Notas de vida

Huellas en Papel VI / No.11 (2018)


Papeles:lazos para un ensueño azul14

Lo real, un volumen corporal imponente, un porte senatorial, imperial, “el gordo Eduardo Bergara Leumann”.

Una ficción italiana, en Benevento, hombres y mujeres crecen entre cuentos y leyendas de aquelarres desde la época del Imperio romano. Dice el folclore de ese lugar que la joven Bianca Lanci enamoró al emperador Federico II cuando le hizo beber el brebaje que le ordenó preparar una bruja, con setenta hierbas que recolectó durante una noche de luna llena. Lo real, en Benevento la familia Aliverti elaboró desde 1860, hasta el día de hoy, el licor Strega, o licor de las brujas, a partir de una receta original celosamente guardada, con setenta hierbas, entre otras, el azafrán, hinojo, la canela, la menta… El licor Strega, bruja o embrujado en italiano, es de un seductor color dorado “como un sol líquido”. La realidad, Strega es una bebida digestiva excelente para las noches de invierno; la leyenda, un brebaje para el hechizo de amor.

Un contexto: Bergara hace correr su discurso típicamente transgresor, el del porteño de vanguardia de la década del 60, entre los happenings de Marta Minujín, la aparición del impertinente Instituto Di Tella, el dadaísmo de Federico Peralta Ramos; pero también entre un porteñaje rancio for export, y las agonizantes emisiones de Grandes valores del tango. Una personalidad refinada, original, una burla constante a la rutina y a los esquemas: de la anacrónica asociación tango-faroles-compadritos, pasa al tango como desfiles de mannequins (se anticipa así a los sofisticados montajes coreográficos de las películas Tangos y Sur de Pino Solanas)15. Bergara Leumann fue un anti Soldán16.

Una casa creada desde el juego dinámico de dos fuerzas: la realidad y la fantasía. Una casa que se pierde y vuelve a surgir varias veces, tres veces. Tres, número con valor simbólico en todas las culturas y en las religiones, que significa (entre muchas otras cosas) la posibilidad de creación. La casa que se reinventó a lo largo de la vida de un mismo hombre fue antes un templo protestante que antes fue un depósito de café ¿y antes un hotel alojamiento? Un origen quizás incierto, quizás marginal. Un templo “con dioses optativos” cuyo glamoroso anfitrión muestra el sombrero que fuera de Victoria Ocampo y que podría no serlo en la realidad, acaso apenas parecerlo. Una casa con un color: el azul.

Vestuarista, actor, artista plástico, escenógrafo, escritor, dibujante, productor, y cocinero, y brujo, y una voz que dijo desde sus inicios underground: “Aquí vendrán todos a olvidar la pena, a reírse, a comunicarse y a comprobar que no estamos solos, y que la alegría no es un mito”.

Tres gatas: La Morocha, Botica Victoria y Milonguita. Gordas.

Otras realidades: a algunas pocas declaraciones de tipo político, le siguieron la bomba, las amenazas telefónicas… Pero asegura que cuando decide vender La Botica es porque en verdad la bomba había estallado adentro suyo, y porque en Buenos Aires “volvemos al gris, ya no nos podemos disfrazar…”

Un manuscrito de Martha Lynch:

Se me ocurre que Buenos Aires es un amigo; te sigue, te acompaña, tiene paciencia, te espera, a veces, en una esquina de la que acaso te olvidaste el nombre, te tiende una taza de café. Siempre hay un café en Buenos Aires para la gente a la que se le ocurrió sufrir. También está la calle donde te encontraste, o el punto del adiós, quiero decir, precisamente, el sitio donde comenzó tu historia […] ochos y quebradas para una danza ritual en la que el porteño se mira en el espejo haciéndose el desentendido y con los mismos gestos del amor.

Francófono, como todo porteño que se precie de culto, escribe un poema en la carta de Le Mandarin, un café parisino. Aquí los cuatro versos finales:

Si tu me l’ordannéstoutbas
[Si me lo ordenas]
Je donneraima vie entière
[Daré mi vida entera]
Por un instant entre tesbras
[Por un intante entre tus brazos]
Moncoeurestfait…
[Mi corazón está hecho…]

La melancolía que acompañó a Bergara (¿a los porteños?), tan real como el ensueño, como esa inigualable experiencia ciudadana de estar acodado detrás de la ventana de un café y escribir en las servilletas o en cualquier espacio de papel en blanco; real como los mitos y leyendas; real, como su insistente ahínco por comenzar y recomenzar un espacio donde habite la alegría: “Hacen falta las sonrisas como la de Gardel la de Perón. Hace falta milonga, mucha milonga”, expresa en una entrevista que le realiza Sánchez Sorondo.

El mentiroso final de una casa: Bergara bebe junto al periodista Siv Ekeren (1971) varios tragos del licor Strega. Entonces, se produce la escena fundante de una de las más importantes ficciones de la Ciudad de Buenos Aires, un hechizo que desmentirá los finales. Desde entonces la única muerte es la del límite incierto entre la realidad y la ficción, aunque el personaje principal afirme que se va, que “estoy cansado de ser una tortuga y de moverme con la Botica a cuestas”; porque lo que habrá a lo largo de toda la vida de Eduardo Bergara Leumann es una casa que nunca acaba, que resurge con personajes, príncipes, actrices…

Y porque además ya se sabe: los templos no se hacen solo con ladrillos y cemento, y el héroe de esta leyenda es un hombre-ángel que sigue desplegando gestos de amor a los artistas argentinos, y les sirve una taza de café; y se encuentra habitando una casa azul sin comienzo, en una ciudad eterna como el agua y el aire.

14 Las presentes notas fueron escritas a partir de documentos de la Serie Documentación personal, subserie Correspondencia; Actividades, subserie Café Concert y Museo Botica del Ángel; y Artículos de prensa sobre Bergara y su Botica del Ángel, de la Serie Acerca de Eduardo Bergara Leumann.

15 Me refiero a El exilio de Gardel: tangos (1986), y Sur (1988) estrenadas en Buenos Aires. La primera se convirtió en una película emblemática para los intelectuales porteños en la década del regreso a la Democracia. La película franco argentina Sur recibió el Premio al mejor director en el Festival de Cannes. La obra de Fernando Solanas se considera un manifiesto a favor de la renovación de la escritura fílmica.

16 Maurer, R. (1994). Señal de ajuste: diario de la televisión 1984-1985. Santa Fe: Universidad Nacional del Litoral. p. 18-19.

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