Incidencia del feminismo como movimiento social en los presidencialismos latinoamericanos

 

Pilar Minué*

*Alumna de Ciencia Política, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad del Salvador. Correo electrónico: pilarminue@gmail.com

MIRÍADA. Año 10 No. 14 (2018) p. X-X

© Universidad del Salvador. Facultad de Ciencias Sociales. Instituto de Investigación en Ciencias Sociales. (IDICSO). ISSN: 1851-9431

Resumen

En las últimas décadas los movimientos sociales feministas han ocupado un lugar preponderante dentro de la política en los países de América Latina. Sus acciones, muchas veces caracterizadas como de presión, han tenido una gran influencia en la agenda social y política. Estos buscan cambios por fuera de la estructura política tradicional mediante las movilizaciones masivas, estrategias colectivas o campañas en las redes sociales.

Sin embargo, existe la posibilidad de que se acerquen a determinados partidos políticos –principalmente los de izquierda– para impulsar proyectos de ley, candidatos y candidatas propias e, incluso, para promover una penetración en la estructura partidaria de la perspectiva de género feminista. Por lo general mantienen su autonomía; se diferencian de los partidos al utilizar otro nombre o agrupándose en colectivos feministas de mayor alcance, como el de Ni una menos en Argentina, que trascendió al resto de Latinoamérica.

En este trabajo se busca analizar y reflexionar sobre la participación e influencia que mantienen los movimientos feministas dentro de los presidencialismos latinoamericanos. Para esto, se realizó una breve introducción histórica sobre el feminismo y, posteriormente, una valoración de sus acciones y logros en los sistemas presidenciales de América Latina a partir de ejemplos concretos en diferentes países de la región.

Palabras clave: Feminismo; Movimientos Sociales; Partidos Políticos; Latinoamérica, Presidencialismo.

 

Abstract

During the last decades, the feminist social movements have occupied a preponderant place within the politics in the countries of Latin America. Their actions, often characterized as pressure, have had a great influence on the social and political agenda. These seek changes outside the traditional political structure through mass mobilizations, collective strategies or campaigns in social networks. However, there is a possibility that they approach certain political parties - mainly ideologically leftist - to push for bills, candidates and candidates and even a penetration in the party structure of the feminist gender perspective. They usually maintain their autonomy, differentiating themselves from the parties by using another name or grouping themselves in broader feminist groups, such as Ni una menos in Argentina, which transcended the rest of Latin America.

This paper seeks to analyze and reflect on the participation and influence of feminist movements within Latin American presidentialism. For this, a brief historical introduction was made on feminism and, later, an evaluation of its actions and achievements in the Latin American presidential systems based on concrete examples in different countries of the region.

Keywords: Feminism, Social Movements, Political Parties, Latin America, Presidentialism.

Feminismo en Latinoamérica

En El segundo sexo, publicado en 1949, la autora Simone de Beauvoir reflexiona a partir de su propia observación, sobre los roles sociales, políticos, económicos, sexuales y culturales que ocupaban las mujeres en aquel momento. Este libro sirvió para pautar los reclamos fundamentales del feminismo europeo en aquel momento, que posteriormente llegarían a Norteamérica y Latinoamérica.

Si bien en América Latina algunos grupos de mujeres ya se enfrentaban a las desigualdades a las que eran sometidas, principalmente desde el partido socialista, el movimiento feminista como tal surge recién en la segunda ola del feminismo, situada entre la década del sesenta y la del setenta y vinculada con los movimientos de aquella época. En Latinoamérica, el sufragismo no alcanzó el mismo nivel de relevancia que en Europa y Estados Unidos, ya que la participación electoral estuvo destinada, por un tiempo, a la élite. En Argentina, por ejemplo, las mujeres recién ocuparon un rol importante en la política con la llegada de Eva Duarte de Perón, más conocida como Evita, la esposa del entonces presidente.

Los temas que se plantearon como base del feminismo de la segunda ola fueron el análisis de la opresión de la mujer, el rol de la familia, la división sexual del trabajo y el trabajo doméstico no remunerado, la sexualidad y la libertad sexual, la definición de patriarcado y el estudio de la vida cotidiana de las mujeres. En América Latina, el feminismo adquirió una importancia real y significativa en las últimas décadas. Se diferencia del feminismo europeo y estadounidense porque los movimientos de mujeres son sumamente heterogéneos y están constituidos, en su mayoría, por sindicalistas, amas de casa, villeras, pobladoras, proletarias, docentes y desempleadas, pertenecientes, en general, a los sectores meramente populares. Muchas veces estos grupos de mujeres no se autoperciben como feministas, pero suelen compartir reclamos en común como el divorcio, la anticoncepción, el aborto, la eliminación de leyes discriminatorias y mejoras laborales. Otra diferencia –probablemente la más significativa– es que en Latinoamérica las mujeres tienden a agruparse en ONG y partidos políticos que mantengan una perspectiva feminista, lo que hace que el feminismo esté más institucionalizado, y sea más autónomo y radicalizado.

Uno de los mayores logros del feminismo latinoamericano fue haber conseguido cambios concretos en las políticas públicas, y haber concientizado las mujeres de sus derechos y de su rol protagónico en la construcción de un nuevo paradigma de análisis y de los cambios ideológicos. Sin embargo, no hay que olvidar que Latinoamérica tiene una gran desigualdad económica y social, que según el informe Panorama social de América Latina de CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe [CEPAL], 2006) los niveles de pobreza alcanzaban al 39,8 % de la población entre los años 2002 y 2005. Además, la región estuvo marcada por desapariciones y genocidios a lo largo de su historia, lo que ocasionó que, por la presencia frecuente de dictaduras y guerras civiles, los movimientos de mujeres retrasaran su consolidación como movimientos feministas.

Por último, los movimientos sociales latinoamericanos de mujeres han ocupado lugares fundamentales en negociaciones de paz y transiciones y consolidaciones democráticas. Ello es consecuencia del compromiso que asumieron, desde un primer momento, de establecer una agenda política y social que atendiera sus reclamos.

Relación entre feminismo y presidencialismo

Touraine (1992) plantea que un movimiento social “es una acción colectiva orientada a la implementación de valores culturales centrales contra los intereses e influencias de un enemigo definido en términos de relaciones de poder. Es una combinación de conflictos sociales y de participación cultural” (Touraine, 1992, p. 125). El feminismo latinoamericano se adecúa a esta definición ya que está caracterizado por accionares colectivos en su nombre contra intereses de otros que perjudican los derechos de las mujeres o perpetúan su opresión. Además, estos expresan nuevas formas de solidaridad social, constituyen movimientos reactivos contra crisis políticas, sociales o económicas y tienen una gran importancia de cara a los autoritarismos (un ejemplo fueron las Madres de Plaza de Mayo durante la dictadura de 1976 en Argentina).

La relación entre presidencialismo y feminismo existirá siempre y cuando este último esté constituido como un movimiento social y no como una corriente sociológica o filosófica no tangible. Para interactuar con el sistema presidencial y sus poderes debe poder ser observado, analizado y mantener acción social permanente. Como movimiento social, se encarga de buscar la liberación de la mujer. En un comienzo las sufragistas lucharon por el derecho al voto femenino. Uruguay fue el primer país latinoamericano en aprobarlo en el año 1927, Ecuador en 1929, Brasil en 1932, Bolivia en 1938, Argentina en 1947, Chile en 1949, Colombia en 1954 y Paraguay en 1961. Actualmente, las demandas del feminismo acaparan más áreas e incluyen a otras minorías como la LGBTIQ y la aborigen. Entre las luchas se encuentran la despenalización del aborto (y la necesidad de garantizar su legalidad, seguridad y gratuidad), la educación sexual en todas las escuelas primarias y secundarias, la igualdad de condiciones laborales, la erradicación de la violencia de género y la creación de políticas públicas en su contra, así como la integración laboral del colectivo LGBTIQ, entre otros. En resumen, el movimiento social feminista reclama un cambio en las relaciones sociales que conlleve al fin de la opresión de la mujer, como así la del varón por el mismo sistema patriarcal en el que está inmerso, a partir de la eliminación de la desigualdad jerárquica entre los géneros.

Puede decirse que el feminismo es una corriente ideológica que se hace tangible a través de su conversión en movimiento social y que contiene ideas, análisis, observaciones, planteos, pero también soluciones y acciones concretas que penetran todos los órdenes de una sociedad: el familiar, el educativo, el político, el laboral, el cultural, el económico. Mediante la movilización social se pretende transformar las relaciones asimétricas entre hombres y mujeres y la opresión que el sistema entero ejerce sobre estos. Y aunque este no sea homogéneo, constituye un movimiento integral contra el machismo que actúa de lleno en la política.

Hasta el 2015, solo cuatro mujeres presidían simultáneamente cuatro países latinoamericanos. En Brasil, Dilma Rouseff, en Argentina, Cristina Fernández, en Costa Rica, Laura Chinchilla y en Chile, Michelle Bachelet. La primera mujer presidenta en América Latina fue Isabel Martínez de Perón, quien asumió el poder tras la muerte de su esposo Juan Domingo Perón, en 1974. Dos años más tarde fue derrocada por un golpe militar. Otro ejemplo es el de Lidia Gueiler Tejada, presidenta interina de Bolivia entre 1979 a 1980. Fue la única mujer que ocupó ese cargo en su país.

Las mujeres continúan en un estado de subrepresentación: a pesar de constituir más del 50 % de la población, no llegan ni a un cuarto de los cargos electorales en Latinoamérica. Según el trabajo Partidos políticos y paridad: un desafío de la democracia en América Latina, del Banco Interamericano de Desarrollo (Llanos & Roza, 2015), la región latinoamericana presentaba en 2014 a un 25,5 % de mujeres en gabinetes, lo que significó un avance ya que en 1990 el promedio era de tan solo el 9 % (Buvinic & Roza, 2004). Por esta razón, desde las comisiones de género de los partidos políticos o movimientos feministas independientes, se han propuesto proyectos de ley que obliguen a cumplir cierto número de candidatas mujeres dentro de las listas, con el objetivo de lograr un mayor equilibrio y acceso de las mujeres a los cargos legislativos o ejecutivos.

La influencia de Ni una menos, un colectivo feminista a nivel latinoamericano

Ni una menos es un grito colectivo, una consigna, un agrupamiento de cientos de otros movimientos feministas que tienen en común la defensa de los derechos de las mujeres y el repudio a la violencia machista, que arrasa con miles de vidas al año en toda América Latina. Se originó en 2015 en Argentina, año en el que, según el registro nacional de La Casa del Encuentro, cada treinta horas una mujer era asesinada por violencia de género. Tras el femicidio de Chiara Pérez, una adolescente embarazada de catorce años asesinada y ocultada por su novio en la ciudad santafesina de Rufino, periodistas, comunicadoras, activistas y artistas argentinas comenzaron una campaña en Twitter, a mediados de mayo, con la consigna #NiUnaMenos. Pocas horas después, se volvió masiva y sumó miles de adeptos –mayoritariamente mujeres– en decenas de ciudades de dicho país. Así fue como el 3 de junio se realizó una movilización que llegó a sumar más de 300 mil personas en el centro de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y reunió a organizaciones, partidos políticos, agrupaciones estudiantiles y culturales sin importar ideologías políticas. El reclamo: exigir la reglamentación de la ley 26.485 de protección integral a la mujer.

Paradójicamente, la frase utilizada para titular al colectivo masivo de mujeres es una parte de una frase de la poeta y activista mexicana Susana Chávez Castillo, que luchó contra los femicidios en México y fue asesinada en represalia en 2011. En 1995 publicó un poema en el que utilizó la expresión “Ni una muerta más”, en alusión a la enorme cantidad de crímenes por violencia de género ocurridos en la ciudad de Juárez, considerada la más violenta de dicho país.

Es por esto que uno de los países en los que se replicó la movilización fue México. La concentración se realizó en el Monumento a la Independencia, donde agrupaciones feministas y organizaciones de izquierda expusieron el índice de femicidios y las cifras de la violencia de género en este país. Participaron familiares de mujeres asesinadas y desaparecidas y Norma Andrade, fundadora de Nuestras hijas de regreso a casa, organización que opera en la ciudad de Juárez.

Chile, Uruguay y Perú también se sumaron a las convocatorias de Ni una menos. Las marchas fueron organizadas por distintas organizaciones feministas como Red chilena contra la violencia, Pan y Rosas Teresa Flores, Articulación Feminista y Alzada Libertaria, entre otras. Se realizaron campañas fotográficas para denunciar la violencia de género, performances interpretadas por diferentes agrupaciones de artistas, discursos y paros laborales. En Perú se realizó la marcha el 13 de agosto de 2016, de la que participó el presidente Pablo Kuczynski junto a la vicepresidenta Mercedes Aráoz y algunos de sus ministros.

Actualmente, el colectivo de Ni una menos continúa vigente y ya lleva tres convocatorias masivas realizadas en diferentes puntos de la República Argentina los 3 de junio. Además, en octubre de 2016 se realizó un paro laboral y una marcha a la Casa Rosada, donde trabaja el poder Ejecutivo, que reunió cerca de 200 mil personas. Por último, los 8 de marzo se conmemora el día de la mujer y también se realizan marchas y actos. En 2017 se realizó el primer paro internacional de mujeres, al que se adhirieron desde Chile, Uruguay, Argentina, Perú y Nicaragua, entre otros países. Con una fuerte presencia en las redes sociales, Ni una menos logró instalarse en la agenda pública y política e imponer sus demandas en pos de eliminar la violencia machista y adquirir una mejor situación laboral, social y política de todas las mujeres, sin importar su clase social o edad. Atravesó la estructura política y social argentina sin pertenecer a un partido, institución o ideología puntual.

La importancia del feminismo como movimiento social

Edmé Domínguez Reyes (1998) plantea en su texto “Mujeres y movimientos urbanos: hacia un nuevo tipo de ciudadanía y cultura política en el México de finales de siglo” que hasta principios de la década de los ochenta la influencia de los discursos de los movimientos feministas estaba limitada a la clase media en las ciudades, pero a partir de esa década el alcance pasó a ser mayor, y llegó también a los sectores populares. El autor plantea que desde entonces el discurso feminista se reelabora y vuelve a adaptarse a diferentes situaciones, sectores sociales y sus demandas, con lo cual logra un alcance que pocos partidos o movimientos sociales tienen.

Por otro lado, el feminismo en Latinoamérica ha adquirido tal grado de importancia debido a que la representación de las exigencias sociales se ha reconvertido a partir de este. Antes solo existía la posibilidad de comunicarle al representante electo las demandas existentes; ahora, mediante movilizaciones masivas, actos, discursos populares y campañas de visibilización en las redes sociales, son los mismos ciudadanos los que exigen directamente al poder Ejecutivo o Legislativo, según corresponda en cada situación.

También es importante destacar la heterogeneidad que caracteriza al feminismo – puntualmente al latinoamericano– , puesto que este engloba a decenas de corrientes ideológicas, sociales y culturales. Hay organizaciones feministas tanto de izquierda como de derecha, ateas y religiosas, liberales y comunistas. Todas, o al menos una amplia mayoría, tienen en común la búsqueda incansable del empoderamiento social, político y económico de la mujer, la abolición de la violencia machista y la deconstrucción del sistema heteropatriarcal que, por siglos, ha relegado a la mujer a un estado de opresión y sumisión.

Es necesario que el feminismo no quede solamente como una teoría social o corriente filosófica, sino que se constituya y reacomode constantemente como un movimiento independiente o, al menos, autónomo dentro de los sistemas partidarios de cada presidencialismo. Es un elemento fundamental al momento de denunciar, impulsar medidas o ejercer presión sobre los poderes Ejecutivo y Legislativo. En Argentina, por ejemplo, diferentes organizaciones feministas han logrado proponer leyes en pos de revertir algunos derechos vulnerados de las mujeres, como la reducción de los impuestos a los productos de higiene sanitaria, la despenalización del aborto en caso de violación y la educación sexual en instituciones primarias y secundarias.

Por último, si bien muchas organizaciones feministas actúan por fuera de estructuras partidarias, hay otras que pertenecen a partidos políticos y esto les significa una ventaja a la hora de exigirles a legisladores la propuesta o tratamiento de temas en concreto. La respuesta que reciben es más rápida y, en muchos casos, más eficiente.


Referencias

Buvinic, M. & Roza, V. (2004). Women, Politics and Democratic Prospects in Latin America (Technical Papers Series). Washington: Banco Interamericano de Desarrollo.

Comisión Económica para América Latina y el Caribe [CEPAL]. (2006). Panorama social de América Latina. Santiago de Chile: CEPAL.

Comisión Económica para América Latina y el Caribe [CEPAL]. (2007). ¡Ni una más! El derecho a vivir una vida libre de violencia en América Latina y el Caribe. Informe de CEPAL. Recuperado de: http://acnudh.org/wp-content/uploads/2011/09/Niunamas.pdf.

De Beauvoir, S. (1949). Le deuxieme sexe. París: Gallimard.

Domínguez Reyes, E. (1998). Mujeres y movimientos urbanos: hacia un nuevo tipo de ciudadanía y cultura política en el México de finales de siglo. Anales, (1), 203-228.

Llanos, B. & Roza, V. (2015). Partidos políticos y paridad: un desafío de la democracia en América Latina. Washington: Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Touraine, A. (1992). Beyond social movements? Theory, Culture and Society, 9(1), 125-145.

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