Notas de vida

Huellas en Papel VIII / No.13 (2020)


Notas de vida

por Dr. Eduardo Albanese

Debido a que los documentos que nos ocupan en este fascículo se originaron en la Sala de Cirugía del Hospital Rawson, destinamos este espacio a ampliar las anotaciones sobre la vida del hospital y sobre la Escuela Quirúrgica de Enrique y Ricardo Finochietto que funcionó en él1. Siendo “el Rawson” uno de los centros científicos-asistenciales más importantes del país, existen varios textos sobre la historia de la institución y sobre el Dr. Guillermo Rawson. Por ello, presentamos ahora un trabajo del Dr. Eduardo Albanese, que nos permite acercarnos al quehacer de uno de los dos logros insoslayables del hospital13: la Escuela Quirúrgica. En efecto, el Hospital Rawson, cuyo origen se enlaza a la necesidad de asistir a los inválidos de la Guerra de la Triple Alianza (Hospicio de Inválidos Militares, 1868-1887), se convirtió luego en el Hospital Mixto (1887-1894) y, finalmente, en el “Hospital Rawson” (hasta 1978), que acogió entre sus paredes a varias generaciones de destacados especialistas de la medicina argentina. Este añorado hospital estuvo ubicado en la zona sur de la Ciudad de Buenos Aires, llevó el nombre del primer higienista argentino que inició el camino de la medicina social en el país y vio cómo se realizaba, en su seno, la primera transfusión con sangre citratada en humanos. El mérito es del Dr. Luis Agote; la fecha, el 14 de noviembre de 1914.

Los vínculos de los Dres. Finochietto con la Universidad del Salvador, el valor de la Escuela Quirúrgica para el desarrollo de la especialidad en el mundo y el legado de trabajo, profesionalismo y disciplina de los brillantes cirujanos vuelven a despertar en estas palabras del Dr. Albanese.

Escuela quirúrgica Enrique y Ricardo Finochietto

La Escuela de los hermanos Finochietto, en el Hospital Rawson, fue una de las escuelas quirúrgicas más importantes del mundo. En ella, se formó una pléyade de brillantes cirujanos.

Que el Dr. Ricardo Finochietto donara en vida, en 1959, la biblioteca que había formado con su hermano Enrique a la Facultad de Medicina representó un hecho muy honroso para la Universidad del Salvador. Ella estaba ubicada en el tercer piso del edificio situado en la esquina de Paraguay y Cerrito, hoy demolido tras la ampliación de la Av. 9 de Julio. Era un lugar muy querido por sus discípulos, allí iban a estudiar y eran atendidos paternalmente por los Dres. Finochietto.

El Dr. Ricardo donó no solamente los libros y revistas, sino también todo su mobiliario y los instrumentos quirúrgicos, muchos de los cuales eran creaciones originales (en especial de Enrique Finochietto, gran diseñador de instrumentos). Todo esto representa un material de un enorme valor histórico, que ha sido rescatado, cuidado y mejorado por la Mg. Liliana Rega y su brillante equipo de colaboradores.

Los padres de los hermanos Finochietto, Tomás Finochietto y Ana Chammas, provenían de Génova y llegaron a Buenos Aires en la década de 1870. De origen humilde, alcanzaron en Buenos Aires una buena posición económica a través del comercio de carbón y papas. Las carbonerías eran, en esa época, negocios comunes en los barrios, pues se cocinaba con carbón.

El matrimonio tuvo cinco hijos, de los cuales tres siguieron medicina: Enrique, Ricardo y Miguel Ángel. Enrique nació un 13 de marzo de 1881 y Ricardo un 28 de abril de 1888. Los tres estudiaron en el Colegio del Salvador. Enrique ingresó a la Facultad de Medicina a los dieciséis años. Siendo estudiante se incorporó a la guardia de emergencias del Hospital de Clínicas. Allí tuvo como jefe al Dr. Alejandro Posadas, gran maestro de la cirugía, fallecido prematuramente en 1904. De él aprendió la técnica operatoria francesa de fines del siglo xix. En 1904, una vez recibido, ingresó a la guardia de emergencias y al Servicio de Cirugía del Hospital Rawson, cuyo jefe era el Dr. Andrés Llobet, gran cirujano de la época.

En 1906 viajó a Europa, donde permaneció durante dos años y medio visitando y perfeccionándose en los mejores centros quirúrgicos de París, Berlín, Viena, Berna y Roma. Regresó a Buenos Aires en 1909 y se incorporó, como jefe de clínica, al Servicio de Cirugía del Hospital Rawson. Su jefe era el Dr. David Prando, una importante figura de la cirugía argentina.

En 1914 fue nombrado jefe de la Sala VIII de Cirugía del Hospital Rawson. Lo acompañó allí su hermano Ricardo, recibido poco tiempo antes. Incorporó a su servicio médicos jóvenes, menores de treinta años; una práctica que luego siguió Ricardo también.

En 1917, a raíz de la Primera Guerra Mundial, viajó nuevamente a Europa y se incorporó como jefe de cirugía en el Hospital Argentino de París. Durante los dos años de permanencia en él, adquirió una enorme experiencia quirúrgica, en especial en el área traumatológica. Por su labor en dichos años recibió la Condecoración de la Medalla de la Legión de Honor del Gobierno Francés.

Terminada la tarea en Francia, visitó algunos centros quirúrgicos en los Estados Unidos y luego retornó a Buenos Aires el 13 de octubre de 1919. Se reincorporó al Hospital Rawson como jefe de las Salas XX y XXI de Cirugía en el Pabellón IX, donde sentó, las bases de lo que organizaría luego con su hermano Ricardo: la Escuela Quirúrgica más importante del país y referente a nivel mundial.

En 1924, dictó una conferencia en Madrid sobre “Los quistes hidatídicos en el pulmón”, por lo que fue nombrado miembro de la Academia de Medicina de Madrid. Nada de lo que fuera medicina le era ajeno. Había aprendido a utilizar el aparato de radioscopia en el servicio del Dr. Posadas y fue el primero en utilizar el bario como medio de contraste.

Enrique Finochietto era un gran estudioso y un apasionado de la cirugía. Hombre de pocas palabras y poca ostentación, humilde y concentrado. Empleaba las palabras justas. Una frase que solía repetir con frecuencia era: “Solo cumple con su deber quien va más allá de sus obligaciones”. La sala de cirugía era el laboratorio de este investigador. Era proverbial su generosidad. Todas las mejoras del Pabellón IX efectuadas en esa época salieron de su peculio.

Asentadas en las primeras décadas del s. XX la anestesia, la antisepsia, la radiología y la transfusión de sangre, la cirugía creció en cuanto a la cantidad de patologías que podían ser intervenidas y a la complejidad de los casos que se podían abordar.

Fue el inventor del frontolux, del aspirador quirúrgico, la mesa quirúrgica móvil manejada por pedales para poder intervenir en diferentes posiciones y el banco para el cirujano. Inventó, diseñó y perfeccionó innumerables instrumentos; el más conocido, el separador intercostal, conocido en el mundo como “separador de Finochietto”. Sintetizó, en la creación de instrumental, su vocación quirúrgica y su gran capacidad para el dibujo. Así, se cuenta que durante los años que cursó en el Colegio del Salvador recibió distinciones y premios en las llamadas “clases de adornos”, que testimoniaban los méritos del dibujante.

Fue fundamentando la práctica de una nueva técnica quirúrgica. Creó, incorporó, mejoró y regló innumerables técnicas, desplegando un estilo propio. Sintetizó y perfeccionó, en ellas, las bondades de las escuelas quirúrgicas francesa, alemana y austríaca, las principales de su época.

Partidario de la enseñanza coloquial, educó a sus discípulos junto a la cama del paciente y en la mesa de operaciones, siempre con practicidad, brevedad y precisión. A partir de 1927, su actividad docente tomó ritmo y periodicidad. Los días viernes en su servicio, llamados “viernes de Enrique Finochietto”, fueron, sin duda, los antecesores de lo que luego vendría a través de Ricardo.

Lord Berkeley Moyniham, presidente del Royal College of Surgeons y uno de los más destacados cirujanos de la época, luego de ver a Enrique realizar una operación de gastrectomía dijo: “Si tuviera que someterme al bisturí me entregaría a este extraordinario cirujano llamado Enrique Finochietto”.

Enrique falleció el 17 de febrero de 1948, de una afección neurológica. Ricardo se graduó en 1911 y, al año siguiente, ingresó al Servicio de Cirugía del Hospital Rawson, donde comenzó a trabajar con su hermano. En 1931 fue designado jefe del Servicio de Cirugía del Hospital Alvear y, al año siguiente, jefe del Servicio de Cirugía del Pabellón II Sala vi del Hospital Rawson. Allí fue organizando, con la colaboración de su hermano Enrique, la Escuela Quirúrgica en la cual se formaron grandes cirujanos de la época, muchos de ellos pioneros en las especialidades quirúrgicas desarrolladas a partir de los adelantos técnicos de la época: los Dres. Hernán Aguilar en cirugía pulmonar, Héctor Marino en cirugía plástica y reparadora, Alfonso Roque Albanese en cirugía cardíaca, Germán Hugo Dickmann en neurocirugía, José Yoel en cirugía de cabeza y cuello, Horacio Resano en cirugía del esófago y Eduardo Zancolli en cirugía de la mano. El Dr. Hernán Aguilar creó, en 1960, la cátedra de cirugía en nuestra facultad y fue su profesor titular en las décadas de los 60 y los 70; el Dr. Héctor Marino creó en nuestra facultad, en 1974, la carrera de Especialización en Cirugía Plástica y Reparadora, la primera de la especialidad en Latinoamérica.

Ricardo Finochietto viajó, en 1937, a los Estados Unidos para visitar los principales centros quirúrgicos de ese país. En 1941 se incorporó, como miembro titular, a la Academia Nacional de Medicina.

La Escuela Finochietto no hubiese sido lo que fue sin Enrique, pero tampoco sin Ricardo. Ricardo, siete años menor, se hizo cirujano al lado de su hermano. Conocía como ninguno sus técnicas y los principios de su cirugía. Fue sistematizando todo lo que Enrique creaba, enseñando su lenguaje quirúrgico y dando, así, forma a la Escuela Finochietto.

El aporte de ambos al desarrollo de la cirugía fue significativo: crearon un espacio educativo para la formación integral de los cirujanos, marcaron una inflexión en la propuesta metodológica de la enseñanza quirúrgica en nuestro medio. Enrique y Ricardo formaron una unidad indivisible. Uno como maestro de la primera hora, el otro, como colaborador y maestro de esa obra. Ricardo era un apasionado por hacer las cosas bien y, a la vez, enseñarlas.

El Dr. Eduardo Zancolli, uno de sus discípulos, escribió: “La Escuela nace uniendo el estilo quirúrgico de Enrique Finochietto por un lado y el método para reproducir dicho estilo por Ricardo Finochietto. El método emerge así de la ligazón de dos virtudes genéticas”.

El Dr. Ricardo daba importancia a los detalles más pequeños dentro del ámbito quirúrgico, con el concepto de que cumplir con los detalles era fundamental para el éxito de la operación. Este era un principio básico de su modalidad. Se escribían las técnicas quirúrgicas del servicio para uniformar criterios y tácticas a seguir. Era un hecho poco frecuente en nuestro ambiente y señalaba la aparición de un maestro completo en la cirugía argentina, pues atendía a todos los aspectos de la enseñanza quirúrgica.

La rutina de la Escuela era muy dura, pero el objetivo a lograr el más alto: la mejor atención del enfermo. Era amable con quien ponía interés en el trabajo, pero agrio con quien se dejaba estar. El paciente era lo más importante para él. Exigía un estudio a fondo de los enfermos a través de una historia clínica muy detallada, cuya lectura escuchaba atentamente, comentaba y, con frecuencia, criticaba. Este pase de revista en la sala era un culto permanente de todos los días y con todos los enfermos.

Su dedicación a la atención médica lo llevó a desarrollar un registro de las historias clínicas, las más extensas en la historia de los centros municipales argentinos. Asistencia y disciplina en el servicio, estudio acabado de los enfermos, reflejado en historias clínicas completas y claras, estudio de las técnicas y tácticas ejecutadas con prolijidad en el enfermo y anotadas también con amplitud en la historia clínica.

Los médicos del servicio, antes de comenzar a operar nuevas patologías, debían cumplir con: prácticas de anatomía en cadáveres de la región a operar; ejercitación de la técnica quirúrgica en perros; turnos semanales de anestesia, de encargado de sala y de encargado de quirófano; participación, en una etapa posterior, como ayudante en del equipo quirúrgico hasta familiarizarse con la técnica quirúrgica de la operación.

En el servicio todo estaba rígidamente establecido. Tanto la preparación preoperatoria como los procedimientos operatorios reglados; los cuidados postoperatorios estaban escritos con máximo detalle. Figuraba por escrito lo que debía hacer y cómo debía hacerlo cada integrante del equipo quirúrgico en cada paso de la operación, tanto el cirujano como los ayudantes y la instrumentadora. Y esto debía cumplirse en sus más mínimos detalles.

La fuerte vocación de Ricardo Finochietto por la enseñanza y la formación de una escuela quirúrgica lo llevaron a incorporar médicos jóvenes a su sala. Buscaba profesionales recibidos hacía poco tiempo. Los consideraba más aptos para mantener el régimen que él quería imponer en su servicio y más apropiados para absorber la modalidad quirúrgica de su sala, al no haber adquirido otras en otros servicios. Cuando en 1938 la municipalidad reglamentó la carrera médico hospitalaria, para incorporarse a ella se debía tener por lo menos diez años de recibido. Salvo el jefe, ninguno de los integrantes de la sala tenía antigüedad para acceder. Fue por eso que un médico de otro servicio del hospital bautizó a la sala del Dr. Ricardo Finochietto como el “jardín de infantes”.

En las décadas de los 20 y de los 30 la bibliografía quirúrgica en idioma inglés y alemán era la más importante. Para incentivar a sus discípulos al estudio de idiomas, Ricardo Finochietto promocionaba en el servicio a quienes los estudiaban, les ofrecía intervenciones quirúrgicas más importantes como cirujanos o ayudantes. Con esta directiva, conseguía que sus discípulos aprendieran idiomas, tuvieran acceso a las últimas técnicas publicadas y conocieran las observaciones clínicas y experimentales de avanzada para aplicarlas en el estudio y tratamiento de los enfermos.

Estimulaba la publicación de técnicas, métodos y estadísticas de resultados alejados. Así se constituyó en el Servicio, con más publicaciones científicas en las décadas de los 30 y de los 40.

La mística de la Escuela Finochietto se fundamentó en una dedicación máxima a la sala del hospital, al cumplimiento estricto y detallado de las normas, los métodos y las técnicas; así como a la capacitación y la actualización permanente de la bibliografía y a la observación y el estudio intensivo de los enfermos.

Con horario estricto, había que estar 7:30 hs. en sala de operaciones y a las 8:00 hs. en la sala de internación, hasta las 13:00 hs. Ese era también su horario. Ricardo Finochietto creó un ámbito donde el alumno, bajo la orientación y guía del maestro, recibía una formación integral.

En resumen, los cinco pilares que sostenían la Escuela: el trabajo, la dedicación, el estudio, la concurrencia, la puntualidad. A casi diez años de su inicio, ya estaba formada; Ricardo Finochietto, entonces, consideró que sus colaboradores podían presentarse en mostraciones quirúrgicas. Así nacieron las sesiones quirúrgicas para graduados. Los días miércoles, cualquier médico de la ciudad, del interior del país o del extranjero podía asistir a las operaciones y, en ocasiones, tomar parte en ellas.

Ricardo Finochietto creo así, en 1938, la Escuela Quirúrgica para Graduados. El 9 de mayo de 1938 se realizó la primera sesión quirúrgica. Comenzaron a desarrollarse los días miércoles y constaban de: en primer lugar, intervenciones programadas; en segundo, presentación de casos; lecciones prácticas de patología, clínica quirúrgica y radiología; luego, presentación de instrumental y, por último y por la noche, cirugía en animales. Se agregaron con posterioridad las “sesiones conjuntas”, una vez por mes, por la tarde, y las “sabatinas” de los días sábados, donde se discutían diagnósticos, conductas y resultados.

El reconocimiento oficial de la Escuela Quirúrgica Municipal para Graduados fue en 1949, por decreto/ordenanza 1647 del 18 de febrero de ese año. Se designó como director al Dr. Ricardo Finochietto. A cargo de ella quedaban las mencionadas sesiones quirúrgicas, las conjuntas y las “sabatinas”. El 4 de mayo de 1953 se puso en marcha, también allí, el Curso de Cirugía Básica para Graduados, de dos años de duración. El ingreso dependía de una prueba de admisión. Los médicos cursaban rotando por los distintos sectores y especialidades quirúrgicas en rotaciones de cuatro meses de duración que consistían en: cursos de actualización, sesiones quirúrgicas en animales, clases de técnica operatoria, demostraciones anatómicas en cadáveres y concurrencia al ateneo de los días sábado, las “sabatinas”. Cada rotación debía aprobarse con un examen final. Se efectuaban, además, visitas a otros servicios calificados. Cuando se completaba el extenso plan que abarcaba toda la cirugía general, se podía elegir una especialidad.

Otro departamento creado en 1938 por Ricardo fue la Escuela Práctica de Enfermería, con alumnas de las Escuelas de la Cruz Roja y de la Cruz Azul. Así, se formaban las enfermeras de sala y de quirófano, las técnicas en radiología, las especializadas en ortopedia y traumatología e instrumentadoras, de gran importancia para el funcionamiento de los servicios. Esto fue, posteriormente, imitado en otros ambientes.

Las dependencias de la Escuela fueron ampliadas anexando la Sala v de Cirugía por decreto municipal 5.760 del 28 de mayo de 1956. En 1961, por ordenanza 18.614, se determinó que el director de la escuela sería el jefe del Servicio de Cirugía General de la Salas v y vi, y contaría con la colaboración de un consejo técnico administrativo.

El 21 de abril de 1972, a diez años de la muerte del Dr. Ricardo Finochietto, por ordenanza 2.664 la Intendencia de la Ciudad de Buenos Aires se le impone su nombre a la Escuela Quirúrgica Municipal para Graduados del Hospital Rawson. Tres años después, el 8 de abril de 1975, por ordenanza 1.757 se produce la ampliación del área con la incorporación de las Salas XV, XX y XXI y las dependencias quirúrgicas del Pabellón Olivera del Hospital Rawson. Además, en homenaje extensivo, la escuela pasa a llamarse Enrique y Ricardo Finochietto.

A mediados del año 1978, la Municipalidad decide el cierre del Hospital Rawson. La escuela se traslada, entonces, al Servicio de Cirugía del Hospital Argerich, cuyo Jefe era el Dr. Delfín Vilanova. Posteriormente, el 26 de abril de 1984, se traslada a la Sala vii de Cirugía del Hospital Ramos Mejía, cuyo jefe era el Dr. Roberto Gárriz.

Enrique y Ricardo Finochietto escribieron juntos el Tratado de Técnica Quirúrgica, en once tomos, libro básico y de consulta para todos los cirujanos. Los hermanos, su escuela y sus discípulos han contribuido decididamente a ubicar la cirugía argentina como punto de referencia obligado en Latinoamérica y, en algunas especialidades, a nivel mundial.

René Leriche, el gran cirujano francés de la primera mitad del s. XX, publicó un hermoso libro en 1951 titulado La Philosopie de la Chirurgie. En él escribe, refiriéndose a las escuelas quirúrgicas en el mundo: “En el tiempo presente yo no veo más que una que, por la personalidad de sus creaciones, por la perfección de sus procedimientos operatorios, merece una mención especial: la escuela de E. y R. Finochietto de Buenos Aires”.

Cuando la Universidad cumplió cuarenta años, en 1996, el Decano de la Facultad de Medicina, el Dr. Adolfo Lizárraga, le encomendó al Dr. Alfonso Roque Albanese la realización de una jornada de homenaje a la Escuela Finochietto. En la diagramación de las tarjetas de invitación, diseñadas por el Dr. Lizárraga y mi padre, se incluyeron dos fotos de los hermanos Finochietto. Debajo de la de Enrique figuró la palabra genio y, debajo de la de Ricardo, maestro. Creemos que estas dos palabras definen la contribución principal de cada uno de los hermanos Finochietto a la Escuela.

Por último, quiero destacar dos hechos: el primero, la donación en vida del Dr. Ricardo Finochietto a la Universidad del Salvador de la biblioteca que había formado con su hermano Enrique. Sé, a través de lo que nos contaba nuestro padre, lo que significaba esa biblioteca para los hermanos Finochietto. A ella concurrían a diario los cirujanos del servicio del Hospital a estudiar y a incorporar la enseñanza de los maestros. Con gran sentido de hospitalidad hacia sus discípulos, los hermanos Finochietto les brindaban un ambiente propicio para el estudio, los ayudaban en las búsquedas bibliográficas y les servían té con bizcochos. Y, en segundo lugar, la forma en que la Universidad del Salvador ha sabido valorar y preservar esta donación en la Biblioteca Histórica en Pilar y en su sede Central, donde se pueden apreciar y valorar documentación, moblaje e instrumental que pertenecieron a la biblioteca y consultorio de los hermanos Finochietto, preservados y cuidados en forma inmejorable por la Mg. Liliana Rega y su equipo de colaboradores.

Como afirmó el Dr. Alfonso Roque Albanese, refiriéndose a Ricardo Finochietto: “Su vocación de enseñar sin límites en el esfuerzo y el sacrificio significó un ejemplo para todos los que hemos tenido el privilegio de recibir sus enseñanzas y nos obliga en esa línea docente haciéndole honor al gran maestro de la cirugía argentina que fue Ricardo Finochietto”.

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1Se trata del opúsculo “El Rawson” publicado en Huellas en papel. Publicación de la Biblioteca Histórica de la Universidad del Salvador, 2015 4(7), 90-93. Recuperado de https://p3.usal.edu.ar/index.php/huellas/article/view/3317

2“Si tuviéramos que caracterizar a la institución por sus dos mayores logros elegiríamos al Instituto Modelo de Clínica Médica y a la Escuela Quirúrgica” (Pérgola, 2014, p. 228). La Clínica Médica fue dirigida por el Dr. Luis Agote.

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