge.

Introducción

La economía social y solidaria (ESS) puede ser vista como un fenómeno socioeconómico en el que se articulan tres dimensiones de análisis epistémicopráctico que dan cuenta de la posibilidad de un nuevo horizonte de sentido histórico: construir y llevar a la práctica en América Latina estrategias alternativas al desarrollo. Desde esta perspectiva, la ESS puede contribuir a un proyecto nacional de transformación y cambio social profundo.

Para abordar el desafío epistémicopráctico de la ESS en la construcción de alternativas al desarrollo, el documento se divide en tres partes que, a su vez, corresponden a sus dimensiones de análisis. En la primera dimensión, se destaca la forma en que los economistas elaboran sus conocimientos guiados por la economía neoclásica. Se trata de una ciencia que supone que el comportamiento humano puede ser explicado bajo tres principios: optimización, equilibrio y escasez. Considerado como homo economicus, el humano es un ser racional que guía su comportamiento bajo el principio de optimización. Desde esta visión, la economía se ha reducido al “oficio de ganar dinero”: su propósito es la riqueza por la riqueza misma. Se considera que los estudios serios, rigurosos y científicos en la ciencia económica se asocian a “producir dinero” por medio del cálculo económico y el individualismo metodológico.

En la segunda dimensión, se busca avanzar en el sentido de la emergencia epistémica que representa el conocimiento producido en las iniciativas de la ESS y en la posibilidad de resignificar el conocimiento de la ciencia económica desde la práctica. La ESS produce y genera saberes y conocimientos desde la práctica y experiencia que se encuentran anclados a un territorio. Se trata de espacios vitales que apuestan a crear condiciones de subsistencia con perspectiva de futuro. En tal sentido, las experiencias de ESS son capaces de ofrecer a la ciencia económica un sentido y una resignificación porque entienden la problemática central de nuestra coyuntura histórica y conocen los problemas que deberían preocupar a los economistas.

Finalmente, la tercera dimensión presenta un desafío metodológico para hacer teoría en la práctica. Se busca ofrecer una aproximación a una estrategia de enseñanza universitaria a través de una experiencia que acompaña el diseño de metodologías, lo cual busca relacionar pensamiento y acción desde la ciencia económica. Se concluye que el estudio de la ESS representa un desafío que aporta prácticas, experiencia y saberes en la construcción de alternativas al desarrollo propuestas desde los protagonistas en su acción individual y colectiva. La ESS es un paradigma en construcción, una teoría desde abajo para construir una conceptualización del desarrollo desde la práctica.

Saber mitológico de la economía convencional

Por más de cuarenta años, la ciencia económica ha estado presa de una manera de generar conocimiento. La economía neoclásica, marginal en sus inicios a fines del siglo xix, no solo ha dominado el pensamiento económico hasta nuestros días, sino que su influencia determinó el comportamiento social y el de otras disciplinas. Es una doctrina que produce ideas a través del libre mercado y de la democracia liberal, fundadas en una gramática económica con modelos estocásticos. Se trata de una ciencia que está pensando realidades sin sujeto (Zemelman, 2004).

La economía neoclásica es una doctrina que no llega a teoría, ya que “no es una ciencia ni un arte, sino más bien una mitología, una creencia común del libre mercado como centro de la eficiencia y de la equidad, que se encarga de privatizar el patrimonio común en beneficio propio” (Laurent, 2016, p. 9). Esto ha reducido a la economía a “justificar científicamente el beneficio al capital y a mostrar la posibilidad de continuidad del sistema económicosocial” del capitalismo (Etxezarreta, 2004, p. 11).

La definición estándar de la economía neoclásica se encuentra en casi todos los manuales de economía, fue publicada por Lord Lionel Robbins (1980) hace más de setenta años en su Ensayo sobre la naturaleza y significación de la ciencia económica. Para Robbins,

el objeto de la Economía es, esencialmente, una serie de relaciones; por una parte, entre los fines concebidos como objetivos posibles de la conducta, y por otra, el ambiente técnico y social. […] La naturaleza de la teoría económica es clara: es el estudio de las consecuencias formales de la relación entre fines y medios […] en la explicación de las manifestaciones de la escasez (pp. 64-65).

Al afirmar la existencia de recursos escasos, se ha querido poner el acento en la necesidad de que esos recursos sean asignados de la mejor manera posible, de forma racional. Lo anterior supone que el comportamiento humano puede ser explicado bajo tres principios: optimización, equilibrio y escasez.

El principio de optimización asume de forma implícita que los agentes (productor y consumidor) son racionales en el sentido de que las decisiones que toman son las mejores, es decir, en el caso del consumidor, este maximiza su bienestar, mientras que el productor maximiza su utilidad en condiciones de equilibrio, lo que supone la existencia de dos modelos analíticos: las expectativas racionales[2] y la hipótesis del mercado eficiente[3] (Kaletsky, 2009). Esta escuela idealista utiliza el individualismo metodológico, que analiza los hechos económicos como procesos lineales, lo que reproduce modelos ahistóricos y descontextualizados sin conexiones culturales y centra su estudio en el individuo a partir de sus conductas económicas, aislado de la historia.

El supuesto del equilibrio de la teoría convencional es la existencia de un mecanismo de ajuste que establece un precio el cual, al satisfacer a los consumidores y productores, supone que no existen excedentes en el mercado, lo que determina un precio y una cantidad de equilibrio que siempre reflejaría un conocimiento perfecto y armónico del mercado por parte del consumidor y productor. De este modo, la teoría se somete a la verificación posterior: se contrasta lo que dice esta con el comportamiento empírico del agente económico para comprobarla o falsearla. Se trata de la falsabilidad del método hipotéticodeductivo, donde el proceso va de la teoría a los hechos[4] (Lora, 2017).

La escasez presupone dos postulados: 1) los medios son escasos, y 2) es la escasez la que hace necesaria la elección. Así, las elecciones de las personas son guiadas por situaciones de escasez, en las que todo acto económico es reducido a la asignación de recursos limitados con fines alternativos. Se considera desde el establishment de la academia y de la investigación que la esencia de la economía es la asignación de recursos y, por tanto, el estudio de los problemas es la escasez. Escasez y elección son dos conceptos clave en la definición de la ciencia económica convencional, y ellos se transformaron en los fundamentos del interés de la economía desde la Gran Depresión del siglo pasado hasta nuestros tiempos.

Desde ese tiempo, la economía es reducida a la unidimensionalidad (Passet, 2005), a la elección racional del comportamiento humano entre unos fines dados y medios escasos que tienen usos alternativos. Se trata de una teoría sin sujeto, de un mito económico donde la economía pasa a ser “una rama de la teología compuesta de meros conjuros” (Robinson, 2004, p. 27). Desde esta construcción del conocimiento, el economista no duda, sino cree en actos de fe.

La definición estándar de la economía neoclásica se asocia al pensamiento dominante que no dice nada sobre cuáles fines y cuáles medios; sin embargo, parece familiar por su simplicidad, la cual acompaña las creencias que se manifiestan en nuestra vida cotidiana y guía la enseñanza universitaria. Las facultades de economía reproducen los mitos económicos al transmitir una cultura de mercantilización del conocimiento y del acceso al conocimiento. En tiempos de una sociedad de consumo, para la que el conocimiento es una mercancía, un “producto concedido para ser consumido instantáneamente, en el acto y por única vez”, haciendo que el conocimiento “pierda su significación tan pronto como fue adquirido” (Bauman, 2007, p. 46).

Es la educación en la época de la modernidad líquida, del conocimiento para “usar y tirar”, que ha abandonado la noción de conocimiento como verdad útil para toda la vida (Bauman, 2007). El economista, convertido en un consumidor del conocimiento, adquiere una economía instantánea de utilidad pasajera y reduccionista que toma al progreso como ideología. Este tipo de economista instaló el crecimiento económico en el corazón del funcionamiento social, para luego asimilar al mercado como autorregulador de la dinámica económica, sin detenerse a pensar en el conocimiento y su pertinencia dentro de una economía de mercado. Se trata de una economía de la sabiduría convencional.

Para John Kenneth Galbraith (2004), desde hace cuarenta años, el dominio de esta sabiduría convencional ha generado el fraude inocente en la ciencia económica. La economía del fraude inocente consiste en la repetición de dogmas económicos que se propagan como actos de fe y se convierten en creencias establecidas. Así toman forma en enseñanzas económicas por medio de manuales en las aulas universitarias que producen un “conocimiento de la ceguera” que fomenta el error y la ilusión[5].

Quedó en el pasado la idea del economista como un “filósofo de la vida material”, preocupado por nuestra vida y  nuestro trabajo (Heilbroner, 1982, p. 4; 1989, p. 13). La ciencia económica se ha reducido “al oficio de ganar dinero”. El propósito de la economía es la riqueza por la riqueza misma, es decir, se considera que los estudios serios, rigurosos y científicos se asocian a “hacer dinero” por medio del cálculo económico. La ciencia económica se ha reducido al calculo económico a la crematística (Polanyi, 2014; Arruda, 2010). Bajo esta perspectiva, el resultado es un economista sin preocupaciones sociales, sin un sentido social de la economía.

A diferencia de la economía convencional, el entendimiento de la economía social y solidaria (ESS) puede contribuir a ubicarnos en el momento histórico que estamos viviendo y puede colocar al economista ante las circunstancias de los “problemas globales y fundamentales” para apuntar desde ahí “conocimientos pertinentes, parciales y locales” (Morin, 1999, p. 1). Desde el entendimiento de la ESS, se trata “de pensar a la economía como un sistema complejo de relaciones” en donde la misma economía está incluida (Passet, 2005, p. 132).

Conocimiento en la economía social y solidaria

La ESS introdujo al debate público las nociones de utilidad social y de interés colectivo que contravienen a la definición dominante de la economía. Pues la ESS construye desde la práctica, desde la acción colectiva de sujetos sociales que toman en sus manos su historia, su destino, con sus deseos, intuiciones y su perspectiva de futuro para la construcción de lo común (Santiago, 2017). Se trata de una multiplicidad de iniciativas, acciones particulares y locales que se oponen a la lógica de la explotación, ganancia, acumulación, lucro y concentración de la riqueza del modelo de economía dominante; y cuyas lógicas instrumentales privilegian la eficiencia en la maximización del beneficio.

La ESS[6] puede definirse como un conjunto de prácticas económicas, es decir, de actos de producción, comercialización, consumo y crédito que persiguen la satisfacción de necesidades en vez del lucro. La producción de bienes y servicios responde a otra lógica: no está decidida en función de las perspectivas de ganancia, sino a partir de su carácter apropiado a un bien común. Se destaca la experiencia de nuevas formas de organización del trabajo que se rigen por valores de cooperación, solidaridad, reciprocidad y sostenibilidad (Laville, 2016). Son, a la vez, experiencias de sustento y esperanza. A través de cómo las iniciativas de la ESS resuelven sus necesidades, está implícita su visión de futuro, en el sentido de que sus prácticas buscan la resolución de sus necesidades y no maximizar el beneficio, priorizan el desarrollo de la vida de todas las personas y de la naturaleza reproduciendo la vida ampliada (Coraggio, 2016).

De tal forma, se puede cuestionar: ¿Estamos ante la constitución de un nuevo modelo de economía? ¿Podría contribuir la ESS a la construcción de alternativas al desarrollo? Para responder estos cuestionamientos y avanzar, es necesario indagar acerca de la emergencia epistémica que representa la ESS, es decir, la manera de producir y elaborar saberes y conocimiento desde la práctica y experiencia.

Las prácticas de la ESS representan iniciativas emergentes de pequeña escala que nos permiten descubrir sus potencialidades como portadoras de futuro con ideas nuevas y pensamientos propios desde su historia, sabiduría y conocimiento. Su sentido de civilización es capaz de ofrecer al mundo una alternativa a la economía convencional y a su desarrollo porque entienden la problemática central de nuestra coyuntura histórica y conocen los problemas que deberían preocupar a los economistas.

Para captar estas nuevas ideas, es necesario contar con un conocimiento nuevo. Para pensar en las opciones, hay que tener un pensamiento alternativo que complemente y combine lo amplio y profundo, lo teórico y práctico, lo crítico y constructivo, el pensamiento y la acción (Razeto, 2013). Necesitamos un conocimiento que nos ayude a comprender lo que es realmente útil. Un conocimiento que comprenda las realidades profundas de los pueblos, capaz de aprehender a los sujetos en sus contextos y complejidades, “que permita captar las relaciones mutuas e influencias recíprocas entre partes y un todo en un mundo complejo con la ayuda de un pensamiento organizador que separa y que une” (Morin, 2015, p. 77). Es necesario un cambio de paradigma en la ciencia económica que nos permita un proceso de recuperación de la epistemología emergente que representa la ESS.

Para avanzar en tal sentido, recuperamos las contribuciones de tres autores: Edgar Morin, Karl Polanyi y Hugo Zemelman. Morin (2015) recomienda que, para reconstruir un cambio de paradigma, es necesario un cambio en la manera de producir conocimiento, en el modo de concebir el conocimiento científico. Siguiendo esta recomendación, es necesario que los economistas incorporemos una reflexión epistemológica sobre la ciencia económica. Polanyi (2014) y Zemelman (2004, 2011) nos ofrecen una posibilidad para abordar lo anterior: el primero, con la diferencia entre lo económico y la economía; y el segundo, con la necesidad de distinguir entre un pensamiento teórico y un pensamiento epistémico. El desafío es epistémicopráctico sobre la manera de conocer y construir conocimiento de aquello que no se conoce, esto es lo que representan las experiencias de la ESS en la ciencia económica, y no de aquello que se conoce y que se encuentra establecido en la economía convencional.

Para Polanyi (2014), lo económico es la historia de los hechos, son los hechos cotidianos de vida y sustento para reproducir la vida. Esta definición presupone una realidad que es construida y que reclama un pensamiento epistémico. Para el pensamiento epistémico, en la observación de los hechos de lo económico deben surgir las preguntas que aparecen como una forma de hacer conocimientos, de producir conocimiento a partir de problematizar la realidad. Para Zemelman (2004, 2011), la atención de la observación del investigador para elaborar lo que se pregunta debe de priorizar lo que subyace; es decir, es en las formas emergentes de lo que está dándose en la realidad, en el hecho económico, lo que nos permite construir un conocimiento que nos muestre posibilidades distintas de sociedad. Para el economista, representa, además, la exigencia de una postura ante realidades concretas: políticas, económicas y culturales. Es incorporar al pensamiento el momento histórico en que se ubican las preguntas (Zemelman, 2004, 2011).

Mientras la economía sea considera como la historia de las ideas y se asocie al debate teórico sobre una realidad concreta, surgirá una dificultad. Pues toda teoría fue construida en realidades que son dinámicas; de tal manera que, muchas veces, utilizamos conceptos acuñados en otros contextos, y la academia los repite sin revisar debidamente si están dando cuenta de realidades concretas. Por esta causa, se produce un pensamiento teórico a partir del debate de las ideas de la economía. Aquí la realidad se define en función de exigencias conceptuales, por lo que se produce un desajuste, existe un desfase entre corpus teórico y la realidad denotada (Zemelman, 2004, 2011).

Como se señala anteriormente, la economía necesita un cambio de paradigma que le permita recuperar el conocimiento que subyace a las experiencias de la ESS. En este sentido, lo económico visto desde un pensamiento epistémico puede colocar a la ciencia económica en la búsqueda de generar otro tipo de conocimiento. Para redondear la idea de un cambio de paradigma en la ciencia económica, nuevamente Polanyi nos ofrece una posibilidad, esta vez, desde el sentido sustantivo del hecho económico.

Para Polanyi (2014), es necesario volver al sentido sustantivo del hecho económico, que “tiene su origen en la dependencia en que se encuentra el hombre con respecto a la naturaleza y a sus semejantes para conseguir el sustento. Remite al intercambio entre hombre y su entorno social y natural” (p. 187). Entonces la economía “trata de una actividad multidimensional, de la que ningún elemento podría ser aprehendido independientemente de los otros” (Passet, 2005, p. 127). Tres aspectos pueden ser distinguidos en esta definición desde lo multidimensional: 1) la referencia a la materialidad como sustento de vida; 2) la interacción entre hombres y naturaleza como relaciones de interdependencia; y 3) el proceso de institucionalización a través del cual toma forma la economía real y la historia de las ideas (Laville, 2016, p. 103). Lo anterior puede guiarnos en un nuevo paradigma en la ciencia económica que parta de las prácticas de la ESS hacia la teoría.

El enfoque sustantivo del hecho económico “pone en evidencia que las interacciones sociales y las interdependencias con la naturaleza son constitutivas de las actividades económicas que toman cuerpo por medio de una construcción institucional” (Laville, 2016, p. 105). Se trata de lo que Polanyi llama encastramiento de la dimensión económica en la actividad humana de producción y distribución de la riqueza, “lo que tiene como objetivo socializar el mercado, es decir, inscribirlo en un conjunto de reglas elaboradas a partir de un proceso de deliberación política” (Laville, 2016, p. 113). El enfoque sustantivo del hecho económico privilegia las prácticas dependientes de los sujetos, en sus interrelaciones humanas y del hombre con la naturaleza. Es necesario perfeccionar una estrategia metodológica desde un pensamiento epistémico, centrado en los protagonistas de la ESS, para poder apreciar la actividad humana desde el punto de vista del sujeto en sus interrelaciones y dependencias.

Haciendo teoría en la práctica

De acuerdo con Sánchez (2013), “la teoría solo existe por y en relación con la práctica, ya que en ella encuentra su fundamento, sus fines y criterio de verdad” (p. 279). Sin embargo, hay dos dificultades importantes al hacer una teoría en la práctica de la ESS. Una se encuentra en la carencia de sistematización detallada de sus iniciativas y experiencias que nos permitan iluminar —desde la reflexión de sus prácticas— la realización de balances reales. Lo anterior nos arrojaría elementos para elaboraciones teóricas que, al tiempo que nos permitan la comprensión de su contexto histórico, reconozcamos su tiempo, fuerza, desafíos y alcances.

La otra dificultad se encuentra en la reflexión académica, “sobre los encargados de validar análisis y conceptos” (Zibechi, 2017, p. 67). En los centros de estudios

existe una continuidad y casi exclusividad de carreras de economía basadas en las teorías que sustentan ideológicamente el programa neoliberal. Lo anterior no es un problema exclusivo de las licenciaturas de economía. Este patrón se extiende al conjunto de las carreras profesionales colonizadas por el neoliberalismo economicista (Coraggio, 2016, p. 36).

Son cursos universitarios que en la enseñanza privilegian la investigación de una economía convencional que estudia una realidad sin historia, sin sujetos y sin relaciones sociales. Para Raúl Zibechi (2017), “es una manifestación del colonialismo en la investigación académica” (p. 68).

Sin embargo, existen ejemplos de centros educativos que disputan la hegemonía y mercantilización de la docencia e investigación y, con ello, desafían la costumbre dominante en la enseñanza universitaria[7]. Se trata de experiencias curriculares y extracurriculares que relacionan la teoría, la investigación empírica, la docencia y las prácticas[8] que buscan vincular directamente a los universitarios y las mismas universidades con los actores de la ESS, y así construir relaciones de conocimiento y militancia.

Sobre la ESS se necesita realizar un trabajo analítico que articule sus realidades concretas y sus necesidades primarias con la reflexión sobre las interpretaciones teóricas y sus experiencias históricas. Para lograr lo anterior, es posible “recurrir al método etnográfico de la interpretación, es decir, reconstruir la teoría implícita en las prácticas y distinguir entre niveles, y así diferenciar cómo usan los conceptos los actores, tanto en función de sus usos y prácticas” (Collin, 2012, p. 295).

La etnografía[9] representa un conjunto de “técnicas que capacitan al economista para observar de forma sistemática la realidad económica. Saber observar metódicamente al mundo” (Furtado, 1966, p. 116). La etnografía es, entonces, el saber observar al mundo real para comprender el hecho económico desde la perspectiva de sus actores sociales. En consecuencia, podría capacitar al economista en formación para identificar “el cómo” para los actores, conociendo los objetivos, medios y recursos necesarios que utilizan los protagonistas de las experiencias de la ESS para producir su vida y resolver sus problemas. Esto representa la posibilidad de generar un conocimiento basado en la acción del sujeto. Es investigar con y a partir del sujeto, para preguntar y formular el problema para resolverlo. Consiste en un aprender a aprender haciendo (Razeto, 2013).

Una manera de avanzar en el desarrollo de una teoría desde la perspectiva del sujeto es a través de la resolución de sus problemas prácticos, es decir, es en sus estrategias de reproducción donde eventualmente aparecen problemas y cuestiones por resolver. Es en este contexto donde deberíamos plantear los problemas de investigación y el nexo entre el pensamiento y la acción.

Un ejemplo de lo anterior puede encontrarse en las experiencias de la ESS, en su aporte epistémico, como generadoras de un conocimiento articulado con la práctica y con todas las dimensiones de la vida. Aquí intervienen deseos, valores, voluntades, emociones, imaginación, intenciones y utopías. La ESS nos ofrece ambientes de pedagogías de aprendizaje que acompañan y guían su vida económica. Se trata de pedagogías que animan el pensar desde y con racionalidades, conocimientos y prácticas distintas. Ejemplo de estas es la manera en que producen su sustento estos protagonistas: “lo que se produce no son ya factores de producción combinados, sino estructuras integradas en red que producen información a partir de su relación e interdependencia” (Passet, 2005, pp. 129-130).

Por ejemplo, los protagonistas de las ESS, en algunos casos intervienen directamente en la elaboración de sus alimentos y en sus hábitos de consumo. Generalmente, estas experiencias se establecen en condiciones de biodiversidad, en relación directa con la naturaleza donde la tierra y el trabajo adquieren un carácter distinto. Cuando la persona se relaciona con plantaciones como la milpa, la tierra se convierte en generadora de vida y adquiere un significado profundo en su cultura (Santiago, 2017). Las iniciativas de la ESS son portadoras de nuevos modos de pensar y de actuar, de nuevas formas de hacer economía, política y cultura.

Desde esta praxis, los protagonistas de la ESS se reconocen en sus productos, en su actividad y en las relaciones que tienen con los demás en la elaboración de ese producto. De esta forma, su trabajo, como actividad humana creadora, produce a su vez nuevas relaciones, en las que él es también producido. En pocas palabras: los protagonistas de la ESS son un sujeto social en proceso que produce socialmente y que en ese proceso se produce a sí mismo.

Otro ejemplo es el análisis de las asociaciones, cooperativas, mutuales y los emprendimientos. Se trata de experiencias productivas autónomas en manos de los trabajadores y sus familias, donde los medios de subsistencia son de su propiedad, por lo que son gestionados de manera colectiva, se organizan de forma horizontal y democrática, y, generalmente, tienen un compromiso social.

En estos ejemplos, se produce un saber propio, pues se trata de un conocimiento producto del hacer colectivo que nos proporciona el sentido de su existencia y confirma la ESS mediante su acción. El desafío es desarrollar una teoría desde abajo para construir una conceptualización desde la práctica. Su propósito es el de reconstruir la teoría implícita o ciencia endógena en las experiencias de vida y trabajo (Collin, 2012). Sobre la base de los conocimientos empíricos del saber tradicional, están acumulados los conocimientos teóricos.

Ahora, en la satisfacción de las necesidades prácticas de la ESS, ¿el conocimiento teórico y el saber ancestral en qué coinciden?, ¿qué proponen?, ¿qué los une y qué los separa? Las preguntas rebasan los propósitos de este escrito, sin embargo, optamos por un conocimiento articulado para que, mediante un proceso de combinación y complementariedad, resulte una nueva estructura de conocimientos que se organizan bajo la lógica y componentes ancestrales y teóricos de la ESS.

La ESS, como una sociedad en movimiento, ha avanzado en deconstruir conocimientos y formar los propios, buscando elaborar de manera colectiva y comunitaria sus ideas y pensamientos. Representa, en tal sentido, escuelas y laboratorios sociales para acumular experiencia y ensayos en la construcción de otra economía (Zibechi, 2017). En estos laboratorios, se destacan aquellos procesos de economía sustantiva cuyas prácticas en la producción para el autoconsumo, en la generación del excedente, en la gestión de sus recursos propios, en las iniciativas de ahorro y préstamo, en la transformación y en la comercialización de sus productos, se realicen estableciendo lazos de solidaridad que ponen al ser humano como sujeto y finalidad de la actividad económica, en una lógica de actuación relacional.

La ESS: un desafío epistémicopráctico. Un estudio de caso

En esta última sección, se ofrece una propuesta para resolver el desafío epistémicopráctico en el contexto de la búsqueda de alternativas al desarrollo. Una alternativa al desarrollo reclama una distinta racionalidad económica cuya comprensión exige nuevos conceptos y la propuesta de otra economía. Desde una experiencia en la docencia e investigación, se buscan respuestas en la práctica, en aras de construir una metodología para un nuevo lenguaje y para otra economía.

Se trata de una experiencia experimental y de aprendizaje que durante once años se ha desarrollado en las aulas de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)[10], intentado cerrar el abismo entre teoría y práctica, al tiempo de acercarse a otro tipo de economía. El objetivo es interactuar con modos de vida alternativos al desarrollo conociendo y aprendiendo de los emprendimientos de la ESS como experiencias pedagógicas. La pedagogía va más allá de un sentido instrumentalista de la enseñanza y de la transmisión del saber: rescata el aporte epistémico de las iniciativas de la ESS como pedagogías de aprendizaje, desaprendizaje, reaprendizaje, reflexión y acción. Las pedagogías, en ese sentido, son las prácticas, estrategias y metodologías que se construyen en su diario vivir (Walsh, 2014).

El trabajo que se realiza en el aula se complementa con el trabajo de campo y práctica de investigación en economía solidaria[11]. El propósito es ampliar la mirada para producir nuevos conceptos y conexiones explicativas sobre la base de los presupuestos teóricos iniciales, reformulados y enriquecidos por categorías de los actores y sus usos contextualizados en la vida social. Desde 2009, visitamos emprendimientos y experiencias de la ESS[12]. En 2016, realizamos una práctica de campo con estudiantes de la Facultad de Economía de la UNAM para conocer la Cooperativa Unidad Desarrollo y Compromiso (UNDECO) en la comunidad de Anenecuilco, en el estado de Morelos, México. Nació el 17 de noviembre de 2001 como una cooperativa de ahorro y préstamo y fue evolucionando hasta convertirse en una cooperativa integral, la única conocida hasta ahora en México (López y Marañón, 2013; Rubio, Marañón y López, 2013; Rubio y Rubio, 2014).

En México, la legislación no reconoce las cooperativas integrales. La Ley de la Economía Social y Solidaria (2012, art. 4) solo reconoce a las cooperativas por actividad económica, por lo que UNDECO representa una ruptura tanto en la concepción como en la práctica predominante del cooperativismo en este país. A partir de 2001, el proyecto integral ha avanzado: “UNDECO cuenta con diversas secciones: administración de salarios y ayuda mutua (ahorro y préstamo), consumo, salud alternativa, producción orgánica y comercialización en conjunto” (Rubio y Rubio, 2014, p. 184).

En 2003, avanzó en la integralidad del proyecto. La sección de ahorro y préstamo se integró con la de abasto y consumo —de acuerdo con los socios— “para que los ingresos de los socios tengan mayor poder adquisitivo a través de compras al por mayor, de modo que se utilicen mejor los escasos ingresos existentes en cada familia” (López y Marañón, 2013, p. 36). En 2004, se integró la sección de salud homeopática, con la que se pretende que la gente se vaya educando en la prevención de las enfermedades y no en el combate, se trata así de impulsar una salud preventiva (López y Marañón, 2013). Finalmente, “Truequio es nuestra cooperativa para la comercialización de hortalizas, que fue fundada en 2011. Esta experiencia nos permitió conseguir financiamiento para instalar una cámara de refrigeración y un centro de acopio” (López y Marañón, 2013, pp. 36-37). Además de impulsar un cooperativismo integral, UNDECO “se plantea como una opción de vida, postula otra concepción de las relaciones sociales, otro lenguaje y otras significaciones sociales para las prácticas cooperativas” (Rubio, Marañón y López, 2013, p. 167).

Además del enfoque integral,

Undeco se caracteriza por tener autonomía respecto al Estado y partidos políticos, para mantener su independencia y poder dirigir los destinos de la cooperativa a partir de las decisiones de los socios. Se lucha por mantener esa autonomía y construir el proyecto con recursos propios, tomando en cuenta la experiencia de los pioneros de Rochdale, quienes a partir de sus propios recursos iniciaron su proyecto (Rubio y Rubio, 2014, p. 183).

Para 2014, la organización contaba con 1400 socios mayores de edad y 577 niños, así como 8 trabajadores administrativos en su sección financiera y 25 socios en su sección productiva. La mayoría de sus socios proviene de la comunidad local. Su objetivo es representar una alternativa en dos sentidos: por una parte, para que los socios resuelvan sus necesidades inmediatas, incluidos “sus problemas económicos en la vida cotidiana” (Rubio y Rubio, 2014, p. 183); y, por otra, desde lo local, conformar una propuesta de transformación social en la construcción de una nueva sociedad con nuevas prácticas cooperativas, un nuevo lenguaje y otras significaciones sociales que vayan construyendo uno nuevo sujeto social.

En la práctica cotidiana, la cooperativa de ahorro y crédito UNDECO utiliza otro lenguaje para nombrar a las actividades financieras. Por ejemplo, en lugar de “ahorro”, en UNDECO se habla de “administración de salarios”; en lugar de “préstamo”, se refieren a “ayuda mutua”; tampoco se habla de tasa de interés, sino de “cuota de sostenimiento”.

El que se utilice administración de salarios en lugar de ahorro responde al hecho de que el cooperativismo es un movimiento de los trabajadores, y éstos lo único que poseen es un salario una fuente de ingresos propia que no proviene de la explotación de otros (López y Marañón, 2013, p. 38).

Respecto a los préstamos,

el uso del término ayuda mutua se explica porque se considera que se trata de una suma de voluntades, es la solidaridad lo que va dando cada uno de los asociados para apoyar a algunos compañeros. UNDECO ha establecido una cuota de sostenimiento, que no es tasa de interés, para cada ayuda mutua, que es de 1.5% mensual, y lo recaudado se destina al sostenimiento de la organización (Rubio y Rubio, 2014, p. 186).

En la Figura 1, se trata de esquematizar la integralidad del proyecto UNDECO y los valores que cruzan el comportamiento cotidiano de las prácticas cooperativas, donde la “racionalidad económica no mercantil de la cooperativa es porque las cooperativas no tienen fin del lucro” (Rubio y Rubio, 2014, p. 186). Este estudio de caso deja ver que la ESS ofrece a los economistas en formación una opción de profesionalización y una posibilidad de proyecto de vida. Nuestra visita a UNDECO representó la posibilidad de resignificar la ciencia económica desde la práctica. Pudimos apreciar allí un proyecto integral que construye otra economía desde la experiencia, resignificando conceptos con una racionalidad distinta.

UNDECO no solo representa una alternativa económica, sino de otro desarrollo, una alternativa al desarrollo. En términos de Eduardo Gudynas (2012), las alternativas al desarrollo apuntan a generar otros marcos conceptuales, explorar otros ordenamientos sociales, económicos y políticos de lo que veníamos llamando desarrollo en el contexto latinoamericano[13]. Una alternativa al desarrollo es poder “controlar nuestras propias condiciones de vida” (Razeto, 1997, p. 141), “recuperando el dominio sobre la vida propia” (Latouche, 2009, p. 78) para realizar el arte de nuestras potencialidades (Arruda, 2010). Las alternativas al desarrollo representan opciones abiertas y en construcción, con múltiples tensiones y contradicciones que deben alimentarse de aportaciones teóricas diversas y de las propias experiencias, en ese sentido representan un desafío epistémicopráctico.

Conclusión

En la ESS existen experiencias de organización solidaria que buscan generar, desde la vida cotidiana, una alternativa al desarrollo. Como ejemplo, la cooperativa UNDECO, a partir del trabajo cotidiano y tomando como punto de partida las necesidades de los socios, ha ido construyendo un proyecto en dos sentidos: como alternativa cotidiana y como una posibilidad de una nueva sociedad.

Para la ciencia económica, en su labor de academia e investigación, conocer las experiencias de la ESS representa dos verdaderos desafíos. En un sentido, encarnan el reto de generar condiciones para la producción de conocimiento dirigido a la transformación de la vida de los grupos, organizaciones y colectivos que conforman a la ESS en función de sus saberes, pensamientos, valores, emociones y utopías. En otro sentido, se requiere de programas de planes de estudio universitario que orienten una formación de investigadores interdisciplinarios para el desarrollo del conocimiento transdisciplinario.

Es de vital importancia estimular la investigación en el trabajo de campo, ya que la práctica y la experiencia de la ESS en su ser sujetos contienen en sí mismas alternativas que pueden transformar a un sistema en crisis, si se recurre a su historia, a su cultura y a su testimonio de sentido de comunidad. Siguiendo a Jorge Santiago (2017), las iniciativas y experiencias de la ESS representan el elemento celular que contiene la potencialidad de algo nuevo, de algo transformador que ya está, pero todavía no es visible. Es lo que aparentemente no está manifestado. La invitación es a estar atentos a esto que está ahí, pero invisibilizado: otro tipo de economía y sociedad.


Tablas y figuras

Figura 1

Fuente: Elaboración propia


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Notas


[1] Quisiera agradecer al apoyo del Programa de Apoyo a Proyectos de Innovación y Mejoramiento de la Enseñanza (PAPIME) de la DGAPA-UNAM titulado “Herramientas teórico-prácticas para la enseñanza-aprendizaje de enfoques heterodoxos de economía monetaria y desarrollo: finanzas solidarias y monedas sociales” (PE303318). También agradezco los valiosos comentarios y observaciones de los dictaminadores anónimos que, sin duda, mejoraron la versión final del documento.

[2] Se refiere a que la conducta es guiada por la mejor proyección o pronóstico posible a partir de toda la información disponible.

[3] La hipótesis del mercado eficiente sostiene que los precios reflejan toda la información conocida.

[4] Esto supone que la observación está guiada por la teoría. Para Jorge Lora (2017), Karl Popper sostiene que las teorías científicas surgen de problemas previamente formulados y que están validadas por el recurso empírico, con el que se contrastan, para su triunfo o fracaso. La falsabilidad es convencional, así como la base empírica —proposiciones que vinculan la teoría a la experiencia y que sirven para controlarla—.

[5] El resultado es la formación de economistas tecnocráticos “abstraídos de las condiciones sociales, históricas, políticas, ecológicas, inseparables de las actividades económicas”. La economía “es la ciencia social matemáticamente más avanzada [y] es la ciencia social y humanamente más atrasada” (Morin, 1999, p. 17).

[6] Existe un consenso en sostener que el concepto de economía social y solidaria es polisémico y que responde a realidades situadas. En las últimas décadas, el concepto ha tomado forma como fruto de los debates que se están suscitando en torno de sí y de las nuevas prácticas económicas que se están extendiendo, cada vez con más fuerza, en numerosas partes del mundo. Existe una gran diversidad y heterogeneidad entre las iniciativas y experiencias que se considera forman parte de la ESS, las cuales responden a contextos históricos, políticos y geográficos en los que han surgido y a la diversidad también de las tradiciones en las que se insertan. Para un acercamiento a las principales corrientes, enfoques y debates contemporáneos, se puede consultar a Guerra (2010), Laville (2016) y Santiago (2017). El presente trabajo es parte de este proceso continuo de discusión y debate; por lo que tiene como objetivo aportar algunos elementos que permitan ubicar a la ESS desde la región latinoamericana con un análisis epistémicopráctico para pensar en alternativas.

[7] Existen varios ejemplos. El más representativo es el que surgió en la primera década del siglo xxi conocido como la economía posautista, economía crítica y crítica de la economía (http://www.economiacritica.net/?page_id=39). Existen otros que, de manera organizada, recuperan otros enfoques de la economía: Economistas sin frontera (https://ecosfron.org/), Jornadas de Economía Crítica (http://jornadaseconomiacritica.blogspot.com/) y Economistas Aterrados (http://personal.us.es/lhierro/Luis_Angel_Hierro/Principal_files/Manifiesto%20de%20economistas%20aterrados.pdf ), entre otros.

[8] En la última parte de este escrito, se compartirá un ejemplo de esta experiencia construida desde la Facultad de Economía, UNAM (México). Se trata del SeminarioTaller de Economía Solidaria, FEUNAM, construido de manera extracurricular y que abre sus sesiones cada inicio de semestre desde hace once años. Se puede consultar: https://seminariotallereco.wixsite.com/misitio/videos; y, sobre sus actividades: https://www.youtube.com/channel/UCMMNxK3SG20bWJNxwLNC5Vg.

[9] Para Rosana Guber (2015), la etnografía tiene una triple acepción: enfoque, método y texto. Como enfoque, “constituye una concepción y práctica de conocimientos que busca comprender los fenómenos sociales desde la perspectiva de sus miembros y no pretende reproducirse según paradigmas establecidos, sino vincular teoría e investigación y favorecer así nuevos descubrimientos”. Como un método abierto “la etnografía es el conjunto de actividades que suelen designarse como trabajo de campo y cuyo resultado se emplea como evidencia para la descripción en el sentido de una interpretación” y como texto “se presenta generalmente como una monografía y por escrito donde se intenta representar o traducir una cultura o determinados aspectos de una cultura para lectores que no están familiarizados con ella” (pp. 15-22).

[10] Para ahondar un poco más en esta experiencia, puede consultarse el artículo de Valadez, C.; Martínez, E.; Mendoza, A. y Montoya, V. (2014), “Una experiencia de enseñanzaaprendizaje en la Academia de Investigación y Análisis Económico (INAE) de la Facultad de Economía (FE) de la UNAM, en el marco del desafío epistémicopráctico de otras economías”.

[11] Como parte de la trasformación de los planes y programas de la Licenciatura de Economía, en la Facultad de Economía, UNAM, he presentado dos propuestas colectivas para que las prácticas de campo sean consideradas como obligatorias y curriculares. Véase Valadez y Mendoza (2012) y Mendoza, Valadez, Martínez y Montoya (2014).

[12] En la actualidad, la Facultad de Economía, UNAM, no cuenta con asignaturas relacionadas con la ESS. Desde hace seis años, la Facultad se encuentra en un proceso de reforma del plan de estudios de la licenciatura. El avance curricular de una experiencia desde la ESS se encuentra en tesis, contribuciones y propuestas. Puede consultarse la propuesta de asignatura sobre la ESS de núcleo terminal en: https://ecosolidaria.wordpress.com/ y las siguientes tesis de licenciatura de las cuales fui el tutor principal: Eduardo Martínez Ávila (2013), Toledo Pineda (2014), Jiménez Rivera (2014) y Maya Higuera (2015).

[13] En los últimos años, en América Latina, la participación democrática de los individuos y de los pueblos ha reivindicado su derecho al desarrollo y la construcción de proyectos alternativos. Se trata de sujetos de cambio: grupos o colectivos que de manera consciente y voluntaria se plantean participar en la reflexión teórica y en la praxis para la transformación social. Por lo tanto, el contexto del debate sobre el desarrollo cambió sustancialmente, ello significa rescatar la dimensión política del desarrollo (Mendoza, 2017, p. 324).

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