La Universidad del Salvador y el desarrollo de la ciencia política en la Argentina

Pablo Bulcourf*

* Profesor e investigador de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) y de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Este trabajo se desprende de la investigación La Compañía de Jesús y el desarrollo del pensamiento social en la Argentina durante la segunda mitad del siglo XX: entre la teoría y la acción social, realizada en el marco de UNQ y bajo la beca del Stipendienwerk Lateienamerika-Deutschland (Intercambio Cultural AlemánLatinoamericano) (ICALA).

Comunicación recibida: 27/09/2018                            

MIRÍADA. Año 11, N.º 15 (2019), pp. X-X

© Universidad del Salvador. Facultad de Ciencias Sociales. Instituto de Investigación en Ciencias Sociales. (IDICSO). ISSN: 1851-9431

Resumen

Este pequeño trabajo intenta abordar la creación de las carreras de ciencias sociales en la Universidad del Salvador y la conformación de su Facultad a partir de la primera de sus licenciaturas, la de Ciencia Política. Se analizan las reformas curriculares realizadas y la posterior influencia de esta carrera en el desarrollo de la ciencia política en la Argentina.

Palabras clave: Ciencia política; Jesuitas; Ciencias sociales; Universidad del Salvador.

Abstract

This small paper attempts to address the creation of social science careers at the University of El Salvador and the formation of its Faculty from the first of his bachelor's degrees, that of political science. It analyses the curricular reforms carried out and the subsequent influence of this career on the development of political science in Argentina.

Key words: Political science; Jesuits; Social sciences; Universidad del Salvador.

A Néstor Legnani, in memoriam

El pasado año cumplió su quincuagésimo aniversario la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad del Salvador, espacio donde se dictan las carreras de Ciencia Política, Sociología, Relaciones Internacionales y Servicio Social. Esta oportunidad nos permite reflexionar sobre la historia de estas disciplinas y, especialmente, de la ciencia política, semilla inicial de estos estudios.

Después de la II Guerra Mundial, el mundo quedó en una situación de pobreza apremiante. Por un lado, Europa inició un fuerte proceso de reconstrucción con una gran intervención de los Estados-nación en la vida económica y social, en el que también intervinieron muchas organizaciones sociales y religiosas. Por otro lado, en todo el mundo se desarrolló una serie de cambios estructurales, como los procesos de descolonización en África y en Asia. Esto afectó también a América Latina, en donde la desigualdad social fue un elemento en común, al igual que una vida política “turbulenta” signada muchas veces por la discontinuidad institucional y procesos revolucionarios que tendieron a generar enfrentamientos entre grupos orientados por concepciones políticoideológicas opuestas.

En este contexto, la Compañía de Jesús se propuso una serie de acciones para adaptar su modo de vida a la situación de los pueblos más necesitados, que reclamaban justicia y solidaridad. Fue así como el Secretariado para la Justicia Social de la Curia General de la Compañía de Jesús publicó Instrucción sobre el Apostolado Social del P. Juan Bautista Janssens S. J., el primer general de la Compañía de la posguerra. Este estudio está fuertemente inspirado en la Doctrina Social de la Iglesia y abre las puertas al trabajo conjunto entre las acciones pastorales y la construcción del conocimiento social con fundamentación científica. Por esta razón, se encomienda a los jesuitas realizar estudios académicos en el amplio abanico de las ciencias sociales y establecer centros destinados a la articulación entre la actividad científica y la acción social concreta. La última orden sacerdotal creada por la Iglesia Católica reanudaba su compromiso con los pobres en un doble sentido: dando prioridad a estos y abordando estas problemáticas desde un punto de vista científico. Este factor generó la multiplicación de universidades en el contexto latinoamericano y, además, la creación de los genéricamente llamados Centros de Investigación y Acción Social (CIAS). De esta forma, el “discernimiento” practicado por la Compañía se articulaba con las ciencias sociales, pero con un fin muy preciso: mejorar las condiciones sociales de amplios sectores postergados y marginados en la región más desigual del planeta.

La Universidad del Salvador fue la segunda universidad privada creada en el país, después de la Universidad Católica de Córdoba, ambas pertenecientes en ese momento a la Compañía de Jesús. En este contexto, surgirá, entre las primeras seis carreras de grado, la Licenciatura en Ciencia Política, la cual, años después, tendría un rol central para consolidar estos estudios tanto en el país como en la región.

Hay dos lecturas sobre el origen de estos estudios en la Argentina: por un lado, a partir de la creación de la Licenciatura en Derecho Consular a comienzos de la década de los años veinte en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional del Litoral en su sede de Rosario; y, por el otro, a partir de la creación de la Licenciatura en Ciencia Política y Administración Pública en la Universidad Nacional de Cuyo en el año 1952 (la primera en tener esta denominación en forma clara). Lo cierto es que tanto estas dos carreras como la posterior en la USAL distaban en sus contenidos y competencias de lo que predominaba y de lo que hoy entendemos por “ciencia política”. La primera estaba orientada principalmente hacia la formación de expertos en temas de comercio exterior e inserción internacional; la segunda, en construir un cuerpo de burócratas públicos vinculados al nuevo rol de Estado emanado de la Constitución de 1949 y, en el caso de la USAL, combinaba una formación humanística general con temas de Derecho público. Poco había en estas carreras de la denominada “revolución sistémico-conductista” o de las discusiones de la sociología política o el neomarxismo. Eran denominaciones vacías de ciencia política.

Esto tuvo un giro sustantivo a partir de la Reforma Floria, que tuvo lugar en 1969 dentro de la Universidad del Salvador, la cual constituyó un momento fundamental para el desarrollo de la ciencia política en la Argentina. ¿En qué consistió este cambio? Vale la pena recordarlo. Carlos Floria era un abogado de la Universidad de Buenos Aires que había obtenido una beca Eisenhower, cuyo objetivo era fomentar el diálogo y la colaboración internacional para la paz y el desarrollo, reforzando los vínculos entre los EE. UU. y el resto del mundo. Los seleccionados llevaban a cabo un programa específico de visitas y entrevistas a personas e instituciones vinculadas con el campo de conocimiento seleccionado; en el caso de Floria, fue la ciencia política. Entre los profesores que pudo conocer, se encontraba el destacado politólogo italiano Giovanni Sartori, el que estaba realizando una estancia en la Universidad de Columbia. Es en este contexto que el becario pudo tomar contacto directo con el proyecto de Reforma Curricular que Sartori implementaría en la Universidad de Florencia. A su regreso a la Argentina, junto con la presentación de su informe de beca, Floria anexó una propuesta para crear una carrera de Ciencia Política en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, la que fue rechazada en su momento por el Dr. Segundo Linares Quintana, quien a su vez presidía la Asociación Argentina de Ciencia Política. Para este, la disciplina era un área dentro del Derecho y, por lo tanto, no merecía la autonomía de un estudio de grado específico.

Esto clausuraba la posibilidad de crear la carrera en el ámbito de la universidad pública radicada en la capital del país, algo que recién podría realizarse a partir de 1985, ya en el período democrático. Pero se pudo encontrar un atajo incierto, y el proyecto de Floria confluyó en la carrera ya creada en la USAL. Invitado a presentar el libro El pensamiento de Karl Marx del jesuita francés Jean-Ives Calvez, tomó contacto con la carrera y fue invitado a incorporarse a su plantel docente. Los cambios en la institución lo llevarían un año después a ocupar el cargo de decano, y ahí podría implementar un nuevo diseño curricular, el que combinaba el de la Universidad de Florencia con el de la Universidad Católica de Lovaina, por entonces una de las más prestigiosas de Europa. Es así como la USAL comenzó a impartir el primer plan de estudios que desarrollaba ejes claros de ciencia política empírica y metodología de la investigación, sin perder sus contenidos humanísticos.

Pero la gestión académica de Carlos Floria fue mucho más allá de una reforma al plan de estudios: permitió constituir una pequeña comunidad académica plural y diversa que se nutrió de destacados especialistas, muchos de los cuales venían de realizar estudios de posgrado en el exterior, como Guillermo O’Donnell, Marcos Kaplan, Marcelo Monserrat, Carlos Strasser, Natalio Botana, Rafael Braun y Oscar Oszlak (este último también desarrolló durante un corto lapso la Licenciatura en Administración Pública).

El reconocimiento internacional no tardó en llegar: la realización de un Seminario con destacados invitados del exterior en 1971 permitió ver reflejado este prestigio en las consideraciones expresadas por Robert Dahl en su clásico libro Poliarquía, en el que daba cuenta de la importancia de las ponencias expuestas por el grupo de participantes argentinos. Algunas obras centrales de la ciencia política argentina fueron realizadas en forma conjunta entre el CEDES y la USAL, como El estado burocrático autoritario de Guillermo O’Donnell, el que contó con la colaboración de varios estudiantes. Este libro consagró el denominado enfoque históricoestructural, uno de los aportes más originales de América Latina a la disciplina.

La polarización política e ideológica se encontraba ya en el seno de la comunidad universitaria argentina, y la USAL no era ajena a esto. Los vaivenes dentro de la Compañía de Jesús llevaron a la renuncia de Floria y al retiro de los profesores vinculados al grupo Criterio en 1974. Posteriormente, otros profesores también fueron dejando la institución. La “ciencia de las catacumbas” comenzaba a proyectarse en la sociedad argentina. Durante la dictadura militar, la USAL trató de conservar su carácter científico y crítico: en sus aulas; no se dejaron de leer textos considerados “subversivos”, los cuales circulaban forrados a veces en papel de diario para no mostrar sus títulos y autores. Algunos de sus estudiantes engrosaron las listas de desaparecidos, víctimas del terrorismo de Estado.

Hoy podemos preguntarnos cuál ha sido el legado de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad del Salvador, respuesta que merece una especial atención. Por un lado, constituyó el primer ámbito de una comunidad politológica que se encontraba a la altura de la producción académica de las instituciones de los países centrales. Por el otro, sirvió de faro para el desarrollo de la ciencia política en el resto del país; la creación de las carreras posteriores la han tenido como principal referente curricular. Pero, sin lugar a dudas, el valor más trascendente han sido sus egresados, los que se fueron convirtiendo en destacados profesionales dentro y fuera del país.

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