Huellas orales en papel

Huellas en Papel VI / No.11 (2018)


HABITAR EN EL ARTE

Una entrevista a Silvina Benguria

Silvina Benguria es una reconocida artista plástica que ha compartido una gran amistad con Eduardo Bergara Leumann. Los unió un exquisito sentido artístico, esa posibilidad de crear donde se vive –Bergara en su Botica, Silvina en un taller que se enrama con su casa– quizás ambos compartieran también el amor a los animales, ella un perro Tití, él sus gatas… Aquí los recuerdos de una amistad que se sigue sintiendo viva, porque “al gordo se lo extraña mucho”.

L.R.: ¿Usted pintó a Sábato en la primer Botica de Bergara Leumann, verdad?

S.B.: En la década del ‘60 Eduardo dio cabida a los pintores en su programa. Los programas de televisión que hacía, hoy en día serían innovadores. A mí me invitó muchas veces a los programas de televisión. Como era muy corpulento y se hacía los chalecos pintados por los artistas, parecían cuadros… íbamos al programa. La promoción que Eduardo ha hecho de la pintura es increíble. Tenía además un gran sentido estético, muy buen gusto, buscaba los colores, los combinaba, por ejemplo, un día lo hacía todo en verde, plateado y negro, otro en rosado, violeta... Es uno de los mejores recuerdos que tengo, me moría de vergüenza... recién comenzaba a pintar, no me conocía nadie. El gordo tenía la primer Botica de la calle Lima, y me invitó para que pintara una pared, yo hice a Sábato con una corona, lleno de alhajas. En esa época inicié la amistad con el gordo… Después me fui a París un tiempo. En esa época nos vimos poco porque yo estaba con un tema personal, separándome de mi marido. No nos comunicamos demasiado entonces, pero recuerdo que él salía a la calle vestido de ángel. Nunca supe por qué tuvo ese apego por los ángeles, pero todo lo que fuera un ángel le encantaba. Además tenía su traje de ángel, era genial el gordo… Hablábamos mucho de arte, a veces yo iba a tomar el té los sábados, el hacía esas maravillosas reuniones, ponía un cantante en la escalera… era un tipo muy creativo, de la nada hacía cosas… También pinté a Susana Rinaldi (me encanta como canta), yo era muy chica en esa época, ella hacía Los siete pecados capitales; le pinté el traje, ella era la avaricia, pusimos monedas. También hice una muestra de maniquís.

L.R.: ¿Por qué no tuvieron divulgación en Argentina los bocetos de dibujos que él hacía? No se lo conoce aquí como artista plástico, sin embargo en Nueva York expuso sus dibujos en la casa Brentano’s… S.B.: Yo no sé si a él le interesaba tanto ser dibujante. Lo hacía tipo hobbie. Porque acá, en Argentina era “el gordo Bergara” y la marca era él mismo, no le interesaba promocionar otros aspectos.

L.R.: Si tuviera que representar a Bergara, como esos personajes que usted pinta, que son grandes, voluminosos ¿cómo lo llevaría a la pintura?

S.B.: Lo retrataría sentado con el sombrero, su chambergo, como se sentaba él, un poco con las piernas abiertas, simple. Hay un retrato divino que le hizo Héctor Borla, es un retrato fantástico. Para mí es uno de los mejores retratos de Borla. Después los otros retratos que le hicieron eran caricaturescos… Él te podía llamar a cualquier hora, a las tres de la mañana por ejemplo y decirte: “Mira para mañana necesito que me pintes unas gallinas…porque es Pascua y necesito huevos y gallinas”. Y... yo era incapaz de decirle al gordo que no porque yo sabía que él era un artista. Él era un artista total. Él no ha sido valorado como artista, sí como personaje, eso es verdad, pero no ha sido valorado como artista. Era un personaje, y creo que el personaje se tragó al artista, era muy artista, uno iba a la casa y era todo armónico, sacaba de un patio una plantita y pintaba una cosa y todo cobraba otro vuelo, otro sentido…

L.R.: ¿Es kitsch20 la propuesta de Bergara ?

S.B.: Noooooo. Estilo barroco, que no es lo mismo. Primero que lo kitsch también es un arte. Pero lo de él no era kitsch. Lo de Bergara era lo que él era. Él tenía una gran necesidad de hacer de forma grandilocuente, y uno cuando ve lo que hizo piensa: ¿cuánto habrá gastado? Pero lo hacía con muy pocos recursos. Y plata no tenía, el gordo siempre estaba arañando. Eduardo no podía vivir de otra manera. En una casa como esta se hubiera muerto de aburrimiento, me la hubiera llenado de cosas, había una exuberancia, había un sentido, él tenía un estilo. Le costaba conseguir las cosas, pero buscaba el sentido, la armonía. Él se merecía toda la ayuda porque lo que él hacía era fantástico. Lo importante además es ver cómo se rehizo, vendió la casa de su madre de la Av. Córdoba que era un departamento común, y con ese dinero pudo reconstruir la Botica. Una Iglesia antigua, una ruina en la calle Luis Sáenz Peña, la fue arreglando, le llevó mucho tiempo… él hubiera seguido y seguido… Debería haber recibido ayuda del gobierno.

L.R.: ¿Nos querría dejar su semblanza de Bergara Leumann?

S.B.: No se tenía que haber muerto el gordo. Se lo extraña mucho. Muy buen amigo, en todas las exposiciones que yo hacía estaba él. Tenía una cabeza, una visión de absolutamente todo, una gran cabeza. Muy inteligente, muy buen amigo, y muy… ¿cómo te puedo decir? tenía una dosis de humor negro… duro, pero si lo necesitabas estaba ahí como amigo. A él por supuesto que el tema de la gordura lo preocupaba porque ¿a quién le gusta ser gordo? Lo que pasa es que él muy inteligentemente lo ponía en evidencia, hacía un uso de eso, lo aprovechaba. Era un mago, todo lo que veía lo podía transformar, por eso había muchas cosas en su casa. Las gatas también eran gordísimas, enormes, una blanca, otra gris y otra negra, había un tacho lleno de comida para gatos, venía la gata y apenas hacía miau ya les daba. Cuando se enfermó una amiga en común, Petra, ella era muy rica, lo hizo adelgazar y era otra persona ¿vos sabés que estaba flaco y… no era él? era otra persona. Lo que quiero destacar es que era una persona única e irrepetible, tenía una cabeza…! No se supo apreciar todo lo que podía hacer. Con una ayuda económica, lo cual me parece una injusticia horrible que no la haya tenido, hubiera sido un fenómeno mundial. Él era un hombre del Renacimiento, los programas de tango eran maravillosos, cómo engarzaba los cantantes con los pintores y luego los escritores, muy hábil con la palabra, muy culto, muy ocurrente y muy gracioso.

Fecha de la entrevista:
28/09/2017

20 Kitsch es un estilo artístico considerado “cursi”, “adocenado” o “trillado” y, en definitiva, vulgar aunque pretencioso y por tanto no sencillo ni clásico, sino de mal gusto. (N. de la Ed.)

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