Huellas orales en papel

Huellas en Papel VI / No.11 (2018)


EL CANTO PROFUNDO
DE UNA CULTURA OCULTA

Una entrevista a Susana Rinaldi

Susana Rinaldi puede ser reconocida por su indiscutida voz, por su gran talento artístico o por su desempeño en cargos públicos. En esta entrevista para Huellas en papel recuerda a un entrañable amigo, Eduardo Bergara Leumann. Entonces “la tana Rinaldi” levanta otro canto, como ecos o retazos de una cultura profunda que aún espera ser rescatada.

L.R.: En el imaginario de todos los porteños hay una vinculación entre sus inicios en el tango y la Botica del Ángel, pero ¿cómo llegaron a conocerse Susana Rinaldi y Eduardo Bergara Leumann?

S.R.: Como yo viví 24 años en el extranjero se han perdido sucesos de los años anteriores a que yo me fuera del país. Es por esa razón que mucha gente, mucha gente, olvida toda mi tarea teatral, cinematográfica y televisiva, que fue muy intensa y en la que Bergara tuvo mucha incidencia. Nunca se hace referencia a esa porción de mi vida, de modo que está como olvidada. Se omiten las actuaciones que realizamos juntos, Bergara y yo. Estoy hablando de los años 60, cuando Eduardo no pensaba ser nada de lo que después fue. Eduardo Bergara Leumann comenzó siendo un gran figurinista (creador y diseñador de vestuario de personajes), un hombre con una inteligencia impresionante y muy estudioso de todo. Con los años se acrecentó su apariencia de “a mí qué me importa”, pero nadie podía sospechar la fuerza creativa, el estudio que había detrás de esa expresión. Cuando aún ni pensaba en crear la Botica del Ángel, trabamos una amistad. Eran tiempos en los que me vestía para la televisión y para el teatro, tengo las fotografías de toda esa época. Me da mucha satisfacción explicar esto, en ocasión de esta entrevista, porque nosotros como pueblo no tenemos memoria. Yo he tenido un gran maestro que decía “éste es un país sin memoria, y por lo tanto sin eco”. Es una frase muy dura, pero como era catalán se podía permitir decirla, fue un gran director del Teatro Nacional17. Yo estudié en la Escuela Nacional de Arte Dramático al mismo tiempo que estudiaba en la Escuela de Música. Es decir, comencé a estudiar música, y terminé siendo actriz a partir de lo que yo pude observar allí dentro. Era una casa inmensa a la que se entraba por la Av. Callao y se salía por Av. Las Heras. Es decir que yo entraba a las 9 de la mañana por Callao para estudiar música y salía a las 10 de la noche por Las Heras luego de estudiar arte dramático. Y conocí a Bergara como actriz, él estaba entre nosotros dibujando, era un pibe altísimo y flaco, una época en la que él estaba muy apegado a su madre, una alemana muy recta, seria, nada simpática, naturalmente, una mujer que quedó sola al cuidado de su hijo varón. Debe haber sufrido lo suyo la señora. Pensemos también que nosotros fuimos siempre bastante alocados. Hay un bache en la historia cultural del país, un desconocimiento; salvo mis memorias, que todavía no están a la vista, no hay otros escritos o documentos donde se recoja este tipo de cosas. Eduardo se convirtió en un gran amigo, que me ha acompañado, y me ha acompañado en el exterior. Cuando llegué a Italia por primera vez en mi vida, después de haber entrado a París, y de haber trabajado como cantante, aún siendo digna hija de italianos, el último país que me recibió en Europa fue Italia. Italia es el país hasta hoy más refractario a hablar de argentinos, habiendo sido Argentina lo que ha sido para los italianos… Bueno, más allá de eso entré a Italia cuando ya estaba haciendo una carrera bastante meteórica en Europa, me encontré con Bergara y comencé a vivir en uno de los hoteles más caros de Roma, el Hotel d’Inghilterra, él vivía ahí. Eduardo tuvo siempre el don de estar rodeado de gente de mucho dinero que pudo estimularlo. Era una gran personalidad, se divertía como loco en la vida, nos hacía reír, nos hacía bien, evitábamos de esa manera sentir que estábamos fuera de casa y que estábamos ausentes de Argentina. Bergara amparó nuestras soledades. El Hotel d’Inghilterra estaba y está aún hoy pegado a la casa del modisto Valentino, por lo que de pronto Eduardo conocía a todos los mejores, nadie sabía cómo había llegado. Nunca fue egoísta, siempre trató de contactarnos con esa gente, sobre todo cuando creía en nosotros.

L.R.: Y retomando aquellos primeros tiempos de ustedes, ¿cómo aparece la vinculación con el tango y su inserción en la Botica del Ángel?

S.R.: Bergara fue alguien que me permitió iniciarme en el mundo del tango y de la canción popular con mayor comodidad. Eso fue a través de una circunstancial llamada telefónica. Él inauguró la Botica del Ángel un día de carnaval de 1967 y me propone que cante. Y eso me lo propone porque como en algunas cosas yo era más loca que él, decidía “hago esto”, o “hago lo otro”, nunca nadie me dijo lo que tenía que hacer, siempre hice las cosas por voluntad propia, y gracias a Dios había locos como yo que me seguían, me apoyaban. Una de esas cosas fue la respuesta que di a una casa discográfica que en esos tiempos se acercó a mí para proponerme grabar un disco de poemas a la manera de María Casares, una actriz española maravillosa que había hecho un disco de homenaje a un gran poeta español. Cuando me vienen a proponer hacer un disco de poesía argentina, yo advertí que se estaban dejando llevar por lo que había hecho María Casares. Entonces yo dije, que así como Miguel Hernández hubo uno solo, también hubo una sola María Casares. Por lo tanto yo respondí que no me atrevía a eso, no quería entrar en competencia para nada, entonces dije que no. Y de pronto me pregunta quien después fuera director de todas esas grabaciones: “¿Y usted qué grabaría?” Y yo con una gran soltura le dije, “mire yo lo único que grabaría serían tangos”. Y el tipo se cayó sentado. ¿Usted sabe lo que era en esa época que una mujer quisiera grabar tango? Una mujer que era una trágica en teatro.Yo ya actuaba como primera figura. Mi madre, que estaba escuchando desde la cocina porque esto sucedió en mi casa, luego me dijo: “yo creí que te habías vuelto loca ¿cómo le vas a contra ofertar su propuesta?” Bueno, ellos me preguntaron qué grabaría, y yo les dije, tango. Porque precisamente gracias a mi madre siempre me gustó el tango, ella cantaba tangos, no profesionalmente, pero cantaba. Mi casa se dividía entre la música clásica o música de cámara que escuchaba mi padre hasta el año 1951 cuando falleció, y el tango que escuchaba mi madre, quien delante de mi padre nunca lo entonaba. A mí me quedó toda esa rebelión dentro, no me metí con el tango de casualidad, fue como un homenaje a mi madre y al mismo tiempo un reconocido homenaje al teatro, porque yo veía todas esas obras como una actriz, como alguien pensante, no como entretenimiento o pasatiempo. No. Yo veía la historia del tango como lo que es hasta ahora para mí: con cada una de sus poesías puede hilvanarse nuestra historia social y política. Si pudiéramos verlo así, ya nos hubiéramos curado de espanto y ya hubiéramos sabido qué hacer con nuestra historia social, política, económica, y por lo tanto cultural. Ahora, una semana después esta gente me llamó. Y me respondieron: “Usted es tan buena en lo que hace que por algo debe ser lo que nos está sugiriendo, ¿por qué no, si el tango es la canción de ustedes?” No cantaba todavía públicamente, pero allí hice mi primer disco que se llamó Mi voz y mi ciudad. No sabe los elogios que recibí de ese primer disco, la crítica especializada habló mucho más de ese disco que de lo que yo había hecho como actriz. Le cuento todo esto porque ¿quién fue el primero que me llamó cuando el disco salió a la calle? Bergara. ¿Por qué? Porque tomé unos cuantos discos y se los regalé a mis amigos. Cuando Eduardo lo escuchó, me propuso: “Voy a inaugurar algo que se llama la Botica del Ángel”, era en Lima 614, y “desde ya que te estoy invitando, y me encantaría que presentaras el disco”. Yo le digo, “pero no, esto es algo que hice para mí, estoy aún sorprendida de la crítica, no, no querido, mi tarea es el teatro”, porque yo amo profundamente el teatro, y seguí trabajando en teatro porque cada una de mis expresiones musicales tienen mucho de tragedia. Pero Bergara insistía y yo le decía: “¿cómo voy a cantar delante de la gente?” y él largó risotadas y dijo: “viene Mecha Ortiz, viene Niní Marshall”. Y yo, “pero esas son grandes ya”…Pero él ya tenía pensado el traje… Entonces dije: “y bueno, vamos a jugar un poco, vamos a jugar un poco con la música”. Entonces hizo preparar a un conjunto musical donde había dos guitarristas, un bandoneonista, baratieri18, nada especializado, nada pomposo, esa noche del 67 para esta inauguración. ¿Cómo termina la cosa? Pasó algo de lo más simpático por un lado y desgraciado por otro. Esa noche prendió todas las luces de la casa pero como no estaba preparada, estalló la instalación eléctrica (la casa tenía una escalera del mármol que nunca olvidaré porque entonces era lo suficientemente joven como para subir y bajar escaleras a los trancos y sin problemas). Entonces pasó algo lindísimo: él había colgado por todos lados, en cada uno de los pisos que la gente visitaba, faroles de querosene; prendió todos los faroles y así se inauguró la Botica del Ángel. Él conocía mi cuerpo mejor que nadie porque me había hecho la ropa para el teatro, el cine, la televisión. Me esperó con un traje maravilloso, pantalón y chaqueta de terciopelo negro, un terciopelo hermoso, como un esmoquin, la camisa blanca, un vestuario precioso. Yo bajaba las escaleras de madera que comunicaban las habitaciones con el centro de la casa, bajaba todas las noches como un rito esas escaleras, sin micrófono, nunca me causó esfuerzo, eso lo agradezco a madre natura. Después volvía al juego con él, disfrazado, y jugábamos todas las noches sin un libreto en las manos, improvisábamos. La gente no tenía butacas, pagaba $1 por unos almohadones maravillosos de seda que Bergara había inventado (imagínese el valor del peso), era como si cobrara $1000 hoy. La gente llenaba la Botica todas las noches. En principio esa casa se presentó como una casa paqueta, para la gente paqueta. No entró directamente el pueblo, pero sí entró todo el pueblo artístico del país: escritores, músicos, pintores, cineastas, Berni, Tiglio, Josefina Robirosa. Los artistas se repartían los espacios para ir modificándolos cada mes… era un concepto totalmente nuevo de espectáculo. Entonces arrasó; cada noche, en ese gran living del primer piso deben haber entrado 70 u 80 personas. Y no había repeticiones, el juego lo inventábamos cada vez. En ese momento cantaba pintada por Berni, que me hizo el personaje de Ramona Montiel19; era verano, todo favorecía. Empezaba en la terraza cantando con estos tres músicos que teníamos, tuve que aprender las canciones porque las había leído para grabarlas, no las había aprendido de memoria, era un texto del que yo extraía el aspecto de comedia como para después seguir el juego y él daba vueltas por toda la casa. Era una casa movible. Fue una experiencia maravillosa desde todo punto de vista. Fue la primera persona del ambiente artístico argentino en dar un lugar a pintores, escritores, músicos desconocidos para el gran público. En la inauguración de la Botica estaba Sábato al lado de Troilo. Nadie se sentía superior a otro, y a cada uno que llegaba le hacíamos un homenaje. No avisaban que iban a venir, y cuando llegaban ahí estaba el despliegue que hacíamos, que improvisábamos. En la Botica del Ángel entrábamos todos los artistas del país de la plástica, la música, la poesía, del teatro, el cine… estábamos todos, no hubo favoritismos para ninguno. Después de la inauguración cada uno asumió diferentes tareas en ella. Yo en esa época debía cumplir, además, con contratos que tenía con el viejo Canal 13. Se trabajaba muy bien en ese momento, lo que hacíamos artísticamente era muy serio, porque era cosa seria la televisión. Ahora no es posible ni imaginarlo. En aquel momento, artistas como Bergara debían ponerse a tono con el estudio, dosificar lo que hacían, porque si lo hacían para este programa no lo podían hacer para otro. Nos habíamos acostumbrado a trabajar sin mafias, no existía esa palabra en nuestro círculo.

L.R.: ¿Qué une a dos artistas en el extranjero?

S.R.: Compartimos la necesidad de dejar el país, porque cuando un gobierno trae la necesidad de matar, un artista huye despavorido. Entonces yo fui durante muchos años “de esta mujer no se habla” por eso todo lo artístico mío fuera de casa no trascendió.

Nadie, nadie sabe esto, porque en ese período había gente que no estaba muerta, como es mi caso, pero sin embargo se tuvo la necesidad de hacer como si estuviera muerta. Y nos convertimos en un país solitariamente imbécil, en el país del no me acuerdo…Entonces no se sabía absolutamente nada de lo que hacíamos en el exterior. Los que se quedaron tampoco hacían nada para difundir nuestro arte. Las cosas estaban mal mezcladas y nos enjaretaban razones que no eran ciertas. Porque nadie decide irse de su país, sobre todo siendo madre, teniendo hijos, nadie hace eso; y nadie como Bergara, que luchó tanto por la cultura del país y a quien le costaba tanto que le entendieran artísticamente. Hay una profunda falta de reconocimiento a la cultura. Si a alguien no se lo reconocía era a él. Y debe haber sido muy doloroso. Uno de los tesoros que tiró abajo la entonces Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires fue la pieza de arriba, que tenía una gran obra de Forte. Es como si los griegos hubieran tirado abajo sus obras escultóricas. De eso nadie se enteró. Cosas maravillosas pasaron en aquella casa… Recuerdo cuando Benítez decide pintar con Josefina Robirosa sobre un traje de seda que yo llevaba puesto. Toda la pintura se me quedó en el cuerpo. Y yo no sabía cómo salir de la bañadera donde me habían metido, fue terrible y el gordo se reía a carcajadas… todo eso era por y para la cultura. Niní Marshall había pintado en la pared las cosas que decía su personaje Catita. Soldi también pintó con una paciencia impresionante el techo… y todo eso cayó y no se recogió ni una miserable baldosa… esto pasa en un país absolutamente desapercibido, cuando no hay una política cultural. ¿Cómo no se iba a ir Bergara? ¡Los años que pasaron después para que pueda hacer la otra Botica! La segunda casa nada tuvo que ver con la primera, porque todo se basaba en la hechura de una casa… lo que le costó volver a comprarla…

L.R.: Generosidad, complicidad, amistad…

S.R.: Sí, además… le voy a contar, él estuvo ligado profundamente a mi familia, él amaba a mi familia, mis dos hijos tienen obras suyas, son regalos de sus casamientos. Al casamiento de Ligia pudo ir pero al de Alfredo ya no, estaba enfermo, pero se reía (él nunca decía que no se sentía bien), se seguía riendo de todo. Le regaló un cuadro a Alfredo que hoy es el único que tiene exhibido en su casa, son ángeles negros, muy hermosos. El día anterior a su último cumpleaños, el mismo día que murió, llamó para decir que fuéramos a retirarlo. Lo pudimos hacer después, no hicimos a tiempo ese día… Esa fue la última caricia que le hizo a mi familia. Bergara estuvo junto a mí en las buenas y en las malas, un gran amigo... acá y afuera. Se reía a carcajadas y me hacía depositaria de las cosas que le pasaban, las buenas, las odiosas, las simpáticas, las tristes. Un gran amigo. Una persona generosa. Estoy convencida de que él se las hubiera ingeniado para hacerme compañía durante la última etapa que pasé como Agregada Cultural, en la Embajada Argentina en Francia. Era una persona a la que nunca oí quejarse, ni aún de la cuestión política. Conmigo discutía porque yo tengo un criterio político que él no podía seguir, pero eso fue únicamente por homenaje a su mamá. Eso lo entiendo, lo entendí. Nunca me lo hizo sentir y eso es inmenso. Yo le agradezco mucho, además me divertía, era un hombre con un gran sentido del humor. Amábamos lo que hacíamos, y al mismo tiempo nos entendíamos y nos divertíamos. Un humor inteligente. Él imitaba a Margarita Xirgu, a Lola Membrives, podíamos disfrutar de eso porque antes las habíamos visto actuar seriamente. Entonces era otra cosa el mundo de la cultura.

Fecha de la entrevista:
13/07/2017

17 Se refiere a Antonio Cunill Cabanellas (N. de la Ed.)

18Voz del lunfardo que significa barato, de escaso valor. (N. de la Ed.)

19Véase nota 7, Descripción archivística (N. de la Ed.)

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