La entrevista : huellas orales en papel

La sabiduría que transforma

Entrevista al Dr. Bernardo Nante, investigador de las relaciones

entre la filosofía, las religiones y la psicología. titular de la

Comisión de doctorado de la Facultad de Filosofía y Letras,

y asesor en el VRID8.

 

"…hay otro aspecto de la obra de Quiles

que es fundamental y quiero señalar,

es el diálogo interreligioso.

Bueno, es importante ver que antes

de ser interreligioso, el diálogo

tiene que ser diálogo."

 

L.R.: Bernardo, querríamos reconstruir aquel encuentro, cuando el Padre Quiles ya era un referente como filósofo y teólogo en el estudio de las religiones y usted, el joven filósofo ya interesado por la antigüedad y por las religiones.

 

B.N.: Considero que tuve una doble suerte. Primero, por tenerlo como profesor en un seminario que él dio en la Facultad de Filosofía; una suerte porque él entonces ya no daba tantas clases. El Padre Quiles viajaba mucho, tenía varios adjuntos y no era tan fácil tener clases con él. Pero lo que caló en mí más profundamente es que pude encontrarme con un tipo de aproximación y de apertura que aún hoy no es habitual. Los estudios filosóficos y humanísticos aún hoy en nuestro medio no suelen tener en cuenta el estudio de las religiones, de otras tradiciones culturales, y de otras “filosofías”. Ahora se ha puesto un poco de moda en razón de la globalización y el “fundamentalismo”, pero seguimos siendo eurocéntricos. Con Quiles encontré esa diversidad que siempre me convocó porque creo que enriquece lo propio. Luego me interesé por su obra, si bien no hice mi tesis con él porque en aquel entonces yo ya venía trabajando en temas de la antigüedad clásica; sí trabajamos juntos en el CONICET. Luego me llevó a dar clases a la Escuela de Estudios Orientales. De muy joven comencé dando clases siendo su adjunto y después fui su profesor asociado, pues me facilitó el acceso a algunas de sus cátedras. Así que fueron unos cuantos años; fueron más de diez años en los cuales trabajé con el Padre Quiles en cuestiones de investigación, de docencia y de diálogo interreligioso.

 

L.R.: ¿Qué implicó trabajar con Quiles?

 

 B.N.: Siempre era muy grato, pero no sólo por lo que él sabía sino por su humildad, daba mucho espacio para que uno creciera. También estudié con él el tema de la interioridad en San Agustín en el marco del CONICET; lo interesante es haber podido ver su trayectoria en su etapa final. En ese entonces Quiles comenzó a interesarse por los pensadores del Japón, y yo fui heredando muchos de sus intereses; por ejemplo Teilhard de Chardin, Aurobindo, temas que en la Facultad de Filosofía no se veían si no era a través de él, porque salían de los andariveles habituales, del canon cultural. A pesar de que la Facultad de Filosofía debería ser la Facultad de más apertura, hay ciertos andariveles que se tienen que seguir. Esto no tiene que ver con la Institución, que es de gran nivel, sino con un paradigma dentro del cual nos movemos. Quiles, al final de su vida, publicó algunos breves e interesantes artículos sobre una escuela de pensamiento que se llama Escuela de Kyoto; autores que aún hoy se conocen poco en nuestro medio como Kitaro Nishida, Hajime Tanabe, Masao Abe y sobre todo Nishitani Keiji, a quien trató personalmente. Filósofos japoneses budistas pero inspirados en la filosofía occidental, fundamentalmente alemana (Hegel, Heidegger), es decir que aquí es el pensador oriental quien toma a consciencia raíces de Occidente y, en algunos casos, del cristianismo también. Estos autores me enriquecieron mucho porque son miradas “desde el otro lado”.

 

L.R.: Nosotros escuchamos constantemente en torno al Padre Quiles la referencia a su actitud de apertura. Nuestra pregunta es ¿esa apertura de Quiles se circunscribe sólo a una escucha, o en su obra se observan las huellas, los rasgos de otras culturas?

 

B.N.: Quiles es un pensador que intentó una síntesis filosófica teórico-práctica: claramente en su obra trabaja con frecuencia la relación entre filosofía y vida. Repetía esa expresión de Pascal que dice que si la filosofía no sirve para la vida, no vale la pena dedicarle una hora. Hay que pensar que Quiles ha sido un gran estudioso, la Suma Teológica de Santo Tomás la tradujo prácticamente toda él, había empezado Leonardo Castellani, pero muere y continúa Quiles. En la edición del Club de Lectores, Quiles traduce trece de los 20 volúmenes. Quiero decir, Quiles ha sido un gran estudioso de la tradición filosófica, en primer lugar la escolástica, con un interés especial por Suarez, Escoto y luego San Agustín – entre otros– pero en diálogo con el pensamiento contemporáneo. Él decía que esa educación le había brindado rigor, pero le preocupaba sobre todo de qué manera la filosofía podía ser una guía para la vida. Algo que reflotó – entre otros – Pierre Hadot, a partir de la filosofía antigua. Por cierto, también de un modo peculiar – y con una aproximación bien diversa – el propio Michel Foucault. Desde este punto de vista, la síntesis de Quiles es una síntesis teórica que está pensando sobre todo en el hombre de hoy; cómo puede enfrentar su situación de desasosiego, de desorientación, no sólo ética sino también espiritual, es decir, de “sentido”.    

 

L.R.: ¿Cuáles son los ejes del diálogo entre la cosmovisión que desarrolla Quiles y los filósofos de su época?

 

B.N.: Cuando él desarrolla su sistema filosófico, lo hace en diálogo con los pensadores predominantes de la época, porque un sistema filosófico siempre se construye en diálogo coetáneo. Cuando Quiles desarrolla su cosmovisión, tenía mucha vigencia el existencialismo, y también Heidegger. Quiles veía que el existencialismo describe con mucha profundidad la angustia del hombre, el hecho de sentirse perdido en el mundo. Hay toda una rica literatura de posguerra que tiene que ver con la angustia existencial, ontológica, etc. Pero le preocupaba que estas filosofías describieran la situación del hombre, sin dar respuestas, en definitiva le preocupaba su pesimismo o desesperanza, con la excepción de algunos como Gabriel Marcel. Para algunas concepciones filosóficas contemporáneas hipercríticas, escépticas (y prefiero no detenerme en esto) puede parecer ingenuo intentar respuestas “de vida”; pero desde el punto de vista humano, existencial o, si quiere – en términos de Quiles – “in-sistencial”, esto es de gran necesidad y profundidad, por lo que decíamos antes respecto de Pascal. Por ello, más que nada la filosofía de Quiles es una antropología filosófica y una “ascesis antropológica” es decir, el centro es el hombre que en última instancia se abre al mundo y al Dios que lo sostiene, pero el peso de la cuestión o del dilema existencial está – en términos “naturales” – en el hombre, en el uso sensato, sabio, del libre arbitrio y del trabajo sobre sí (recordemos el bello libro Cómo ser sí mismo). Quiles retomaba la antigua idea de la filosofía como forma de vida, como horadación de la sabiduría, como πιμελέια αυτο (epiméleia heautou), “cura sui” (“cuidado de sí”). Quiles se pregunta por la esencia del hombre, y comprende que el concepto de existencia, que literalmente significa estar fuera de las causas, estar hacia afuera, (existere sugiere esa idea= ex-sistere) da cuenta de una cara del hombre, que el hombre es eso porque fundamentalmente hay un centro, un punto interior desde donde surgen y hacia donde van todos los actos humanos al que le dio un nombre, lo llamó “in-sistencia”: in hacia dentro, en griego ndon (endon), y sistere es una reduplicación radical del verbo stare que significa “estar parado” (sistere: estar parado firmemente); por lo tanto in-sistere sería “estar parado adentro firmemente”. Este movimiento hacia adentro él lo ve como condición necesaria para todos los actos del hombre; es el principio fundamental, el principio del hombre, el principio óntico que lo constituye. Lo interesante es que no es un principio al que se llega por vía lógica, racional, aunque hay una aproximación racional que acompaña un movimiento integral. La obra de Quiles lo que intenta, sobre todo en los últimos tiempos, es indicar la necesidad de una ascesis, de un movimiento, un trabajo hacia adentro;  el hombre tiene que darse el tiempo para buscarse a sí mismo y ser más autoconsciente, porque de esa manera se llega a un mayor autocontrol, más autodeterminación, entonces se alcanza una mayor libertad. Como decía Sócrates, una vida sin indagación no merece la pena de ser vivida. Y esa indagación no puede ser meramente racional. En esta ascesis de Quiles, hay siempre una fidelidad al cristianismo, pero sin duda con un enriquecimiento por parte de los métodos ascéticos del Oriente, particularmente el yoga.       

 

L.R.: ¿Sobre qué autores descansa el pensamiento del Padre Quiles?

 

B.N.: Si bien él tenía una gran formación tomista, aunque la escolástica de Quiles pasa mucho por Suárez y también por Escoto – pero este es un tema técnico que prefiero soslayar –, tienen una gran importancia San Agustín y la ascética de San Ignacio. San Agustín trabaja mucho la interioridad, y en San Ignacio sus ejercicios espirituales llevan a la reflexión acerca del mundo, al puesto del hombre en el cosmos, etc., pero haciéndolo desde una meditación que es verdadera “contemplación”, no solamente desde una lucubración. De este modo comienza a integrar la filosofía tomista con elementos más vitales. Por eso, su obra es integradora; así cuando Quiles da a entender que “persona” es el “ser que está en sí mismo” entiende que en Santo Tomás esto se corresponde con el “retorno a su esencia” … reditione completa, con antecedentes en el Pseudo-Dionisio.  

 

L.R.: Es muy tentador para los bibliotecarios pensar al Padre Quiles frente a una gran diversidad de libros, recorriendo bibliotecas, bibliotecas de Oriente, aparentemente tan lejanas ¿cómo se asimila en su propuesta filosófica este contacto concreto?   

 

B.N.: Claro, en la década del ‘60 Quiles viaja a través de un programa de la UNESCO, al Oriente, y se encuentra que – pese a su gran formación filosófica, teológica, etc. –, hay bibliotecas enteras en el Oriente, particularmente budistas, con textos que le eran hasta entonces ajenos; textos que orientaron civilizaciones y que proponen diversas aproximaciones filosóficas, lógicas, psicológicas, etc. Dice con gran modestia, que se encontró con un mundo desconocido, yo creo que él ya sabía muchas cosas, pero en fin, en un sentido era un mundo desconocido. Ahí él decide meterse a fondo en el estudio del Oriente (sobre todo la India) y trabajar todo este material porque lo que él encuentra allí es una mayor atención a la interioridad, no de un modo teórico, sino un mayor cultivo de la interioridad. El Oriente le proporcionó elementos para facilitar esta ascesis filosófica. Se mete con el yoga, en realidad él venía practicando el yoga desde antes, pero estudia sánscrito, pali, estudia las fuentes y departe con estudiosos y sabios hindúes, budistas, taoístas, confucianos, etc. En aquel entonces algo poco usual en nuestro medio, a no ser por el antecedente de Vicente Fatone. 

 

L.R.: ¿Quiles practicaba el yoga?

 

B.N.: Sí, sí. Él era un yogi extraordinario … ¡al menos en términos occidentales!. Con la frágil salud que tenía, Quiles podía estar en un aeropuerto haciendo un asana, inmutable en medio del bullicio y de un público sorprendido, más en esos tiempos. Quiles practica el yoga desde mucho antes de comenzar a profundizar en estos temas. Él me dijo muchas veces que el yoga le había salvado la vida, porque le permitió sobrellevar su problema pulmonar. Pensemos que él llega a la Argentina en 1932 cuando España disuelve la Compañía de Jesús, pero lo mandan a Sudamérica, un poco porque no sabían qué hacer con su salud. Él se iba a dedicar a la ciencia, le interesaba la física o “ultrafísica”, pero luego viró a la filosofía, en principio porque no tenía más remedio que hacerlo pero luego encontró que esa era su verdadera vocación; a veces la vocación se anuncia por el lado que uno menos lo espera. Bueno, en esa época ya alguien le dio clases de yoga, y el tema de la respiración le ayudó muchísimo con su problema de pulmón que era muy grave. En realidad él llegó en la década del ’30 prácticamente a morir; durante el primer tiempo tuvo que estudiar en cama. Finalmente no sólo vivió 60 años más sino que dejó una obra vastísima, además de ser co-fundador de la Universidad del Salvador, Rector emérito, y una obra pastoral, docente y filosófica enorme.

 

L.R.: En este movimiento hacia adentro que señala Quiles debe hacer el hombre para encontrarse ¿qué tipo de psicología se plantea?

 

B.N.: La psicología como disciplina empírica, científica, surge en la década de 1870. Antes en Occidente la psicología era – si exceptuamos cierta psiquiatría dinámica romántica del siglo de fines del XVIII y principios del XIX – era una rama de la filosofía, un estudio teórico acerca del alma. La empiria científica comienza a fines del siglo XIX marcada por un intento de ser científica, aparecen laboratorios de experimentación (William Janes y W. Wundt), cosas que son muy útiles, que han permitido establecer vínculos entre ciertos aspectos de la conducta animal y la psicología del hombre. El psicoanálisis freudiano se separa un poco de este modelo, pero sigue siendo en algún sentido positivista, al menos sin dar cuenta de una dimensión espiritual de la psique humana, lo espiritual está descartado. En el ámbito de la psicología hay que esperar la figura de Jung  para que haya desde

este ámbito una apertura a la dimensión espiritual. Por cierto,

luego vendrán las escuelas humanistas, Frankl y las

controvertidas corrientes transpersonales. Allí comienzan a

aparecer algunos psicólogos que indagan profundamente los

antecedentes occidentales, sobre todo cristianos, como la

indagación del alma que hace San Agustín, o se meten con el

Oriente. Pero en general la psicología predominante es adversa a

todo esto pues guarda un sesgo psicopatológico, que es necesario pero que tiene como referente la anormalidad. Porque la gran cuestión es, si al hablar

de lo inconsciente, lo pensamos sólo como lo reprimido o el

 residuo mnémico o de donde se encuentran los trastos viejos del día. En ese caso … ¿para qué voy a ir adentro? Sólo voy a ir adentro a sacar represiones, lo cual puede ser necesario. Pero si en lo inconsciente hay una fuente de creatividad, una profundidad, por encima de todo un centro interior o algo que me conecta con mi mismidad y de ese modo me abre a lo más profundo mío y eventualmente me abre a una conexión con Dios o como queramos llamarlo, esto ya es diferente. San Agustín dice que Dios es más íntimo que mí mismo. La paradoja que uno puede decir es que la psicología es un fenómeno contemporáneo, pero hay una psicología profunda tanto en Occidente como en Oriente que por lo general hemos perdido, y que tiene que ver no exclusivamente con lo reprimido, sino con dimensiones de la profundidad del alma. Y la obra de Quiles trabaja esto, aunque con otras palabras.

 

L.R.: ¿Cuál sería la originalidad de Quiles?

 

B.N.: Es originaria más que original. La obra de Quiles es un intento de recuperar con un fundamento racional una dimensión espiritual del hombre, que tiene una interioridad, un centro que describe como un punto irreductible desde donde y hacia donde actúa con libertad. Ese “punto” que está “enrollado sobre sí mismo” (algo así como la “fina punta del alma” neoplatónica, aunque en Quiles es personal), fundamenta su ser y su libertad, porque sólo así, sólo en este caso cuando el hombre dice ‘yo’ no es el yo de afuera (meramente adaptativo) el que lo hace sino que hay una mismidad profunda, un sí-mismo que está esencialmente en sí y a la vez abierto al cosmos, abierto al prójimo, a la trascendencia. Quiles reformula estas ideas, pues si bien no fue el primero en proponerlas, les otorga una base y un fundamento contemporáneo. Este aporte es muy valioso e implica necesariamente un puente entre Oriente y Occidente. Ahora, hay otro aspecto de la obra de Quiles que es fundamental y quiero señalar, es el diálogo interreligioso. Bueno, es importante ver que antes de ser interreligioso, el diálogo tiene que ser diálogo.

 

L.R.: Diálogo es una palabra que me resulta interesante para pensar, porque su uso está muy extendido en los medios, en la cotidianeidad, y no estoy segura que sea una práctica realizada tal como el término lo señala. Es decir, entiendo por diálogo aquello otro que surge nuevo del encuentro de A y B, debería surgir algo que sea C. Para lo cual no es suficiente escucharse respetuosa, urbanizadamente, sino que se debe renunciar, o al menos reformular algo de lo propio ¿cómo plantea el diálogo el Padre Quiles?

 

B.N.: Claro, está muy bien eso. Si no ocurre lo que vos decís no hay un verdadero diálogo. Quiles dice que el diálogo es un diálogo de amor. Cuando dialogo, el diálogo para Quiles comienza primero internamente, primero debo haberme conectado conmigo mismo, con la “in-sistencia”, con cierto ser y conciencia internos, porque si yo estoy afuera, no es que el otro no se puede conectar conmigo sino que yo no estoy conectado conmigo. Primero debe haber una afirmación de mí mismo, debe haber una autoconciencia, una autoafirmación, de ahí en más me abro al otro con el menor prejuicio posible, me abro al otro esencialmente, afirmo al otro. Me afirmo a mí mismo, afirmo al otro y después vuelvo a mí mismo. En esa vuelta, cuando yo vuelvo sobre mí mismo debería haber un enriquecimiento; en cambio, si cuando vuelvo yo me quedé igual es porque no hubo diálogo. No necesariamente tiene que haber “novedad”, porque generalmente confundimos lo “nuevo” (novum) con la novedad, y novedades tenemos en muchos lados, en Internet tenemos novedades, datos, pero lo nuevo es la renovación (renovatio), es decir, que hubo un contacto con el ser del otro. En el encuentro humano necesariamente hay algo nuevo que surge. En esto Quiles valorizaba mucho la obra de Martin Buber, aunque no estaba totalmente de acuerdo, sí toma el concepto de Buber del hombre como un “yo-tú”, no hay yo sin tú, por aquel cuento jasídico judío muy bello que dice: si yo soy yo y tú eres tú, ni yo soy yo ni tú eres tú; ahora, si yo soy yo y tú y tú eres tú y yo, entonces yo soy yo y tú eres tú. Quiles lo que dice en esta postura de Buber es que el énfasis está demasiado puesto en el “yo-tú”, para él es muy importante hacer más presente esa “in-sistencia” que está abierta esencialmente al otro, pero que a la vez está toda en sí misma. Uno cuando piensa en el amor piensa solamente en el afecto, pero un diálogo de amor entendido como un querer bien, implica afirmar al otro. Es un acto ontológico, afirmo al ser del otro. Me afirmo a mí mismo en el momento in, afirmo al otro en el momento ex. Quiles decía que la in-sistencia es en realidad una in- ex in-sistencia, adentro-afuera-adentro, en este movimiento, que no es mecánico, que es vital y espiralado, se van enriqueciendo las personas porque hay una transformación. Si no hay transformación, no hay diálogo. Y uno se da cuenta después. Cuando hubo diálogo hay crecimiento en las personas.

 

L.R.: Necesito ir ahora a un punto que para nosotros es difícil aunque crucial, porque en este número de Huellas en papel estamos describiendo la colección que encontré en la Biblioteca Central cuando comenzó mi gestión, y que actualmente conforma el Fondo Quiles. Nos gustaría saber ¿cómo llegó esta colección a sus manos? ¿se la donaron, la compró? A continuación aparece otra pregunta ¿Quiles leía sobre esoterismo?

 

B.N.: Claro, te encontraste con libros muy extraños…

 

L.R.: Claro, yo tenía mis prejuicios también, y pensaba encontrarme con libros de yoga, del hinduismo, budismo zen, pero encuentro libros de quiromancia, libros teosóficos, de la cábala en fin… ¿cómo describir esto?

 

B.N.: Sí, sí efectivamente yo conozco esa colección, vos habrás podido ver por las fichas que soy uno de los pocos que los ha utilizado…

 

L.R.: ¿Estos eran libros que Quiles leía?  

 

B.N.: Lo que ocurre es que Quiles era un hombre que tenía una gran curiosidad, una gran apertura. Un verdadero investigador como era Quiles seguía la idea de que para desechar algo, primero hay que conocerlo; San Pablo decía “pruébalo todo y quédate con lo bueno”. Entonces Quiles leía de todo, luego las obras que él cita son las que le importaron más. La obra de Quiles es una obra filosófica que tiene una fuerte vertiente clásico-cristiana, con un gran diálogo con el pensamiento contemporáneo, la figura de Heidegger, todo el existencialismo, Bergson, y también el Oriente; trabajó el hinduismo, budismo, tradujo textos de Plotino, Santo Tomás; conocía a los autores de la antropología filosófica contemporánea, es decir, todo libro vinculado con esas corrientes no tiene que sorprendernos porque es el Quiles que conocemos. Efectivamente, se van a encontrar otra clase de libros porque, y esto lo digo salvando las distancias enormes, a mí también me pareció que había que leer de todo porque si no, uno no investiga, uno no puede quedarse solamente con los autores que le interesan, de lo contrario uno no comprende. En este sentido el surgimiento del orientalismo vino acompañado en algunos casos en Occidente de cierta rémora ocultista, particularmente teosófica. Pero hay que atender también a una cuestión,  no olvidemos que en Argentina había mucha dificultad de acceso a determinada bibliografía, entonces Quiles compró más de una biblioteca en bloque. La colección que se está difundiendo en esta entrega Quiles la compró a un bibliófilo francés que vivía en Argentina y tenía muchos libros de temas esotéricos y de ocultismo. Era un hombre conocido en el ambiente bibliófilo de temas religiosos y espirituales, yo no lo llegué a conocer, de nombre sí, era un bibliófilo que juntaba libros raros. Por ejemplo yo recuerdo que hay libros clásicos de antigüedad o de egiptología como Moret,  Maspero, Mayassis, etc; pero también hay libros de magia, libros ingleses de fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX como por ejemplo las traducciones de Taylor, un gran traductor inglés de textos platónicos y neoplatónicos que influyó en Wordsworth, Blake, etc.

 

L.R.: Es muy enriquecedor para nosotros que conozca la colección.

 

B.N.: Bueno son libros interesantísimos, libros excelentes para una persona estudiosa de estos temas, se entiende… pues además respecto del ocultismo debe señalarse que forma parte de las corrientes que deben ser estudiadas en la historia de las religiones. Desde sus raíces renacentistas relevantes como Cornelio Agrippa hasta autores teosóficos, no sólo Blavatsky, e incluso autores franceses como Abellio, Amadou, etc. que no eran teósofos y que son de gran interés filosófico y cultural. Todas obras discutibles pero en este caso son autores de gran cultura. ¿Cómo desechar el gran estudio de Viatte sobre el ocultismo en el Romanticismo? Hoy estos temas se tratan en cátedras específicas, en la Sorbonne, en Amsterdam, etc. Pero en esa colección está, por ejemplo, la obra del gran estudioso belga Franz Cumont. Quiles se interesaba por las religiones, con lo cual los fenómenos anómalos, seudoreligiones o no, fueron material de estudio. Ahora bien, también se cuenta con la primera biblioteca orientalista de gran envergadura que se hizo en Occidente en Oxford bajo la dirección de Max Müller que editó The Sacred Books of the East; son 50 volúmenes, fue el primer intento enciclopédico, una obra erudita que se sigue consultando; éste es un tipo de libro universitario que por supuesto Quiles debía conocer y que aún se utiliza, aunque algunas ediciones y traducciones estén superadas. Pero aparecieron otras corrientes, como la teosofía, que es un movimiento con una posición muy discutible sobre el Oriente y la religión, pero que sin duda  para los estudios de Quiles tuvieron dos intereses. Por un lado, los teósofos introdujeron textos y cuestiones de Oriente que no se trataban todavía en las universidades. Por ejemplo el yoga entró muy tardíamente a la universidad (en todo el mundo). La primera tesis doctoral que yo sepa que se hizo sobre yoga la hizo Mircea Eliade en el ‘32  o ’33 en La Sorbonne. Antes de estas fechas – con excepciones, como bien lo describe Raymond Schwab en su obra sobre el renacimiento oriental – los que más se ocupaban en Occidente de los temas de Oriente eran los teósofos, de manera un poco discutible, pero había algunos teósofos – no todos – que más allá de su postura, tenían obras relativamente serias al menos respecto del tratamiento de los textos; ellos difundieron textos como por ejemplo las Upanishads (en traducción de Annie Besant, que influyó en Gandhi) y que Quiles no podía desconocer. Insisto, hubo traducciones anteriores, como las de Paul Deussen, pero la difusión teosófica fue en buena medida masiva. Esto es una de las razones. La otra razón es que aunque la teosofía sea un movimiento discutible, había que conocerlo. Porque además, a diferencia de la New Age, que es un movimiento de una pobreza intelectual deplorable, la teosofía tenía una enjundia intelectual importante; Lugones era teósofo por ejemplo, y algunos de ellos manejaba el sánscrito o lenguas clásicas; algunas de sus ediciones eran pioneras – al menos para el público no especializado – aunque fueran muy discutibles las interpretaciones. Por ejemplo, gracias a George Robert Stow Mead muchos textos olvidados se recuperaron; tal es el caso de la Pístis Sophía y los Oráculos Caldeos, materiales entonces muy raros. Hoy, por cierto, contamos con ediciones críticas y traducciones técnicas muy superiores. Mead era un erudito que pertenecía a la Sociedad Teosófica de Londres. Hoy hay libros eruditos que lo citan como un meritorio precursor. Pero, como dije, a modo de ejemplo, está también Bouché Leclerq o Cumont; por ejemplo esa  inhallable y bellísima obra capital como Textes et monuments figurées relatifs aux mystères de Mithra, que – entre tantas otras – pude estudiar con provecho. Para hacer ese libro Cumont, además de ser un gran erudito, recorrió el Medio Oriente y Europa a principios del siglo XX buscando las tumbas mitraicas, una religión totalmente perdida, pero que tuvo un gran impacto cultural en la antigüedad tardía occidental y registró sus hallazgos en ese libro. Luego hay libros de valor más discutible, en el sentido que no tienen tanta profundidad conceptual, pero esas bibliotecas se compraban en bloque.

 

L.R.: Es muy importante acercarnos a estas prácticas de lecturas en contexto.

 

B.N.: Claro, luego él también le compró libros a un orientalista argentino, Raúl Ruy, un hombre que ni siquiera hizo el secundario, y que sin embargo tradujo del Pali textos budistas y también tradujo poesía china. Tenía la mejor biblioteca privada orientalista en Argentina de aquel entonces. Tenía 10.000 volúmenes preciosos, incluida una extraordinaria colección de libros tibetanos. Se fue deshaciendo de a poco de su biblioteca por problemas económicos. Quiles le compró mucho. Yo lo conocí porque yo también le compré, por ejemplo la enciclopedia Hastings de religiones (13 v.) y Science and Civilization in China, de Joseph Needham, entre otros.  

 

L.R.: ¿Existe alguna referencia a los teósofos en la obra del Padre Quiles?

 

B.N.: Sí, hay algunos textos, pocos, donde él mismo advierte sobre las discutibles interpretaciones teosóficas. Por ejemplo, en la “Iniciación bibliográfica” consignada en Qué es el yoga reconoce haber utilizado la traducción de Alice Bailey de los aforismos de Patanjali, aunque advierte que debido a su inspiración teosófica (y utiliza el término “teosofismo” que se distingue, claro, de la teosofía neoplatónica) no deben tenerse en cuenta sus interpretaciones por carecer de valor científico y filosófico. Por cierto, esta obra precede, por ejemplo, la edición de Patanjali de Walter Gardini que trabajó en la Escuela con Quiles. Ahora hay varias.

 

L.R.: Es indudable que Quiles fue a fondo cuando tuvo que conocer lo otro.

 

B.N.: Por supuesto. Además Quiles fue una persona muy abierta, humilde. Si con algo o alguien estaba en desacuerdo, no perdía tiempo en ensañarse. Si alguna persona hablaba mal de él, no se detenía, no hablaba mucho de eso, escuchaba, seguía adelante. Quiles era muy “inteligente” desde el punto de vista crítico, pero también – o sobre todo – era muy profundo, lo cual no es lo mismo. La sabiduría no se detiene en las distinciones racionales; el sabor sapiente toca el alma y por eso transforma.

 

Enlaces refback

  • No hay ningún enlace refback.