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Dominación y emancipación. Una crítica radical del capital sin nostalgia estatista/ Luc Boltanski & Nancy Fraser. Buenos Aires: Capital Intelectual, 2016. 112 p. ISBN 978-987-614-520-6



Dominación y Emancipación retrata la conversación llevada a cabo entre dos figuras claves del pensamiento crítico contemporáneo, Nancy Fraser y Luc Boltanski. El debate fue animado por Philippe Corcuff y tuvo lugar el 27 de noviembre de 2012 en la ciudad francesa de Lyon en el marco del festival “Mode d’emploi”.

A lo largo de los cuatro capítulos que componen el libro, se desarrolla el diálogo entre estos dos autores, el cual se centra especialmente en los puntos de convergencias que hay entre ambas teorías. Tanto Boltanski como Fraser detectan que los daños sociales provocados por el momento neoliberal del capitalismo contemporáneo traen aparejada en la mayoría de los análisis teóricos, cierta nostalgia del estado social. En base a esta observación, consideran oportuno evaluar los recursos críticos disponibles para identificar cuáles son las acepciones más aptas para clarificar nuestra situación actual. Lo novedoso de sus análisis es que abordan una crítica radical del estatismo sin por eso abandonar el terreno de las instituciones y de la protección social, intentando que ambos recursos sean puestos al servicio de la emancipación. Boltanski se focaliza en el rol de las instituciones y Fraser en el rol de la protección social.

El debate entre estos dos teóricos es una invitación a repensar la relación entre dominación y emancipación, no como conceptos mutuamente excluyentes, sino como complementarios y constitutivos uno del otro. Si la dominación es aquello que debe evitarse, una postura que niega tal dominación remite implícitamente a lo positivo, es decir, a su emancipación. De ahí la importancia de entender en profundidad los vestigios que adopta la dominación para detectar potencialidades emancipadoras acertadas.

Para lograr ese cometido, los autores coinciden en el rol protagónico que debe asumir la crítica social como instrumento de emancipación evitando caer en ciertos vicios que han detectado en el pasado reciente. Frente a las críticas al neoliberalismo que se apoyan en cierta añoranza del estado de bienestar, ellos advierten que remitirse a épocas pasadas del capitalismo no explica ni soluciona los problemas de un mundo globalizado con desigualdades transfronterizas. A su vez, señalan que esos estados preneoliberales también estaban constituidos por diversas formas de dominación y, por eso, no sería prudente glorificarlos. En tal sentido, Nancy Fraser toma, como caso ilustrador, el enfoque sexista en la compresión del trabajo y la profundización de un orden heteronormativo en las décadas del sesenta y del setenta. Por su parte, Boltanski indica la ambición característica de los estados de bienestar administrar la realidad social en sus principales aspectos. Esta ambición, según el autor, genera el clima propicio para avivar cierta xenofobia y/o constituir algún tipo de totalitarismo. Un segundo vicio que detectan ambas miradas es la dificultad que ha provocado concebir como análogos e igualmente perjudiciales al liberalismo económico y el liberalismo político, ya que, el liberalismo político podría ser uno de los recursos capaces de contrariar la dominación estatal y apaciguar los efectos de exclusión que provocan algunas fronteras nacionales. Por último, la otra deficiencia que localizan es la prolongación que se ha producido de la división del trabajo, con su especialización de saberes, dentro de las ciencias sociales. Es decir, específicamente los autores perciben que, por un lado, se desarrolla la teoría crítica de la dominación desarrollada por Pierre Bourdieu y, por otro lado, la teoría de la emancipación Jacques Ranciére. La observación que le hacen a estos dos autores es que el primero basó toda su teoría sobre la vertiente critica, pero dejando poco espacio para analizar las potencialidades emancipadoras que podrían encontrar los agentes si se reapropiaran de su entorno. Por su parte, a Ranciére le reprochan su desconfianza en la teoría critica que, si bien está presente, queda relegada a un segundo plano porque la faceta de la emancipación aparece desarrollada en exceso. Por lo tanto, Boltanski y Fraser realizan dos preguntas ¿Cómo volver a vincular crítica y emancipación sin caer en ningún de estos vicios? ¿Cómo reactualizar las tradiciones criticas pasadas, a fin de descubrir potencialidades emancipadoras en el siglo XXI? Ésas son las dos preguntas generales que guían la lectura y, si bien los autores no brindan respuestas determinantes, apuntan algunas líneas de análisis interesantes.

La reevaluación de la crítica, afirman los autores, tiene sentido si se entiende al capitalismo como un marco globalizante. Sus efectos devastadores no se encuentran exclusivamente en su lógica económica, sino que también se inmiscuye sobre diversas áreas de la realidad social complejizándola e imprimiéndole su propia dinámica. Prueba de ellos son, por ejemplo, la opresión de género o los desastres ecológicos. Por esta razón, los autores asocian las injusticias económicas con otras formas de injusticia no monetizadas, ya que una visión conjunta permitiría comprender cabalmente los mecanismos específicos de dominación. Así, el libro también es una invitación a repensar las fronteras entre lo global y lo local, un intento por comprender de forma integral el dominio que ejercen las finanzas sobre problemáticas territoriales y viceversa. Uno de los mecanismos más eficaces con el que cuenta el capitalismo es, según los autores, presentarse a sí mismo bajo una lógica estrictamente contable desentendiéndose completamente de cualquier inequidad calificada como moral. El texto exhorta a la necesidad de aparatarse de esa mirada acotada, que por lo general el propio capital impone, y refinar el instrumento de la crítica sin caer en ningún tipo de concepción binaria. Para ello, la salida que encuentran estos teóricos es ampararse en la gramática estabilizada que otorgan las instituciones y las protecciones sociales como espacios propicios para volver a unar crítica y emancipación.

Boltanski, propone una reexaminación de las instituciones, ya que es allí donde ubica sus esperanzas emancipadoras. El autor sostendrá que no hay que dejar de luchar contra la dominación simbólica que éstas ejercen, como así tampoco dejar de denunciar sus desigualdades, pero sí sería conveniente aprovechar y capitalizar las funciones positivas que éstas otorgan. Una de las funciones positivas que la institución brinda es, a su entender, lo que él llama seguridad semántica mínima, es decir, las instituciones les brindan a los actores el piso mínimo desde el cual asociarse y negociar, una referencia relativamente estable desde el cual partir. Concibiendo a las instituciones como espacios que restringen, pero a la vez facilitan momentos de negociación, propone preservarlas de forma transformada y abierta, aceptando su carácter provisorio y revisable.

Fraser coincidirá con la idea de una emancipación institucionalizada porque es inconcebible, según ella, una sociedad en donde las estabilizaciones sean desmanteladas y reconstruidas todo el tiempo. Eso provocaría profundas incertidumbres y disparidades que obligaría a los sujetos a estar atravesados por cambios brutales continuos. La autora tampoco propone renunciar a la lucha por superar la dominación, sino más bien sugiere una nueva alianza entre emancipación y protección social. Elaborar programas nacionales de protección social frente a riesgos transnacionales no tendría demasiado sentido, con lo cual, propone un enfoque más vasto y global. La autora presenta una concepción de la protección social más cercana a las luchas por el reconcomiendo al estilo Axel Honneth, que apunta a la doble cuestión del desprecio y la identidad. En otras palabras, las políticas de igualdad social, por ejemplo, deberían basarse en una vinculación cada vez más equitativa entre redistribución y reconocimiento. Según su percepción, por lo tanto, no es necesario abandonar el terreno de la protección social, más bien sería necesaria monitorearlo continuamente mediante las preguntas correctas: ¿Son justas? ¿Son plurales? ¿Son equitativas? Esto requiere también la participación y critica activa de los actores. De esta forma, se aleja de una concepción de la protección social encerrada únicamente en una lógica de seguridad estatal.

Tanto Boltanski como Fraser coinciden en que la emancipación debe ser auto- emancipación, es decir, nadie puede llegar de forma exógena a proponer la manera en que debe llevarse adelante este camino. Por el contrario, esta acción debe provenir de los agentes que se reapropian de su entorno y encuentran nuevas formas de estabilizar el orden. Es decir, son los propios sujetos los que encuentran la manera de resignificar los aspectos positivos de las instituciones y de las protecciones sociales, a la vez que elaboran estrategias de desestabilización para aquellos aspectos que consideran injustos. En ambos análisis hay una reubicación de la crítica como instrumento de los propios actores, al alejarse de la idea de que es el intelectual el único capaz de encontrar el camino para librarse de la dominación. Asimismo, estos teóricos también coinciden en asumir lo que llaman una “concepción modesta de la emancipación”, ya que advierten que cuando cierta forma de dominación es superada, nuevas formas de dominación son develadas, porque se desenvuelven inacabadamente con el correr de la historia y son vislumbradas continuamente por las luchas sociales. En otras palabras, no hay un estadio final emancipatorio, ni tampoco recetas exactas para lograrlo. De ahí el rol fundamental de la sociología que debe integrar distintas perspectivas, lo cual supone revertir las excesivas especializaciones dentro de la disciplina, y acercarse concretamente a las formas de cooperación que han encontrado los propios agentes. En otras palabras, la sociología debe evitar la tentación de imprimirle a la emancipación un contenido específico y dejar hablar a los actores.

En conclusión, el libro recoge la preocupación de gran parte de los cientistas sociales contemporáneos de encontrar estrategias para evitar una autonomización académica de la crítica y elaborar reflexiones teóricas más cercanas a las necesidades de los actores y los movimientos sociales. Quedará pendiente para próximos debates dilucidar cuales serían las estrategias metodológicas más aptas para llevar adelante estudios empíricos de este estilo.

En definitiva, se trata de un libro recomendable para reflexionar sobre los puntos coincidentes entre las visiones de Boltanski y Fraser acerca de cuestiones que atañen a nuestra sociedad contemporánea. A su vez, es un texto de lectura fácil aconsejable para las primeras aproximaciones que se realicen sobre teorizaciones de estilo pragmáticas. El libro plantea ciertos debates teóricos claves, con lo cual podría ser utilizado como el puntapié inicial que luego dispare análisis más ambiciosos y más acabados. Innovador en el planteo de preguntas pertinentes para los conflictos de nuestra época e iluminador sobre algunas concepciones acerca del estado, allí radica la riqueza de Dominación y Emancipación.



Julieta Barrero



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