A fin de trabajar correctamente, el cerebro necesita: sangre, oxígeno, glucosa y agua. No obstante,
cuando el cerebro percibe una amenaza, sea real o imaginaria, no llega la suficiente cantidad de
sangre y oxígeno al cerebro racional en los lóbulos prefrontales, por lo tanto, no trabaja eficazmente
y el cerebro emocional, es decir, la amígdala, toma el poder. En lo que respecta a las reacciones
emocionales que influyen en la formación de intérpretes, encontramos dos categorías principales, la
lucha o la huida:
• Lucha defensiva: reacciones agresivas ante un estímulo. Es el caso del alumno que se enoja
con el material, con el profesor, con la técnica que se practica.
• Lucha ofensiva: actitud de atropello y superioridad. Es el caso del alumno que dice que el
material es demasiado sencillo para él, pero atribuye las fallas a algo externo a él.
• Huida/sumisión: actitud complaciente; adhesión y obediencia en todo, incluso cuando no
está de acuerdo. Es el caso del alumno que dice que entendió todo, aunque no entienda nada,
el que asiente con la cabeza constantemente.
• Huida/evitación: pensamientos evasivos, falta de concentración, postergación. Es el caso del
alumno que no practica y lo deja para último momento.
• Huida/paralización: inhibición de acción, bloqueo, con la mente “en blanco”. Es el caso del
alumno que se queda en silencio y no puede recordar ni producir una sola palabra a causa
del miedo.
El cerebro utiliza filtros para racionalizar las reacciones disfuncionales, las cuales se conocen
como distorsiones cognitivas. Entre ellas, encontramos las siguientes:
• Exageraciones y negativismo predictivo: se usa para justificar la resistencia al cambio. Se
considera que es «demasiado difícil», «demasiado largo», etc., para evitar enfrentar un desa-
fío por miedo, pereza, etc. Se exageran los aspectos negativos y se desvaloriza lo positivo;
también hay miedo al fracaso: «Ni lo intento porque sé que no voy a poder».
• Perfeccionismo: altas exigencias que se convierten en autocrítica; falta de flexibilidad y tole-
rancia con uno mismo, causa de abandono ante la frustración de imperfecciones.
• Generalizaciones: convierte un hecho o suceso en ley general: «Nunca me va a salir». Es la
propensión a pensar que, si ha ocurrido algo una vez, volverá a pasar. Si me he puesto ner-
vioso y me paralicé, entonces siempre me alteraré cuando esté en esa situación: «Siempre me
sale mal», «Nunca me sale».
• Subestimación: tras vivir una experiencia estresante reiteradas veces, aprendemos que nues-
tro esfuerzo es inútil; es decir, aprendemos que el resultado no depende de nosotros. Esto se
denomina indefensión adquirida y vuelve al individuo que lo hace incapaz de reaccionar:
«No soy bueno para esto».
Con el fin de poder superar estas frustraciones, es importante entrenar el cerebro emocional para
que permita que sea el cerebro racional el que tome las decisiones con el fin de evitar ser presos de
reacciones emocionales disfuncionales y desmedidas. La capacidad de predecir una posible ame-
naza disminuye el nivel de estrés y la probabilidad de caer en downshifting, que significa reducir la
capacidad de interpretar y caer en errores de sentido. Si se poseen las herramientas necesarias para
hacer frente y actuar ante la amenaza, la persona siente que está en control de la situación y puede
mantener una estabilidad emocional. En el ámbito de la interpretación, la preparación previa, los
conocimientos extralingüísticos y la anticipación ayudan a evitar el peligro inesperado y previene
las reacciones emocionales excesivas.
La neuroplasticidad es la habilidad del cerebro que le permite reorganizarse, adaptarse y modi-
ficarse durante toda la vida, ya sea al modificar redes neuronales ya existentes, eliminarlas o formar