Notas de vida

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Notas de vida

Es el 9 de julio de 1956 y son las 7 de la mañana. La pequeña Liliana de seis años llega en barco desde Portugal, ve un desborde de banderas argentinas y piensa: “¡la pucha, cómo nos reciben!”
Cierto es que el puerto de Buenos Aires no estaba embanderado por la llegada de la familia Suetta como lo imaginaba la fantasía infantil. Sin embargo, un grupo excitado de tíos, primos y abuelos suelta por fin el afecto tan contenido por años y grita: “¡Juan Manuel, Lilia...!” Alborozo. Entonces Liliana Julia toma fuerte la mano de su padre Juan Manuel Suetta, ya mito, ya un referente de aquella familia de La Paternal, mira sorprendida la alegría de su madre Liliana, y se lanza al encuentro. Nueve años de ausencia fueron suficientes para que se instale la leyenda familiar de un brillante Juan Manuel culto, un diplomático reconocido, siempre humilde. Por un decreto del Presidente Juan Domingo Perón, los egresados con medalla de oro de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires ocupaban los puestos de agregados culturales en el exterior. Aquel 9 de julio, el Prof. Suetta, luego de desempeñar dicho cargo en Madrid y en Lisboa, se encontraba regresando a la Argentina. Perón había sido derrocado, por lo que unos meses después, el 8 de octubre de 1956, cuando Suetta llegue al Ministerio de Relaciones Exteriores, se topará con el Boletín Oficial abierto para leer en él su nombre: estaba incluido en la lista de los que habían sido dejados cesantes. Toma sus pertenencias de la oficina y se marcha. Volvería a ocupar cargos públicos como Secretario General de la Comisión Ejecutiva del Censo Indígena Nacional (1965-1968); representando a la Provincia de Jujuy ante la Comisión Interministerial del Plan Andino (1966); como profesor asociado con orientación arqueológica en la Facultad de Filosofía y Letras (UBA) en 1968, donde el mismo año fue también Secretario de Asuntos Académicos; y meses antes de su fallecimiento (14 de agosto de 1975), con el relevamiento de unas ruinas en la provincia de La Rioja, encargado por el Instituto Nacional de la Administración Pública.
-¿Sabés que lo dejaron cesante a Juan Manuel?
-Vamos a brindar, comienza a trabajar en el laboratorio.
Próximo a cumplir cuarenta años Juan Manuel Suetta trabajará a tiempo completo en el laboratorio Brandt de su cuñado. Sería por un breve período. Por haber egresado como profesor de enseñanza secundaria, normal y especial en Historia en 1941; y representado a la Argentina en áreas vinculadas a la cultura, pudo volver pronto al ruedo académico. Se encontraba relacionado con los referentes de su especialidad, destacados antropólogos y arqueólogos argentinos de la época como Eduardo Casanova, José Imbelloni, Enrique Palavecino, Julián Cáceres Freyre, Alberto Rex González, entre otros, quienes no tardaron en reinsertarlo en el medio intelectual.
Se inicia desde entonces en la carrera académica del Prof. Suetta un constante ascenso, tanto desde el punto de vista de la gestión universitaria, como desde el aspecto científico. Por lo pronto, es el momento en el que se origina su relación con la Universidad del Salvador produciéndose desde entonces un fructuoso enlace entre su vida, la del Instituto de Arqueología que fundara Eduardo Casanova, y la de la USAL, a donde ingresa como profesor asistente en la Facultad de Historia y Letras en la cátedra de Arqueología americana en 1959, de la que luego será adjunto en 1964, y profesor titular desde 1965. En la nombrada Facultad de Historia y Letras será Vicedecano hasta 1968, cuando es nombrado Decano, cargo que ocupará hasta ser elegido Vicerrector Académico por el período 1971-1975.
No profundizaremos en estas Notas sobre las 5 exploraciones en las que participó el Prof. Suetta (junto con los informes, publicaciones y presentaciones en Congresos y revistas) ya que es la parte de su historia fuertemente entretejida con el desarrollo del Instituto de Arqueología, y la misma tiene un apartado específico dentro de este fascículo.
Sí nos parece oportuno recordar que la vida de la Universidad del Salvador y la del Prof. Juan Manuel Suetta se enlazan aún más de lo que hemos anunciado hasta aquí: en abril de 1975 se produce el desligue de la Compañía de Jesús, y es nombrado Rector por unos meses. De entonces data la afectuosa carta de agradecimiento que el entonces Padre Jorge Mario Bergoglio, nuestro actual Papa Francisco, le enviara el 20 de junio de ese año.
Leamos la carta1:

Carta Suetta

Es una carta entre sabios. La sabiduría se realiza solo en los humildes. El 7 el febrero de 1975 el Prof. Suetta le había enviado una carta al Padre Camargo en la que rechaza el título de Doctor Honoris Causa que la Universidad quería otorgarle por sentir que está “muy lejos de ser una personalidad relevante para el país”, insistiendo que su mayor premio fue el aprecio ganado entre los Padres jesuitas: “Bergoglio y Camargo en primer lugar, pero también de Fiorito, Amadeo, Pérez del Viso, Dann, Storni, Scotto, Quiles, Luzzi, Marangone, Scannone”, y remata de esta manera la misiva: “¿No le parece suficiente? A mí sí.”
De muy bajo perfil, estudioso, cordial, afectuoso. Aunque también distante. Posiblemente porque fue mucho el tiempo que pasó alejado de la familia durante su infancia. Juan Manuel Suetta fue hijo de dos argentinos: Julia Barranco, una enfermera que dio a luz al mayor de sus tres hijos, Juan Manuel, el 24 de noviembre de 1916 en Buenos Aires; y de Juan Manuel Suetta, empleado en un aserradero de La Paternal. El trabajo que se les imponía a sus padres para lograr la supervivencia derivó en una primaria como pupilo en Muñiz, en una institución religiosa. Más tarde entraría al seminario de Devoto, entonces dirigido por los padres jesuitas, donde hizo algunos años del secundario. Pero si bien Muñiz definió en él una rotunda necesidad de familia, quizás limitándolo en la manifestación explícita de los sentimientos, fue también la puerta que lo condujo al matrimonio. Luego de recuperarse de un accidente que lo llevaría a una cruenta cirugía de columna (la que acentuó su gesto duro por no poder girar la cabeza desde entonces), realiza una visita de duelo a su queridísima maestra del primario, y conoce allí a Liliana Beatriz Alinovi, con quien se casa en 1944.
Volvemos a nuestra creencia: la sabiduría se realiza en los humildes. Humildad deriva del latín hŭmĭlĭtas, que también significa humus, la tierra que los hombres pisamos.
La tierra. Ese lugar tan caro para los arqueólogos.

1Ubicación: 1975-IA-Suetta-16

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