El marco teórico

(Fusiones y confusiones)

 

Juan Carlos Iorio*

*Sociólogo UCA. Master en Educación. Profesor Emérito  y Coordinador del Ciclo de Formación Básica de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad del Salvador.  Correo electrónico: jciorio@usal.edu.ar

 

Resumen

El presente trabajo intenta realizar un aporte a la clarificación del concepto de marco teórico a partir de la experiencia recogida por el autor en distintas cátedras de metodología, talleres de tesis en ciencias sociales, y del uso de esa expresión en el campo de la investigación científica en general. Señala lo que se considera el error más común que es confundir marco teórico con la presentación de antecedentes vinculados al tema a investiga por el que desfilan autores, definiciones, teorías, interpretaciones, investigaciones, pero con escasa o ninguna relación con el problema planteado.

Considera que si bien el marco teórico es un conjunto de supuestos, no todos los supuestos que maneja el investigador constituyen el marco teórico. En este sentido, se diferencia entre supuestos básicos y supuestos específicos. Los primero de carácter filosófico, epistemológico y metodológico, y los segundos de carácter analítico y conceptual, a los se trata en detalle. Ninguno de estos supuestos constituye el marco teórico, expresión que se debe usar exclusivamente, como en el resto de las ciencias, para designar el modelo hipotético deductivo del que se derivan las hipótesis de investigación a poner a prueba a través de una observación sistemática de la realidad.

Por último, y a modo de ilustración, se muestra a través de un texto de análisis político cómo los supuestos y el marco teórico juegan en la lógica con que se intenta predecirlos hechos de la realidad. La misma lógica a la que responde la formulación de hipótesis en la investigación científica.

 

Palabras Clave: Precisión terminológica; Supuestos básicos; Supuestos específicos; Modelo; Premisas; Leyes

 

Abstract

This work tends to clarify the concept of theoretical framework from the experience collected by the author methodology courses and workshops for dissertations in Social Sciences and the use of this expression in the field of scientific research in general.

The most ordinary mistake is to confuse the theoretical framework with the introduction of a series of antecedents related to the topic to be researched though which authors, definitions interpretations appear but with little or no relation whatsoever with the problem posed.

Although the theoretical framework is a cluster of assumptions, not all the ones handled by the researcher constitute the theoretical framework. In this sense, there is a difference between basic assumptions and specific assumptions. The former are of a philosophical, epistemological and methodological character while the latter are of an analytical and conceptual one which are dealt with in detail. None of these assumptions constitute the theoretical framework, expression which should be used exclusively, as in the rest of the sciences, to name the hypothetical, deductive model from which derive the hypothesis of the research which will be tested through systematic observation of reality.

Finally, and just as an example, by means of a text of political analysis, it is shown how the assumptions and the theoretical framework interact in the logic with which facts of reality are intended to be predicted. The same logic to which responds the hypothesis in the scientific research.

 

Keywords: Terminological accuracy; Basic assumptions; Specific assumptions; Model; Law; Premises

 

 

Si bien el marco teórico forma parte del conjunto de supuestos que maneja un investigador, no todos los supuestos que maneja un investigador forman parte del marco teórico. Estrictamente hablando, el marco teórico de una investigación es el conjunto de premisas o leyes generales de donde se derivan las hipótesis particulares que se van a poner a prueba a través de una observación sistemática de la realidad. Ya volveremos más adelante sobre esto.

 

Dado que en las ciencias sociales esta expresión “marco teórico” se utiliza de maneras tan diversas y que tienen muy poco que ver entre sí, resulta conveniente intentar echar un poco de luz sobre esta cuestión. Cuestión, por otro lado, que tampoco ha sido motivo de debate, como ocurre últimamente con los aspectos terminológicos de las ciencias sociales, donde la precisión en el uso del lenguaje y la necesidad de unificar criterios, como muestra de madurez de una disciplina, no parecen quitarle el sueño a nadie.

 

Decenas de proyectos de tesis atestiguan, en primer lugar, que lo que se denomina marco teórico no es más que un conjunto de antecedentes y referencias por el que desfilan autores, teorías, conceptos, definiciones, investigaciones, artículos, estudios de casos y todo aquello que el mundo mágico de Internet pone a disposición de cualquiera que necesite tanto comprar un par de zapatos rotos, como escribir una tesis. Con demasiada frecuencia entre los alumnos, es cortar y pegar. Muchas veces, un acopio de materiales que, como si fueran ladrillos, se van apilando unos sobre otros, sin identidad disciplinaria, analítica ni metodológica.

 

Quizás la denominación de marco teórico no sea otra cosa que un “artilugio académico” que se utiliza para otorgarle un tinte de rigurosidad científica a ciertos trabajos que no son otra cosa que monografías adornadas con datos cuya validez, confiabilidad y representatividad nadie toma demasiado en cuenta. La sociología se suele mezclar con la economía y la filosofía; la política con el derecho la ética y hasta la religión. No suele haber demasiada sistematicidad en la presentación, ni claridad respecto del destino final de todas esas consideraciones. Para peor, al referirse normalmente al tema y no al problema planteado –que a veces tampoco existe, se lo confunde con la hipótesis o con alguna “problemática” social o política que fue la que despertó el interés del investigador– todo se torna más vago e inasible. Es fácil imaginarse la diversidad de cuestiones que puede entrar en un “marco teórico” si se toma como referente al clientelismo, al nepotismo, la corrupción, la integración, la violencia familiar o la delincuencia juvenil.

 

El problema no es la recopilación de antecedentes, sino la confusión – y la fusión - entre antecedentes y marco teórico. Confusión que en la mayoría de los casos es compartida por nosotros los docentes. De lo contrario, no habría tantos trabajos de tesis aprobados, a veces con notas sobresalientes, que caen en el mismo error.

 

La recopilación de antecedentes como tal, el “estado del arte” como suele decirse, es absolutamente necesaria. Muestra la importancia que se le ha asignado a una cuestión, y marca el grado de interés que se ha registrado en cada caso y que queda expuesto en la existencia o no de investigaciones, artículos, libros, conferencias, encuentros, o cualquier otra actividad académica o profesional que puede haber girado en torno al problema planteado. Confundir esto con el marco teórico es lo mismo que confundir, como dicen en el campo, gato con liebre o gordura con hinchazón. Lo importante, en todos los casos, es tener en claro que la búsqueda de antecedentes debe hacerse con relación al problema planteado - siempre que haya tal planteo del problema, cosa que la mayoría de las veces no ocurre entre los alumnos - y no al tema elegido, para evitar dispersarse en una maraña de información que no solo distrae y hace perder tiempo, sino que termina teniendo un efecto paralizante.

 

A manera de ejemplo en  una oportunidad un alumno presentó un proyecto de investigación sobre la crisis de los partidos políticos en la Argentina planteó el  problema y luego desarrolló, a lo largo de unas ocho páginas el "marco teórico". Solamente un párrafo, de diez renglones se refería concretamente al problema planteado. En otro caso, mucho peor aún, sobre treinta y dos páginas, ningún elemento de juicio remitía al problema planteado. Todo era un conjunto de consideraciones sobre los partidos políticos, sus divisiones, su rol en los sistemas democráticos, etc. Eso sí, con muchas referencias a diferentes autores y un largo listado bibliográfico al final. Y era un buen alumno. Pero padecía la incapacidad de reconocer y centrarse en lo que constituía su problema y no transitar por una multiplicidad de cuestiones que a lo sumo tenían alguna afinidad con el tema elegido, pero no con el problema planteado.

 

Cada vez que un investigador trata de resolver un problema, lo hace provisto de una mochila teórico/conceptual que contiene un conjunto de supuestos que asume como válidos, de los que muchas veces no es totalmente consciente. Es con relación a estos supuestos que surge la segunda confusión respecto de lo que constituye el marco teórico. De la toma de conciencia de estos supuestos depende la capacidad de reconocer las limitaciones y debilidades del trabajo de investigación y por lo tanto la rigurosidad científica del abordaje. No nos olvidemos que la primera característica del conocimiento científico es reconocerse a sí mismo como imperfecto y que como dijo Mario Bunge en una conferencia realizada en el Salón Dorado de la Legislatura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (citamos  de memoria) la ciencia tiene la mala costumbre de fenecer.

 

Existen dos tipos de supuestos: los supuestos básicos, y los supuestos específicos.

Esta división responde más a una necesidad de hacer un tratamiento diferenciado de los mismos que a una total y absoluta separación entre ellos, como veremos más adelante. En cualquier investigación, con un poco de entrenamiento, no es difícil descubrir el enlace entre los supuestos básicos y los específicos con que se maneja el investigador.

 

Los supuestos básicos, pertenecen a la manera de concebir la realidad, y dentro de ella, a la propia disciplina.[1] Hay supuestos ontológicos, que tienen que ver, entre otras cosas con la concepción dela realidad. ¿La realidad es, existe o ni es, ni existe? Hay supuestos epistemológicos, que hacen a la posibilidad o no del conocimiento, al origen y reproducción de ese conocimiento, a las formas de representación del objeto, a la relación entre sujeto y objeto de conocimiento y al tipo de conocimiento que se puede alcanzar según las distintas disciplinas. Y por último, hay supuestos metodológicos, que tienen que ver con la validez de los procedimientos y las técnicas que se utilizan para ampliar o modificar ese conocimiento (Klimovsky, 1997).

 

En cuanto a los supuestos ontológicos, los que adhieren al realismo, en cualquiera de sus versiones - realismo metafísico o realismo interno - consideran que la realidad existe independientemente del observador (Putnam, 1994).En cambio, para los idealistas, la realidad es una mera creación del sujeto. Una idea. Un relato que se va construyendo en y a partir del discurso del “observador”, cualquier cosa que esto signifique. El realismo y el idealismo constituyen dos de las “cuatro tendencias dominantes en estudios sociales y socio naturales contemporáneos” que identifica Bunge (Bunge, 1995, p. 173)

 

Así como en general se parte del supuesto de que la realidad existe o no existe, inclusive de la materialidad o no de todo lo existente, en el campo de las ciencias sociales es posible hablar de distintos supuestos respecto al tipo de realidad llamada realidad social. Están los que conciben lo social como algo "que flota" por encima de los individuos y los que piensan que está encarnado en esos individuos y se constituye y modifica a través de sus interacciones. Están los que piensan que es una realidad puramente simbólica, pasible únicamente de ser "interpretada" según su significado, y están los que sin negar que cada cultura le asigna a los actores materiales y a sus acciones un significado determinado, los hechos se pueden observar, medir y explicar empíricamente, como cualquier fenómeno fáctico. Están los que ponen el acento en el consenso como fuente de estabilidad de los sistemas sociales y los que lo ponen en la coacción. Los primeros haciendo hincapié en los valores comunes y la contribución – función - que hace cada miembro de un sistema a la supervivencia de ese sistema como un todo. Los segundos, en la diversidad de valores e intereses y en los mecanismos de dominación con los que ciertas minorías logran imponer un orden siempre inestable y transitorio. Los primeros, en la estabilidad. Los segundos, en el conflicto.

 

En la ciencia política en particular también se puede hablar de supuestos ontológicos. Para algunos, lo político es una realidad claramente diferenciada del resto de la realidad social, tiene leyes propias y es auto explicativa, o sea se mueve con variables endógenas, al modo de lo que sostenía Durkheim en cuanto a que los hechos sociales podían ser explicados solamente por otros hechos sociales. Para él lo político tiene la última palabra de todo lo que ocurre en la sociedad, en cambio para Marx es parte de la superestructura que emerge de las relaciones de producción pero que está destinada a desaparecer junto con el estado al final del proceso de desarrollo histórico con el triunfo definitivo del comunismo. Para Bunge lo político es uno de los cuatro subsistemas que junto con el cultural, el económico y el biológico (BEPC) constituyen el sistema social en su conjunto (Bunge, 1999, p. 18).

 

En cuanto a los supuestos epistemológicos, tienen que ver con la concepción misma de las ciencias sociales, con la posibilidad o no del conocimiento objetivo, el tipo de conocimiento que se puede adquirir, y con las fuentes de legitimidad de ese conocimiento.

 

Con relación a la concepción misma de las ciencias sociales, el denominado pensamiento crítico parece haber desplazado a un segundo plano la pretensión de hacer una ciencia social experimental que se instaló en la Argentina a fines de la década del cincuenta con la creación de la carrera de Sociología en la Universidad de Buenos Aires de la mano de Gino Germani (Blanco, 2006).

 

La tradición experimental se inscribe en el objetivismo, propio del realismo, por oposición al subjetivismo, propio del idealismo, según la clasificación que hace Bunge, mencionada anteriormente, y que vincula los supuestos filosóficos con los supuestos epistemológicos (Bunge, 1995). Para el objetivismo, el conocimiento objetivo es posible, pero falible y perfectible. Esto significa que el conocimiento se va adquiriendo por aproximaciones sucesivas, a través de un proceso de ensayo y error, de cuestionamiento y crítica, de la formulación de nuevas hipótesis y de su puesta prueba, lo que hace que vayan quedando en el camino hipótesis aceptadas que van siendo reemplazadas momentáneamente por otras, que seguramente seguirán el mismo derrotero que las anteriores. Para el subjetivismo, en cambio, dado que la “realidad” a la que remite el conocimiento es una elaboración del sujeto, no existe esa "cosa" llamada "objetividad". Solo "miradas" y "lecturas" El conocimiento es un relato, que se arma a partir de una respuesta, no de una pregunta. Cuanto más convincente e impactante, más “verdadero”. La discusión científica, por llamarla de alguna manera, se reduce al discurso, donde lo que cuentan son solo las palabras. Nadie se pregunta “hasta dónde es cierto lo que pienso que es cierto”. La “verdad” ya ha sido revelada. Solo se trata de desentrañarla y comunicarla.[2]

 

El denominado pensamiento “crítico” se enfrenta al objetivismo porque rechaza la idea de la realidad como algo que hay que describir y explicar con la misma neutralidad con que las ciencias naturales abordan su objeto. Una neutralidad que no puede ser tal, sostienen, porque termina legitimando el orden existente. La ciencia social debe ser concebida como denuncia de un estado de injusticia y explotación y la investigación, como una permanente puesta en evidencia de esa situación. En este contexto, el activismo académico, cultural, social y político se convierte en la verdadera fuente del conocimiento “científico” y no la supuesta observación sistemática neutral y ajena al hecho observado. Hacer ciencia es hacer política.[3] El científico social no es un observador, es un actor de la misma realidad y es en esa actuación que va adquiriendo conciencia delo que no se ve y reconstruyendo esa realidad.[4] Damian Tabarowsky, sociólogo de origen y actual columnista del diario Perfil, lo dice con toda claridad:

 

reaparece la pregunta por la relación entre las ciencias sociales y el control social. Las ciencias sociales siempre se debatieron en esa tensión irresuelta. Por un lado, la de formular un pensamiento riguroso que ayude a develarlos mecanismos de dominación económicos, políticos y simbólicos. Pero a la vez de contribuir a un conocimiento más acabado del funcionamiento de lo social que termina favoreciendo a los mecanismos estatales y privados de control sobre las poblaciones. Pero la tensión no opera como antagonismo entre, de un lado, el ámbito académico y del otro las encuestas de marketing, es decir entre un polo impoluto, entregado con fervor al pensamiento crítico, y del otro, la bastardización de ese saber bajo el modo de los estudios de mercado. (…) las encuestas y los estudios de mercado son formidables aparatos de gerenciamiento y luego de diseño y control de los imaginarios sociales, los gustos, las opiniones y las percepciones de los diferentes grupos sociales. Esto ha sido mil veces dicho aunque no por eso menos verdadero (Las negritas no pertenecen al original) (Tabarovsky, 2007).

 

En cuanto al tipo de conocimiento, siempre anda dando vueltas una vieja clasificación y es la que divide a las ciencias en nomotéticas e ideográficas[5].En el primer grupo, se ubican las ciencias naturales, que serían las únicas que supuestamente podrían formular leyes aplicables a toda una clase de hechos – eventos en terminología de Popper - que constituye el campo propio de esas disciplinas. En las del segundo grupo, se encontrarían las ciencias del espíritu o ciencias humanas, donde no caben las leyes ni las generalizaciones.

 

Esta división está asociada a una vieja discusión respecto de dónde ubicar a las ciencias sociales. Si entre las "humanidades" o entre las "ciencias". Una disputa que siempre reaparece, muchas veces escondida detrás de otras denominaciones. La discusión adquirió virulencia, en los ambientes católicos a fines de la década del cincuenta -previo a la creación de la carrera de sociología en la Universidad Católica Argentina- que durante mucho tiempo interpusieron el libre albedrío, como propio de la naturaleza humana, a cualquier intento de pensar la conducta social en términos de leyes o pautas de comportamiento colectivo[6]. No solamente en los ambientes católicos. También entre los que se mueven en el ámbito de las denominadas ciencias morales, y entre los idealistas tipo Dilthey. Max Weber, con su énfasis en la comprensión, también pretendía evitar la cosificación de lo social tan ligada la tradición de Durkheim.

 

Esta discusión no está para nada terminada. Reaparece, de alguna manera, entre algunos de los que adhieren al paradigma cualitativo frente al cuantitativo, a la interpretación frente a la explicación y lo particular frente a lo general. Al "humanismo" frente al "cientificismo". Realizar un estudio de caso sobre cómo "viven y sufren" los miembros del Coro de Niños de la Escuela Nro. 3 de Ascochinga, haciendo "entrevistas en profundidad" a algunos de sus integrantes es un ejemplo del tipo de estudios que suele responder a este encuadre y a esta visión de las ciencias sociales. Lo que aparece como “marco teórico” de la investigación, en estos casos, no es más que un conjunto de consideraciones generales acerca de autores, conceptos o recopilación de antecedentes; tampoco hipótesis a poner a prueba, surgidas de ese marco teórico, ni diseño de la prueba empírica más allá de una referencia a algunas técnicas a utilizar. No hay variables, definiciones conceptuales, ni operacionales. Sus resultados se agotan en el caso mismo. Sirven, lo que es muy válido y hasta puede ser muy útil en materia de política educativa, para conocer lo que viven, piensan, disfrutan y sufren los miembros del Coro de Niños de la Escuela Nro. 3 de Ascochinga. No mucho más. Lo que los primeros navegantes del Mediterráneo sabían para navegar en el Mediterráneo, no les servía para navegar fuera del Mediterráneo. Cuando supieron algo más que eso, cuando pudieron descubrir principios generales, se desarrolló la navegación y pudieron internarse más allá del Mediterráneo (Drucker, 1999).

 

En principio, no se puede negar que el abordaje de un objeto de conocimiento está restringido por la concepción que tenemos de ese objeto. Y es aquí donde se vinculan, como dijimos al principio, los supuestos ontológicos con los supuestos epistemológicos. El problema entonces radica en la discusión acerca de cómo concebimos ese objeto. Se llame naturaleza, hombre o sociedad.

 

Como dice Bunge (1995), una cosa es pensarlos fenómenos mentales como fenómenos cerebrales y otra suponer que los fenómenos mentales no son fenómenos cerebrales aunque el cerebro - y no el hígado o el estómago - sean su hábitat. Habitan en el cerebro, pero no son el cerebro. Sin tomar partido por la discusión, no hay dudas de que la creencia en la posibilidad de aplicar el modelo de ciencia natural a la psicología, variará enormemente en uno y otro caso. Algo que ya está ocurriendo con el enorme desarrollo que han adquirido las neurociencias y sus importantes descubrimientos vinculados a la conducta individual y social de los seres humanos.

 

Que el individuo sea libre, no quiere decir que su comportamiento sea errático. La vida social sería imposible. La vida social se desarrolla a partir de expectativas mutuas de comportamiento y la existencia de respuestas institucionalizadas a esas expectativas. Hay pautas y si hay pautas hay "leyes", hay tendencias, aunque sean probabilísticas y por lo tanto hay posibilidad de hacer pronósticos y de dar cuenta de los hechos particulares a través de principios más generales (Toffler, 2001).

 

No se puede dejar de mencionarlas diferencias que existen entre individualistas, holistas y sistémicos (Bunge, 1995). Los individualistas, se detienen en los actores individuales, en los componentes de personalidad de cada uno para dar cuenta de los fenómenos grupales, organizacionales e institucionales. Es explicarlo que ocurre en la política nacional en función de lo que hacen alguno de sus actores más destacados. La voluntad política. Primero de Alfonsín, luego de Menem, después de Kirchner y ahora de Cristina Fernández. En el otro extremo, los holistas, que visualizan la sociedad como un todo, con sus propias leyes de funcionamiento, donde los individuos no son otra cosa que instrumentos a través de los cuales se pone de manifiesto ese funcionamiento. Dar cuenta de lo que ocurrió en 2001 en la Argentina simplemente como "un estallido social" producto de la acción de un conjunto de fuerzas estructurales, es una expresión de este holismo totalizador, ya que deja de lado la acción de actores individuales como Duhalde, Alfonsín, Cavallo y el mismo De la Rúa.

 

Así como los individualistas ven solo a los árboles, los holistas, ven solamente el bosque. Ambos son reduccionistas. Por último, están los sistémicos, para quienes la totalidad importa tanto como la individualidad. La vida social es un sistema de acciones y reacciones donde cuentan tanto los actores, como su ubicación dentro del sistema de relaciones, las características estructurales del sistema y su forma de inserción en el contexto en que opera. Tanto la estabilidad como el cambio se explican en función de esta multiplicidad de relaciones. Este sistema de acciones y reacciones tiene propiedades emergentes cuyo origen no se encuentra en el uno, ni en el todo, sino en los condicionamientos mutuos. Como decía Dante Panzeri, figura mítica del periodismo deportivo: el mejor seleccionado de fútbol no es el que tiene mejores figuras, sino aquel cuyos jugadores se llevan mejor entre sí. Que juegan “como equipo". ¿Por qué Messi no rinde en el seleccionado argentino como rinde en el Barcelona? Y en este llevarse mejor entre sí, influyen tanto la habilidad de los jugadores, su personalidad, su capacidad de vincularse con los demás, su ubicación en el campo de juego, como la estrategia que aplican frente al rival. Estrategia y jugadores, no operan como cosas separadas, sino que se retroalimentan en el juego, para bien o para mal. Y de eso, en definitiva, depende el resultado final. Se puede elegir a los jugadores, en función de la estrategia o al revés. Además, no es lo mismo jugar frente a Brasil, que frente a Haití. Pero todo lo que se planifique puede quedar en la nada según lo que ocurra en el campo de juego, donde interactúan efectivamente, no en los papeles ni en las pizarras, las estrategias y los jugadores.

 

En cuanto a los supuestos metodológicos, están los que adhieren al método dialéctico, quienes lo hacen al método cuantitativo, quienes lo hacen al método cualitativo y los que ensayan una suerte de articulación entre estos dos últimos, a la que llaman triangulación metodológica (Vasilachis, 1992).

 

Estos distintos supuestos que constituyen algo así como distintos paradigmas disciplinarios, no son independientes entre sí. Los partidarios del método dialéctico - algunos sostienen que más que un método es una "postura metodológica” - comparten una visión holística e historicista de la realidad. Recordemos aquello de que en definitiva “la historia de la humanidad no es sino la historia de la lucha de clases”. Por lo tanto, todo lo que ocurre debe ser analizado con el método dialéctico. O sea, para dar cuenta de los hechos y comprenderlos correctamente deben ser ubicados dialécticamente dentro de la matriz de algún encontronazo histórico. Con sus diferencias, esta idea es compartida básicamente por las distintas versiones del pensamiento crítico. Siempre hay un conflicto estructural no resuelto que hay que detectar y del que cada uno de los problemas particulares no es nada más que una manifestación específica del mismo, en un momento y lugar determinados.

 

Los que trabajan con una metodología cualitativa, tienden a rechazar la idea de los hechos sociales como sujetos a leyes generales y a desconocer la importancia del lenguaje numérico, como expresión de precisión y rigurosidad. Se oponen a la explicación, y reivindican la comprensión y la interpretación como única forma de dar cuenta de los hechos particulares. No a partir de leyes generales. No “desde afuera”, sino “desde adentro". De las motivaciones e intenciones de los actores concretos comprometidos en cada hecho. El observador es parte del hecho observado, con lo cual el observador pasa a ser un factor determinante en la construcción de los hechos que observa, lo que lo aleja de la idea de la realidad como algo independiente de sí mismo. No es la toma de distancia, sino la proximidad, lo que aumenta la "objetividad". Cuanto más cerca mejor. Dar cuenta no es explicar. Es comprender a partir de la pertenencia.

 

Por el contrario, los que adhieren al método cuantitativo, la precisión, tanto conceptual como operacional, la relación entre datos, variables, hipótesis y problemas, el marco teórico como modelo hipotético deductivo, la puesta a prueba de las hipótesis a través de la medición empírica de las variables y la posible representación de esta relación en términos de ecuaciones matemáticas resulta fundamental. Dar cuenta es explicar en término de leyes, no comprender "interpretativamente la acción social" al estilo propuesto por Max Weber .El método cuantitativo es heredero del modelo de la ciencia natural aplicado al estudio de los hechos sociales. Por eso recibe despectivamente el nombre de "enfoque naturalista" por parte de los que se oponen a este modo de abordar el conocimiento de los hechos sociales. Denominación que es rechazada por el referente "cientificista" por excelencia, Mario Bunge (1999), al decir:

…es posible abogar por el estudio científico de los hechos sociales y admitir al mismo tiempo que los sistemas sociales tienen propiedades no naturales. En otras palabras se puede ser a la vez partidario de la ciencia y no naturalista (…) como lo fueron Marx y Durkheim (p. 3).

 

La triangulación metodológica aparece para muchos como una forma de superar las limitaciones de los métodos cuantitativos y cualitativos. Algo así como razonar lo cuantitativo a partir de lo cualitativo y lo cualitativo a partir de lo cuantitativo. En los hechos, lo que se observa es más que una práctica integradora de métodos, una sumatoria de enfoques. En muchos casos para salir de la “frialdad” de los números y tomar en cuenta a las personas que están detrás de esos números. Esto se lo ve especialmente en investigaciones sobre pobreza, marginalidad, adicciones, migraciones, poblaciones originarias, minorías, etc. Es como una forma de volver a darle a las ciencias sociales el “toque humano” ignorado por los intentos naturalistas, cientificistas y objetivistas de transformar lo social en una cosa. Hay algunos metodólogos destacados como Korn y De Asua que se preguntan, con cierto tono crítico, sobre el verdadero significado operativo de esta triangulación, en el campo de las ciencias sociales (Korn & De Asua -sin fecha de edición-, p. 137).

 

Todas estas concepciones epistemológicas y metodológicas de la ciencia social, intencionalmente simplificadas, no son las únicas, y a veces tampoco tan distintas (Klimovsky & Hidalgo,1999), pero encierran las discusiones más importantes, incluidas aquí al solo efecto de ejemplificar algunos de los supuestos básicos vinculados a la disciplina y que subyacen debajo de ese manto genérico mal denominado marco teórico.

 

En cuanto a los supuestos específicos que asume el investigador, dentro del contexto de su propia investigación, podemos diferenciar entre supuestos o modelos analíticos; supuestos o modelos conceptuales y supuestos o modelos hipotéticos deductivos.

 

 La "adopción" de un marco teórico, usando la expresión de Hernández Sampieri (1999, p. 23) supone plantear el problema en términos de un modelo analítico, definir las variables en términos de un modelo conceptual y formular la hipótesis a partir de un modelo hipotético deductivo.

 

Los modelos analíticos son "matrices de observación" o "visiones arquitectónicas" que se constituyen en formas de representación de los hechos que se pretenden investigar. Es una mirada - aquí bien aplicada la palabra mirada -del investigador que expresa “en términos de qué” esa realidad es concebida. Parafraseando a Einstein en su definición de ciencia, es un intento de poner orden en la caótica diversidad de nuestras experiencias sensoriales. El modelo analítico orienta nuestra mirada en función de categorías consideradas de valor estratégico para describir una realidad y luego orientar la observación para dar cuenta de los hechos o intentar predecir su evolución. Cuando se intenta estimar el futuro de la economía de un país tomando en cuenta la probable evolución del consumo, la inversión y las exportaciones, se está usando un modelo analítico compuesto por esas tres variables o categorías que adquieren de ese modo un valor estratégico. Rosendo Fraga, en un programa de televisión (citamos  de memoria) al analizar la posible evolución de la situación nacional a partir de la derrota del kirchnerismo en 2009, utilizaba dos categorías: ciclos y períodos. El primero, de naturaleza política, tenía que ver con la capacidad de un gobierno para seguir determinando a futuro los destinos del país. Cuando este reconocimiento desaparece o se debilita significativamente, el ciclo político de un gobierno se encuentra agotado. En cambio el período es de naturaleza jurídica y tiene que ver con el tiempo que de acuerdo a la constitución o las leyes, le resta a un gobierno, en un determinado momento, para seguir ocupando los cargos para los que fue elegido. Siguiendo con la lógica de Fraga,  combinando las dos categorías se puede obtener el siguiente cuadro:

 

 

 

Ciclo

 

 

Agotado

No Agotado

Periodo

Agotado

1

2

No Agotado

3

4

 

Una de las alternativas posibles, sobre un total de cuatro, es que el ciclo se haya agotado, sin que se haya agotado el período que era lo que consideraba Rosendo Fraga que estaba ocurriendo en nuestro país (Alternativa N° 3). Y a la luz de esas categorías formulaba sus observaciones, tanto a presente como a futuro. No decía Kirchner esto o aquello, Cristina esto o aquello, los sindicalistas esto o aquello, los barones del Conurbano, esto o aquello. Podía tomarlos como objetos de consideración, y de hecho lo hacía, pero siempre en función de las categorías analíticas que estaba manejando. Esta es, en última instancia, la diferencia fundamental que existe entre un analista político y un periodista. Otro analista podría utilizar otras categorías. Su mirada estaría puesta en otro lado y tal vez las conclusiones podrían ser diferentes. En el caso de los economistas, si uno llegara a la conclusión de que la economía va a entrar en un proceso de recesión y el otro que va a seguir creciendo, lo que estaría en juego sería el carácter estratégico de las variables utilizadas. El que falló en el pronóstico no habrá realizado una elección feliz en cuanto al modelo utilizado, pero nada más. A la luz de los acontecimientos posteriores, Rosendo Fraga, no eligió bien el modelo o le estaban faltando algunas categorías. Los modelos analíticos no son verdaderos ni falsos. Son útiles o inútiles. Su valor es meramente instrumental.

 

Resulta fundamental que el modelo analítico a utilizar esté presente en el planteo del problema, Es en términos de ese modelo que debe llevarse a cabo dicho planteo. Si de entrada esto no ocurre, hay que reformular el planteo del problema en términos del modelo analítico adoptado. Cambiar el planteo no significa cambiar el problema, sino adaptar su formulación a la terminología que utiliza el autor cuyas categorías analíticas se adoptan. A los efectos prácticos, la mejor forma de encarar el planteo del problema es con una "introducción" que siga más menos este formato: "Tomando en cuenta las categorías de “democracia delegativa” que utiliza Guillermo O´Donnell"Todo lo que forme parte del modelo analítico va a operar como encuadre del sentido que se le otorgue al abordaje del tema en cuestión. Otro modelo analítico podría llevar a un tratamiento diferente. Los alumnos, que en general no formulan preguntas, ni plantean problemas en sus trabajos de tesis, luego del declarado objetivo de "analizar", "describir", "entender", "explicar", etc. Expresan que para encarar el tema van a utilizar “el modelo de…”según los autores de moda con los que han tenido contacto en las cátedras. Al proceder de este modo, sin preguntas, sin planteo del problema, remitiendo al tema y luego haciendo referencia a un autor determinado como generador del modelo, arrancan sin la solidez lógica indispensable para que todo el desarrollo posterior muestre la coherencia propia de una investigación científica. Cuando las categorías del modelo forman parte de la pregunta de investigación esto es más difícil que ocurra ya que dichas categorías estarán presentes no solo en el planteo del problema, sino en la hipótesis que se formule como respuesta a priori a dicho planteo. Y las variables a medir, y por lo tanto los indicadores a utilizar y los datos a recoger, estarán siempre en función de las categorías analíticas iniciales.

 

A veces no se trata de simples categorías como en el caso citado de Rosendo Fraga, sino de verdaderos modelos de análisis. En una reunión anual de la Asociación Económica de los Estados Unidos, realizada en Nueva Orleáns, en enero de 2008, se presentó una investigación sobre la prostitución utilizando el modelo analítico de las transacciones comerciales.

La atracción estelar aquí fue Steven Levitt, un profesor de economía de la Universidad de Chicago y coautor de Freaknomics, un bestseller. Levitt presentó conclusiones preliminares de un estudio realizado con SudhirVenkastesh, sociólogo de la Universidad de Columbia. Más allá de las conclusiones, por demás interesantes, la utilización de un modelo analítico vinculado a las transacciones comerciales se aprecia cuando se afirma que: “En muchos sentidos, la industria del sexo pago es muy parecida a cualquier otro negocio. Las estrategias de precios son parecidas a las de cualquier otro ámbito (…) Las tarifas varían de acuerdo con el servicio provisto y las prostitutas maximizan las ganancias segmentando el mercado (…) Los autores pudieron estudiar el efecto de un shock de demanda. Al reunirse la gente para las festividades de la independencia norteamericana, el 4 de julio, alrededor de Washington Park (uno de los barrios estudiados), la actividad aumentó alrededor del 60 %, pero los precios solo subieron el 30 %. El mercado pudo absorber esta alza de la demanda en parte por una oferta flexible. Las prostitutas del lugar trabajaron más horas y las de otros lugares fueron atraídas por la demanda. También hubo mujeres que no son prostitutas habituales, pero que estaban dispuestas a trabajar por los salarios más elevados ofertados temporariamente (…) Las evidencias de una actitud miope respecto del riesgo en el sector tiene su correlato en los abundantes ejemplos que se han visto de ello recientemente en la industria financiera (Los economistas estudian el negocio más viejo del mundo, 2008).

 

 Lo que cuenta en la selección del modelo analítico es la imaginación y creatividad del investigador. Es uno de los momentos cruciales en que la ciencia se parece al arte y lo que rescata la figura del investigador como creador, como generador de ideas, más allá de los tecnicismos y de las rutinas propias del trabajo científico. Unos modelos podrán ser más útiles que otros, pero no por eso serán más verdaderos. Un modelo no se pone a prueba. Lo que se pone a prueba son las hipótesis que formulamos dentro de ese modelo.

 

En este caso, la idea de modelo analítico se asocia con la idea de encuadre. Significa que estamos encuadrando nuestras observaciones. Que el hecho no se presenta "tal cual es" sino mediatizado por ese modelo. Esto no niega la existencia de la realidad, ni la posibilidad de que nuestras afirmaciones puedan ser puestas a prueba. Caracterizado el hecho, a partir de las alternativas de clasificación de unidades de análisis según una categoría analítica,  podemos plantearnos problemas en términos de preguntas de investigación, como ser: Según las categorías de Max Weber y de Guillermo O’ Donnell  ¿qué relación existe entre el tipo de autoridad dominante y el tipo de democracia en términos participativos vs. delegativos?

 

Según el modelo, la realidad quedará configurada de una manera particular. Estas alternativas de clasificación en su conjunto constituyen una tipología, y cada hecho o situación una ubicación particular dentro de esta tipología. Clasificar, por lo tanto, es tipificar, según un modelo analítico.

 

Algunos consideran que los modelos analíticos son modas intelectuales. Hoy, luego de la caída del comunismo, de las transformaciones sufridas por los partidos socialistas de oriente y occidente, de la apertura económica en países que se siguen considerando comunistas como China, Vietnam y Camboya, y tantos otros cambios acaecidos desde la caída del Muro de Berlín, las categorías de izquierda y derecha, la división entre primer mundo y tercer mundo, países centrales vs. periféricos, entre otras, son rechazadas por la mayoría de los analistas porque las consideran poco fructíferas para entender la realidad actual.

 

Los supuestos específicos incluyen en segundo lugar un modelo conceptual, en cuanto al contenido o la definición que se hace de cada uno de los términos que se utilizan en la investigación, en particular de las variables. Aquí hay que puntualizar la diferencia entre modelo analítico y modelo conceptual. El modelo analítico es como "una forma vacía de contenido". En cambio el modelo conceptual es el que le da "contenido a la forma".

 

Dado que las ciencias sociales están lejos de compartir un lenguaje común, puede haber diferencias importantes en conceptos - modelo conceptual - como democracia y totalitarismo, por ejemplo. Diversos investigadores, aun utilizando el mismo modelo analítico, pueden diferir en cuanto al modelo conceptual por no usar los términos en el mismo sentido. Si bien es cierto que en el proceso de investigación esto se precisa cuando llega el momento de las definiciones conceptuales, como paso previo a la operacionalización de las variables, en los hechos todo investigador tiene in mente, al comenzar una investigación, un cierto significado de los conceptos que utiliza. Quien opere dentro de un modelo dialéctico de corte marxista tendrá una concepción de las clases sociales diferente al que opere dentro de un modelo funcionalista. Por lo tanto, una de las cosas que hay que manejar con mucho cuidado es la relación entre la terminología y el contenido conceptual que se le asigna a cada uno de los términos utilizados. Sin precisión terminológica, no hay rigurosidad científica. Hay una tendencia generalizada entre los alumnos a utilizar palabras diferentes para decir supuestamente lo mismo y la misma palabra para decir cosas supuestamente diferentes.

 

Hace cuarenta años, uno de los términos utilizados para abordar el problema de la desigualdad social era el de marginalidad. Luego, comenzó a hablarse de marginación y hoy se habla de exclusión. Es frecuente, aun en los medios académicos, la utilización de estos términos como si tuvieran el mismo significado, cuando en realidad no es así. Marginalidad, remite a la idea de los que quedaron retrasados en el proceso de modernización. La modernización como todo proceso de cambio es asincrónica. No se materializa en todos los sectores ni niveles con la misma velocidad. Los marginales son los que vienen corriendo más despacio, vienen atrás, pero van a llegar a la meta como lo están haciendo los que llevan la delantera. No hay juego sucio. En cambio, el término marginación remite a la existencia de un juego sucio. Los que van atrás, no van atrás simplemente porque corren más despacio, sino por las zancadillas y los obstáculos que les ponen los que van adelante, que tratan que los demás no lleguen para quedarse ellos con la mayor cantidad de premios posible. El término exclusión va un poco más allá. Aquí los que llevan la delantera les quitan al resto las posibilidades de intervenir siquiera en la carrera porque ésta es la única forma de quedarse con todos los premios. No los dejan cargar nafta, les roban neumáticos, les queman los boxes…Los que ganan, ganan porque han dejado al resto afuera. Los han excluido. Es como decir los ricos son ricos porque los pobres son pobres. O mejor al revés: los pobres son pobres porque los ricos son ricos.

 

El funcionalismo, en su momento, hizo un verdadero esfuerzo para otorgarle a los términos precisión conceptual (Sprott, 1957). Ya lo había intentado antes Max Weber en "Economía y sociedad", obsesionado por definir con precisión cada uno de los términos que usaba. Althusser, ubicado en las antípodas del funcionalismo, se encuentra entre los que proponían un lenguaje específico, despojado de los términos de uso cotidiano, para las ciencias sociales. O sea que la necesidad de manejarse con términos unívocos dentro de estas disciplinas es una preocupación que está más allá de los paradigmas epistemológicos. Si los mismos términos quieren decir distintas cosas, el que los utiliza queda liberado para tomar en cuenta cualquier hecho, según le convenga, como expresión de lo que está diciendo. No es raro en consecuencia que, en estos casos, la realidad siempre coincida con sus observaciones. No hay desarrollo ni maduración en una disciplina que se maneja con la lógica del teléfono descompuesto.

 

Llegamos así al último de los supuestos específicos, el modelo hipotético deductivo, el único que, a nuestro juicio, merece denominarse marco teórico. Cuando se hace referencia a los supuestos a partir de los cuales se deducen las hipótesis que permiten dar cuenta de los fenómenos particulares, se está en el sentido estricto frente al marco teórico de una investigación. Si el problema hace a la pregunta y la hipótesis hace a la respuesta, el marco teórico es el conjunto de supuestos de donde se deriva esa respuesta. Y esto ocurre siempre, cualquiera sea el paradigma en juego. No importa si el que formula la hipótesis es consciente de ello o no. Como dice Adrián Paenza: “Primero están los problemas y mucho después la teoría, que (en todo caso) se supone que ayuda a resolverlos" (Paenza, 2008).

 

Luego del segundo episodio cardiovascular que Néstor Kirchner sufrió setiembre de 2010, muchos “encuestadores” pronosticaron que ese episodio iba a jugar a favor del ex presidente. ¿Cuál era “modelo hipotético deductivo” o “los supuestos a partir de los cuales” se deducía ese pronóstico, o sea esa hipótesis. Hubo varios. Enrique Zuleta Puceiro afirmó que “la enfermedad puede servir como puntapié para buscar equilibrios”. Analía del Franco, dijo que “En personajes de su envergadura, la enfermedad suele impactar a favor porque acerca. La gente tiende a solidarizarse porque lo siente más próximo” (Bullrich, 2010). Son supuestos generales, “premisas leyes”, que están más allá del caso particular de la enfermedad de Kirchner. Hablan de “la” enfermedad, o de “personajes de su envergadura”. Esta generalidad es lo que le otorga a esos supuestos el carácter de marco teórico de donde se va a deducir - teniendo en cuenta la premisa dato “Kirchner está enfermo” -el pronóstico hipotético acerca de que esa enfermedad puede jugar a su favor.

 

Klimovsky e Hidalgo (1999), al hablar de la explicación científica y más específicamente del modelo nomológico deductivo, hace referencia al marco teórico en los siguientes términos teniendo en cuenta que toda explicación es una deducción a partir de premisas leyes y premisas datos.

 

lo que ofrecemos como explicación es, en realidad la ubicación de un suceso frente a otro suceso y a un marco teórico que, como ya hemos dicho sobradamente le otorga sentido a la relación entre ambos sucesos (…) En el modelo nomológico deductivo se afirma que sin marcos teóricos y sin leyes no es posible construir explicaciones y que, aunque nuestro interés primordial radique en la práctica, no podremos entender lo que hacemos ni por qué las cosas suceden como lo hacen sin disponer de un arsenal de teorías y de sistemas conceptuales que permitan conectar unos hechos con otros. Si a ello se suma la concepción hipotético deductiva en relación con la predicción, que requiere teoría y datos a la vez, se desprendería que ni explicar ni predecir sería posible sin el concurso de marcos teóricos, de hipótesis convenientemente sistematizadas (…).

En el campo de las ciencias sociales, las afirmaciones de Hempel han causado muchos rechazos. A veces el historiador (y muchos de los científicos sociales agregamos nosotros) no entiende por qué para explicar la ocurrencia de determinado suceso histórico, es necesario disponer de teorías. Más bien tiende a pensar que la comprensión de un hecho histórico supone la simple contemplación de un encadenamiento de hechos anteriores que desembocó en aquel. Una manera de comprender explicativamente la Revolución Francesa(también podrían ser los hechos ocurridos en la Argentina en diciembre de 2001, decimos nosotros) según esta tesis, sería describir todos los hechos sociales y económicos de carácter singular que acontecieron en Francia (o en la Argentina, decimos nosotros)desde el preciso momento en que se descubrió que las arcas de la tesorería estaban en cero (…) De este modo, diría el historiador, la compresión de la Revolución Francesa se satisfaría por la descripción de un sistema de hechos. ¿Dónde está aquí la teoría? Hempel respondería con razón, que los hechos que se suceden en un proceso histórico son, si no infinitos, descomunalmente numerosos, y una descripción o encadenamiento de sucesos que desemboquen en lo que queremos explicar sería el resultado de una selección que hace el historiador (o el sociólogo, el antropólogo o el "politólogo", decimos nosotros porque le parece que ellos (y no otros) son pertinentes para la explicación. Pero, ¿de dónde procede tal pertinencia, sino de una conexión que involucra leyes históricas, sociales, de la conducta humana, económicas o de otra naturaleza? Si tales leyes fueran convenientemente expuestas en forma explícita (el marco teórico de una investigación en sentido estricto, decimos nosotros) mostraría la existencia de teorías sociológicas, psicosociales y económicas que, como afirmáramos anteriormente, aceptamos de modo implícito y a veces sin ser siquiera conscientes de su utilización (…) Si no se poseen teorías y leyes , el científico es un ciego con respecto a la variedad de los fenómenos que lo rodean y aun el pragmático, amante de la práctica, no sería más que un hombre que elige al azar acontecimientos para predecir por mero pálpito, que algo sucederá(inclusive que ciertas hipótesis puedan resultar sostenibles después de su puesta a prueba, ya que toda hipótesis también es una predicción, decimos nosotros)pero sin tener razones que avalen su expectativa más allá de sus deseos y prejuicios. (Klimovsky, 1997, p. 253).

 

Los científicos sociales deberíamos leer un poco más a Gregorio Klimovsky.

 

Es muy común en las ciencias sociales que las teorías se acepten de un modo implícito y sin siquiera ser conscientes de su utilización. En términos científicos ésta es su gran debilidad. Pero esto conlleva a algo peor todavía: la imposibilidad de plantearse siquiera la validez de esas teorías. Los supuestos implícitos son inexorablemente utilizados como verdaderos. ¿A título de qué? No se sabe. Lo más probable es que se los vincule con algunas de las fuentes no legítimas del conocimiento científico: la autoridad, el “gusto”, la tradición, los intereses, de las que habla Bunge y a las que con mayor seguridad le podemos agregar en el caso de las ciencias sociales, las modas culturales y sobre todo las ideologías políticas.

 

La aceptación o rechazo de una teoría, en las ciencias sociales, y sobre todo lo que se denomina cambios de paradigma, no están asociados a un agotamiento de ciertas teorías y paradigmas para dar razón de los acontecimientos debido a que nuevos experimentos u observaciones desmienten lo que hasta un determinado momento se había venido sosteniendo. En la práctica, en las ciencias sociales, no ocurre nada de esto. No hay ninguna vinculación entre experimentación u observación sistemáticamente controlada y cambio de teoría o paradigma. No es en términos científicos, en que debe explicarse el reemplazo de una teoría por otra sino más bien en términos sociológicos. Se va produciendo una convicción cada vez más generalizada de que ciertas teorías “ya no dan cuenta de los hechos”, pero sin verdaderas pruebas científicas que avalen este “desengaño amoroso”. Cuando se exponen los argumentos a favor de un nuevo paradigma se cae en generalizaciones del tipo “los cambios estructurales del mundo actual no permiten dar cuenta de los hechos en función de teorías y paradigmas elaboradas en un contexto histórico y cultural diferentes. Hoy se impone un nuevo paradigma”. Las evidencias que muestren el agotamiento de la capacidad explicativa y predictiva del viejo paradigma no están. Sin embargo es partir de estas nuevas creencias - porque son eso, nada más que creencias – que se sostiene que todo lo que no encaje en el nuevo paradigma resulta viejo, vetusto y apolillado. En este sentido la palabra ciencia no parece la más adecuada para denominar a las ciencias sociales.

 

Cuando nos preguntamos acerca de la causa de un fenómeno, y el planteo del problema se expresa en la pregunta: ¿por qué….? en la respuesta que formulemos, al modo de hipótesis, estará implícito un supuesto teórico que dio origen a la respuesta. Supuesto en cuanto pauta de relación entre fenómenos. Por lo tanto para la selección del marco teórico, la pregunta que nos debemos hacer es: ¿de dónde se deduce la hipótesis que, en respuesta al problema planteado, vamos a poner a prueba a través de la observación empírica? Marco teórico como referencia a un conjunto de premisas (premisas leyes en palabras de Klimovsky) acerca de hechos de carácter general (eventos en términos de Popper) dentro de los cuales se encuadra el suceso particular que nos ocupa. Queda claro entonces que el marco teórico no es como se acostumbra a presentar en las investigaciones en ciencias sociales, especialmente en los trabajos de tesis, un conjunto de antecedentes acerca del tema, ni un listado de términos, ni de ideas que determinados autores expusieron respecto de la cuestión. De ahí que la explicitación del marco teórico tenga que estar precedida por un proceso de búsqueda, a partir del problema planteado, de esas premisas leyes, que puedan servir como fuente para la formulación de hipótesis. Y esto exige una tipificación de los hechos que aparecen en el planteo del problema. Las variables subyacentes y sus relaciones, en juego. Cuando todavía vivía Néstor Kirchner, y se especulaba con su candidatura presidencial para suceder a Cristina Kirchner, Sergio Bereztein defendía por televisión su posición acerca de que el mejoramiento de la situación económica no iba a incidir positivamente en el voto a favor de Néstor Kirchner. Lo hacía a partir de lo que él llamaba la "teoría del voto" o dicho en otros términos la teoría del comportamiento electoral, ya que de eso se trataba: de un comportamiento electoral (2010, 17 de mayo, "La mirada". Canal 26. Argentina). El pronóstico lo formulaba sobre lo que decía esa teoría, a su vez fundada en estudios empíricos, sobre los factores que aparecían asociados al comportamiento electoral y la importancia relativa de cada uno de ellos. Manuel Mora y Araujo, que no era tan tajante sobre la imposibilidad de que Néstor Kirchner fuera electo presidente en 2011, no le otorgaba mayor importancia a las denuncias de corrupción contra los Kirchner porque “ese no es un tema que defina votos” (Mora y Araujo, 2010) Aquí nuevamente los pronósticos particulares apelan a la teoría.

 

Si nos preguntamos ¿por qué los trabajadores petroleros de la Patagonia muestran un grado de conflictividad mayor que en otros lugares del país?, una de la respuesta posibles puede ser que esto se deba al aislamiento en que se encuentran sus comunidades en términos geográficos y del escaso contacto que tienen con otros sectores de la sociedad. Y alguien podría preguntarse frente a esta respuesta: ¿y eso qué tiene que ver? En ese caso le diríamos que la teoría sostiene que a mayor aislamiento geográfico del medio en que se desarrolla una actividad laboral, mayor conflictividad de los trabajadores involucrados. Por lo tanto, dado que los trabajadores petroleros del sur del país desarrollan su actividad en lugares geográficamente aislados es lógico, en principio pensar que muestren un grado mayor de conflictividad. Con lo cual el hecho queda explicado a partir de una premisa "ley", la relación entre aislamiento geográfico y conflictividad, y de una premisa "dato" como es la presencia efectiva del hecho - aislamiento geográfico en el caso de los trabajadores petroleros de la Patagonia - al que hace referencia la ley.

 

Luego del conflicto con el campo, el analista Jorge Castro se preguntaba: “¿Puede recuperarse de esta derrota el sistema de poder de Kirchner?” y continúa:

Un poder hegemónico no es un conjunto de instituciones que legítimamente se ocupa sino un poder que se ejerce. Y ese poder, puesto frente a conflictos, o se impone o pierde. Si pierde, tiende a desaparecer, a través de un proceso de desarticulación.” Y más adelante agregaba, “Por eso, los acontecimientos de esta semana, desde el acto de Palermo hasta la votación en el Senado, implican la desarticulación del sistema de poder construido por Kirchner en estos últimos cinco años, a partir de la extensión y generalización de la desobediencia de la sociedad civil y del sistema político (Castro, 2008).

 

Los acontecimientos posteriores demostraron que a Jorge Castro se le cayeron algunas variables en el camino y que por lo tanto su “marco teórico” no era adecuado para anticipar los acontecimientos. De todos modos no deja de ser pertinente su utilización para mostrar el mecanismo al que apelamos permanentemente cuando queremos dar respuesta a un interrogante. No es una casualidad que hayamos tomado un ejemplo ajeno al mundo académico. El formato es el mismo. El contenido no debería ser el mismo. Desgraciadamente esto no siempre ocurre. Como ya dijimos, en nuestra actividad académica cotidiana, los docentes nos manejamos con infinidad de supuestos que aceptamos como “verdades de a puño” sin explicitarlos ni ser demasiado conscientes de ello. En esto el artículo de Jorge Castro muestra una ventaja. Comienza explicitando su “marco teórico” en sentido estricto, como un modelo hipotético deductivo de donde extraerá la conclusión – hipótesis sería en nuestro caso – sobre el posible desarrollo de los acontecimientos. Se equivocó, por supuesto. A los hombres de ciencia les pasa todos los días.

 

Seguramente Castro no se propuso responder a ninguna exigencia metodológica, o al menos podemos pensar que no la tenía in mente al momento de escribir el artículo. Sin embargo, la pregunta que se formula Castro respecto de si puede recuperarse el sistema de poder creado por Kirchner luego de la derrota sufrida en el conflicto con el campo, constituye algo así como el planteo del problema. Es la incógnita a despejar.

 

 ¿Y qué hace después Castro? Desarrolla un modelo conceptual y explicita un marco teórico como “modelo hipotético deductivo”. Lo primero que hace es definir qué entiende por poder hegemónico, ya que con anterioridad había hablado de la “hegemonía de Kirchner” lo que implica caracterizar al poder ejercido por Kirchner como un poder hegemónico. Esta definición es una tipificación y al tipificar el hecho lo encuadra dentro de las generales de la ley, o sea lo encuadra dentro de todo lo que se puede decir desde la teoría política acerca del poder hegemónico.

 

Al decir que el poder hegemónico, “puesto frente a conflictos, se impone o pierde” lo que está diciendo es que las alternativas solo son extremas. Que no hay consenso posible con los enemigos del poder hegemónico. Y al agregar “si pierde tiende a     desaparecer” establece una relación entre el resultado del enfrentamiento y la probabilidad de supervivencia del poder hegemónico. Una relación que puede expresarse en la formula “si A, entonces probablemente B” que expresa, en términos de ley en sentido amplio, el tipo de relación más sencilla entre fenómenos.

 

El marco teórico como "modelo hipotético deductivo" es lo que sirve de base para dar respuesta a la pregunta que se hace Castro, o sea para formular lo que en términos metodológicos se denominaría la hipótesis de investigación. La desobediencia de la sociedad civil y la votación en el Parlamento en contra del Proyecto de ley del Poder Ejecutivo sobre la Resolución 125 fueron las manifestaciones de esa desarticulación a través de la cual se pierde el poder hegemónico tal como se afirma en el marco teórico. De este modo el marco teórico opera como fuente de hipótesis y como puente entre el planteo del problema y dicha hipótesis. Mucho más sencillo de lo que parece cuando nos enfrentamos a la necesidad de elaborar esa cosa tan misteriosa que llamamos marco teórico. Lo que ocurrió después es harina de otro costal. Seguramente, como sucede en la mayoría de los casos, habría que haber introducido otras variables en el modelo. Pero esto no invalida para nada la lógica del ejercicio.

 

Los supuestos, las premisas leyes de que habla Klimovsky, pueden ser meras hipótesis generales o proposiciones sólidas que han superado con éxito la prueba de contrastación empírica. El desarrollo científico se mide en función de la solidez de estas proposiciones. En las ciencias sociales las cosas están muy lejos de ser así. La intuición y la subjetividad calan mucho más. Al respecto dice Klimovsky

 

Si la concepción hipotética parece razonable para ciencias fácticas tales como la física, la química o la biología, con mayor razón lo será en el ámbito de las ciencias sociales, donde hay una propensión mayor a convertir nuestras creencias, prejuicios e ideologías en dogmas o verdades evidentes para nosotros, a la vez que los puntos de vista de nuestros colegas aparecen intuitivamente como radicalmente equivocados y dignos de ser combatidos, aun con los peores recursos" (las negritas no pertenecen al original) (Klimovsky, 1997, p. 131).

 

Demasiadas veces, el “trabajo científico” en las ciencias sociales no se diferencia mayormente del abordaje que podemos hacer desde la política o el sentido común, cuando no es simplemente una manifestación más de las ideas instaladas en el medio académico del que formamos parte.

 

Klimovsky habla acertadamente de “explicitar” el marco teórico, lo que hace a la rigurosidad y transparencia del proceso. No se trata de “construir” o de “elaborar” el marco teórico, sino de “explicitarlo”. Poner de manifiesto los supuestos asumidos al formular la hipótesis. Mostrarlas “premisas leyes” que dieron origen a esas hipótesis. Y al mostrarlas nos ponemos en evidencia, ya que se puede tratar de supuestos que no han pasado por el tamiz de ninguna prueba empírica. Más aun, ni siquiera a nadie se le ocurrió hacerlo. Y si hablamos de explicitación, el marco teórico debería presentarse después de la hipótesis y no antes como ocurre en casi todos los trabajos de investigación ya que explicitar es mostrar lo que está implícito en algo previamente expuesto. Hay en esto un vicio de origen y que nace de la confusión entre antecedentes y marco teórico, como dijimos al comienzo de este trabajo.

 

La explicitación del marco teórico es lo que le otorga a una investigación el sello de identidad propio de una disciplina. En el texto de Jorge Castro, esto también aparece claro. Al tipificar el poder de los Kirchner como poder hegemónico y plantear un marco teórico en el que se hace referencia a las condiciones que llevan a la desaparición de este tipo de regímenes, Jorge Castro lo engancha con el resto del cuerpo teórico de la disciplina.

 

La explicitación del marco teórico, tal cual lo hemos definido, su consistencia y sustentabilidad, la observación sistemática y la disponibilidad de datos confiables, es el salto cualitativo que diferencia al conocimiento científico de otras formas de aproximación al conocimiento de la realidad, en algunos casos igualmente legítimas, pero no necesariamente científicas, aunque se denominen tales.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Referencias

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NOTAS



[1] M. Bunge habla de enfoque, para referirse a estas cuestiones y lo hace de la siguiente manera: "Enfoque = (Andamiaje general, Problemática, Metódica, Metas), donde el andamiaje general es un conjunto de hipótesis muy generales referentes al campo en cuestión así como al modo de conocerlo; la problemática es el tipo de problemas que se desea tratar; la metódica, es el conjunto de métodos o modos de tratar dichos problemas, y las metas, las finalidad últimas de la investigación de dichos problemas con dichos métodos. En el caso del enfoque científico, Andamiaje = Ontología naturalista U Gnoseología realista, Problemática = Todos los problemas concebibles en el andamiaje científico, Metódica = Método científico (que incluye pruebas empíricas sin limitarse a éstas), Metas = Describir, explicar y predecir hechos mediante leyes"(Bunge, 2006, 124)

[2] No hace mucho, el ministro de ciencia y tecnología, Lino Barañao  afirmó en una entrevista al diario Página 12:  A mí me gustaría ver un cierto cambio metodológico en esas ciencias (refiriéndose a las ciencias sociales); estoy tan acostumbrado a la verificación empírica de lo que digo, que a veces los trabajos en ciencias sociales me parecen teología.(Las negritas no pertenecen al original)

Aunque luego aclaró que su declaración  fue recortada: “…reconoció que no está muy de acuerdo con las ciencias sociales que son solo teóricas o  críticas de otros autores. Pero esa es solo una parte de las ciencias sociales”, según palabras de la representante de las ciencias sociales en el directorio del CONICET, Noemí Girbal. Por su parte el mismo  Barañao, en diálogo con el diario Perfil, agregó: “No es que no las valore (a las ciencias sociales) pero reitero mi crítica por cierta forma que tienen de encarar la investigación que aparece como altamente subjetiva. Dedicar estudios a comentar las opiniones de un autor tiene un grado de subjetividad muy alto. Me resulta difícil poder falsarlos, como planteaba Popper, y establecer consecuencias de esas cosas” (2008, 13 Enero. Diario Perfil).

[3]“El pensamiento crítico es condición imperativa para discutir un nuevo proyecto institucional y político para la educación superior. La autonomía universitaria lejos de suponer un “ombliguismo cientificista”, es en realidad, una relación dinámica entre la universidad pública y las políticas públicas, que habilite una instancia crítica, y a la vez comprometida con lo público y con una sociedad más justa y equitativa. Creemos entonces que la universidad debe pensarse en relación crítica a la realidad social. La posibilidad de desentrañar las prácticas cotidianas que reproducen el aislamiento de la universidad de la realidad social, requiere de la construcción cotidiana de nuevas prácticas políticas, tendientes a involucrar a la  universidad en los grandes debates nacionales, desde una perspectiva comprometida con los sectores populares y con la democratización de los diferentes ámbitos de la vida social, que aporte a la construcción de un estado soberano, y con justicia social” Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.   Ciclo de Charlas. Pensamiento Crítico y Realidad Social  II. Configuraciones políticas del conflicto de Medio Oriente. Facultad de Ciencias Sociales, Folleto de difusión. UBA, Abril- mayo de 2004.

 

[4]José Medina Echavarría, sociólogo español, y uno de los mentores de la sociología moderna latinoamericana,  decía que había tres tipos de universidad: la universidad isla,  abocada al conocimiento por el conocimiento mismo; la universidad militante, donde el conocimiento está subordinado a la política y la universidad “participe”, que sin abandonar su metiér específico ligado a la  búsqueda desinteresada de la verdad, pone el foco en aquellos problemas del contexto social en el que se desarrolla (Robinson Alavarado & Sedeño Guillen, 2007). La idea de la universidad “participe”  tiene que ver con la “pertinencia”  como uno de los rasgos definitorios de la calidad de la educación superior según lo definiera el  Primer Congreso de Educación Superior realizado en la Sede de la UNESCO  en París en  1998. 

[5]Ideográficas, con i, no ideográficas, con e, como  suele aparecer en distintos textos académicos. Idio, significa  lo propio, lo peculiar. Está asociada la palabra idiosincrasia, lo propio, lo específico, como cuando se dice la “idiosincrasia de un pueblo”.

[6] Esta discusión dio lugar a la publicación de un libro muy importante en su momento, “La sociología como ciencia positiva”, escrito por el sociólogo José Enrique Miguens (Miguens,  1958)  fundador y primer director de la carrera de sociología de la Universidad Católica Argentina. En ese libro,  el autor buscaba integrar la concepción aristotélica de la causalidad, tan cara a la ortodoxia filosófica de la Iglesia, con  las características de la sociología moderna como ciencia positiva de la realidad social. Hay que tener en cuenta lo arriesgado de este intento ya que era muy  común que se confundiera ciencia positiva con positivismo filosófico. Máxime en un momento en que la Universidad Católica estaba dirigida por Monseñor Octavio Derisi, su mentor y fundador, que había hecho de la lucha contra el positivismo uno de los  ejes centrales  de su filosofía desde su época en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.