El periodismo cultural en la última dictadura militar argentina

 

Reflexiones sobre lo “alternativo” y la “alternatividad” en el campo de la comunicación y la cultura en Argentina y América Latina

 

Rodolfo Gómez*

 

Resumen

Desde la tradición de las llamadas teorías de la comunicación de masas, lo “alternativo” aparece vinculado de manera sustancial a la crítica de los fenómenos de cultura de masas comprendidos como expresiones de una “industria cultural”. Sin embargo, es hacia fines de los años sesenta del siglo pasado cuando lo “alternativo” supone el paso de la crítica de lo “establecido” a la configuración y concretización de nuevas formas de “hacer comunicación” en el ámbito de la  cultura de masas. Este proceso, tanto en los países llamados “centrales” como en los de la “periferia”, se presenta como fuertemente imbricado con importantes procesos de crítica política. Lo que implica que además, por un lado, la noción de lo “alternativo” se encuentra vinculada con una noción de “autonomía” de los sujetos que protagonizan el fenómeno de la comunicación alternativa, y por el otro, que el concepto mismo de la “alternatividad”  expresa una noción comunicacional que excede el marco de las “comunicaciones de masas”.

En este trabajo pretenderemos realizar una discusión, partiendo de un abordaje histórico categorial y teórico, sobre los tópicos en los que usualmente se debate la noción de lo “alternativo” para observar tanto sus límites como sus posibilidades de modificación.

 

Palabras clave: teoría de la comunicación, alternatividad, autonomía, totalidad, crítica cultural.

 

Abstract

From the tradition of so-called theories of mass communication, the "alternative" appears substantially linked to the critique of mass culture phenomena understood as expressions of a "culture industry." However, in the late sixties of the last century when the "alternative" is the critical step of the "establishment" to setup and realization of new forms of "making communication" in the field of mass culture . This process, both countries called "central" as in the "periphery", is presented as strongly interwoven with important processes of political criticism. It also implies that, first, the notion of the "alternative" is linked to a notion of "autonomy" of the subjects that feature the phenomenon of alternative communication, and on the other, that the concept of the "alternative" expresses a concept that goes beyond the communication of "mass communication".

In this work we pretend to make a discussion, from a historical, categorial and theoretical approach on topics that are usually in the discussion the notion of the "alternative" to observe both its limits and its potential for change.

 

Keywords: communication theory, alternativity, autonomy, completeness, cultural criticism.

 

 

Introducción

El concepto de lo “alternativo” aparece etimológicamente hablando ligado a la idea de un punto de inicio diferente de las cosas, de un nacimiento otro distinto del sucedido en términos concretos. Desde la tradición de las llamadas teorías de la comunicación de masas (desarrolladas dentro de una previa sociedad de masas), lo “alternativo” aparece vinculado de manera sustancial a la crítica de los fenómenos de cultura de masas comprendidos como expresiones de la industria cultural.

Esa crítica cultural tuvo –y tiene- diferentes vertientes, aunque las mismas no siempre podrían considerarse enfocadas desde lo “alternativo”, ya que en muchos casos representaban una crítica a la misma noción de masas y a su correlato cultural desde una posición elitista (podría pensarse en la crítica que encarnó Ortega y Gasset frente a la emergencia pública de las masas o en la crítica que Nietzsche desplegó ante el mismo fenómeno, aunque desde una perspectiva no liberal). En relación con una visión contrapuesta, que podría considerarse “alternativa”, la crítica cultural se expresó hasta el día de hoy desde un punto de vista que focaliza en la crítica a la sociedad realmente existente. Allí podrían ubicarse autores como Lukács, Adorno, Benjamin, Marcuse, Eco, Bourdieu, Williams, Hoggart, Hall, Habermas y en el caso de nuestro país, autores como Viñas, el Sebreli de los sesenta, Massota, Alcalde, Correas, Aricó, etc.

Sin embargo, fue a fines de los años sesenta del siglo pasado cuando lo “alternativo” supuso el paso de la crítica de lo establecido a la configuración y concretización de nuevas formas de hacer comunicación en el ámbito de la  cultura de masas.

Este proceso, tanto en los países llamados centrales como en los periféricos, se presentó relacionado con una crítica del funcionamiento de las sociedades capitalistas –y no capitalistas- realmente existentes, desde una perspectiva autónoma. Esto es desde cierto distanciamiento con lo económico, lo estatal, con lo establecido.

En este trabajo pretenderemos realizar una discusión –histórica, teórica- que retome los tópicos en los que usualmente se debate la noción de lo alternativo para observar tanto sus límites como las posibilidades de trascendencia de los mismos.

 

La discusión respecto del estatuto epistemológico de las ciencias de la comunicación

Un breve y rápido análisis sobre el proceso de configuración del campo de la comunicación y de la cultura (no sólo en nuestros países latinoamericanos sino en algunos casos más allá de estos) da cuenta de la emergencia de un campo de estudios donde se observan cruces entre diferentes disciplinas.

Si tomamos por ejemplo un punto de partida que plantee el origen del campo de la comunicación en las investigaciones sobre comunicaciones de masas, tal vez podríamos encontrarnos con una perspectiva fuertemente sociológica, lo que es claro en la mass comunication research norteamericana. Ahora bien, si enlazamos dicha tradición con sus influencias teóricas, nos encontraremos allí con fenómenos comunicacionales vinculados con procesos de comunicación cara a cara que fueron más bien analizados por filósofos (Peirce), antropólogos (George Mead) o politólogos (Dewey).

Si nos vamos del otro lado del Atlántico hacia el viejo continente y miramos las escuelas críticas europeas, veremos allí una tradición de crítica cultural donde se articula la influencia filosófica (Kant, Hegel) con la investigación sociológica interpretativa europea (Weber, Simmel, Tönnies) y el marxismo de Lúkacs. En la Escuela de Frankfurt a estos nombres mencionados cabe agregarle la influencia del psicoanálisis (Freud y Willhelm Reich).

Un autor perteneciente a la segunda generación de la Escuela de Frankfurt como Jürgen Habermas y su rival sociológico dentro de Alemania, Niklas Luhmann, han llevado la cuestión todavía más allá. En la medida que en sus desarrollos teóricos establecieron un punto de partida comunicacional como fundamento de la configuración de las sociedades contemporáneas. Sin embargo, en el ejemplo de estos dos autores, no podríamos decir que los mismos se ubican como perteneciendo a un campo disciplinario como el de la comunicación.

Esto indica que lo comunicativo no posee existencia en  sí mismo, como objeto autónomo sino vinculado a otra serie de objetos. La comunicación, y las ciencias que pueden abordarla como  fenómeno, son intrínsecamente inter o transdisciplinarias y en ello radica su potencial en tanto discurso que explica la materialidad social.

Esto nos lleva a discutir la posibilidad de pensar la comunicación y sus teorías en un sentido materialista. Una perspectiva materialista vulgar no puede prescindir de la observación; pero una perspectiva materialista más compleja articula la observación con el involucramiento práctico con el objeto de estudio, dando por resultado cierta transformación del mismo. Así, la relación que el sujeto del conocimiento entabla con su objeto es a la vez compleja en tanto atravesada por múltiples determinaciones. Lo que implica que sería materialista un abordaje que privilegie un tipo de mirada totalizadora, es decir, a la vez sociológica, filosófica, económica, antropológica, semiológica, política, comunicacional, etc.

De aquí las ventajas, de unas ciencias de la comunicación que desde el vamos deben contemplar esa totalidad, esas diferentes determinaciones, sea que focalicen en el campo de las comunicaciones de masas o en la investigación sobre los modos interpersonales de interacción comunicativa, o aún en ambas modalidades.

Es en este punto que lo comunicacional, que ahora puede verse comprendido en un sentido amplio, se conecta con lo alternativo en tanto crítica de lo existente, como modo de generación de una transformación de lo existente, como nacimiento otro. Digamos que aquí también lo interdisciplinario se transforma en una rebelión –una crítica- incluso contra la disciplina, una comunicación que es así una suerte de antidisciplina.[1]

 

La comunicación alternativa como “política cultural” y como crítica de la sociedad

 Dos cuestiones comenzábamos a plantear. Por un lado que no es pensable una noción teórica concreta de comunicación prescindiendo de una noción de totalidad (para pensar la sociedad en la que se inserta dicha comunicación). Por el otro, que dicho abordaje supone la imposibilidad de dejar de lado la utilización de diferentes disciplinas.

Esto implica que cualquier noción emergente de “comunicación alternativa” tampoco puede ceñirse solamente al mero campo de una discusión y una práctica sobre los medios masivos de comunicación (la mayoría de ellos atravesados y determinados  por una lógica mercantil, esto es, por la lógica de la industria cultural), para vincularse con otros tipos de comunicación cuyo fundamento será –en última instancia- también político. Y aquí agregamos al planteo una cuestión que consideramos importante, porque si lo comunicativo puede ser pensado como político –aunque no solamente, porque si lo comunicacional es político, lo es en tanto totalidad-, también lo político debiera referir a un campo comunicacional donde se privilegia el intercambio y la interacción entre pares. Algo no siempre presente en las nociones de política que predominan en el mainstream académico, donde las policies, refieren al tipo de políticas desplegadas desde el estado; diferentes de otras prácticas que definen lo político como politics, es decir como comunicación entre ciudadanos (aquello que Aristóteles llamaba, dentro del ámbito de la polis, la búsqueda de la vida buena, y que hoy excede el único marco de las instituciones políticas).

Sin embargo, si pensamos concretamente en las sociedades contemporáneas (que son a la vez sociedades complejas), donde lo que predomina es una noción institucionalizada de política, otra concepción de lo político que se plantee más allá de esta primera no puede concebirse sino como negativa, esto es, como “oposición-alternativa”. Se trataría de una noción de política vinculada con lo comunicacional por oposición y contradicción a otra concebida –en un sentido adorniano- desde lo instrumental-institucional.

De modo que lo comunicacional, como “alternativo” y como alternativa política, supone un punto de partida negativo (contra-puesto) a las formas existentes (de lo político, de lo comunicacional, de lo cultural, esto es, de aquellas formas que expresan una totalidad).

Si antes planteamos una concepción amplia de comunicación -siguiendo el razonamiento- lo que estamos haciendo acá es también planteando una concepción amplia de lo político y de lo alternativo. Pero si es con la consolidación del desarrollo económico e industrial y con la configuración de una sociedad de masas que emerge la condición de posibilidad de una cultura de masas y de una comunicación de masas, es en este momento donde resurge otra posibilidad de pensar una “comunicación alternativa”: como negación y oposición a este tipo de formas establecidas de la  comunicación.

La particularidad que asume la forma de comunicación de masas prevaleciente en las llamadas sociedades de masas (que es a la vez la forma que toma en las sociedades  modernas) es precisamente que se dirigen a una “masa” concebida de manera amorfa e irracional. De modo tal que la comunicación de masas se presentó originariamente en un cierto sentido ilustrado, esto es, unidireccional configurado por un emisor que detenta un saber (burgués) y un poder (instrumental).

Si se piensa una “comunicación alternativa” en el sentido negativo antes mencionado, la misma debe desarrollarse como crítica a la forma unidireccional que toma la comunicación de masas, pero al mismo tiempo como crítica totalizadora a la forma social dentro de la que se expresa. Por eso, una noción de “comunicación alternativa” concebida desde el interior de las sociedades contemporáneas no puede sino ser sino al mismo tiempo una crítica a la misma totalidad social.

Los primeras expresiones históricas de esto se dieron en las Revoluciones inglesa y francesa, de donde surgieron toda una serie de nuevas prácticas comunicacionales (el desarrollo de la prensa masiva y facciosa); y en el siglo XX durante la Revolución Rusa, de donde emergieron nuevas formas de expresión comunicacional (no solamente en el sentido político del término, también en un amplio sentido cultural: en el cine, en la pintura, en la arquitectura y el diseño) que pretendieron dar voz a aquellos excluidos –proletarios, campesinos- de la comunicación política. Un impacto que se trasladó también a otros continentes (y al resto de Europa), impactando en el desarrollo de la experimentación y las vanguardias artísticas (politizadas).

Hacia el fin de la segunda guerra mundial, donde como decía Benjamin lo que se observó –en los fascismos- fue el contrario efecto de la estetización de lo político; el retorno de la democracia y el proceso de reconstrucción europea dieron lugar a nuevas formas comunicativas, que se potenciaron con el desarrollo de la Revolución China y su revolución cultural, con el suceso de la Revolución húngara de 1956, con la Revolución cubana (que repercute en términos del desarrollo de una crítica cultural  sobre todo en los países denominados periféricos) de 1958, con los procesos de descolonización desarrollados en varios países del llamado tercer mundo, con la emergencia de toda una serie de movimientos (con presencia en Europa pero también en los EEUU) contraculturales, con la primavera de Praga de 1968 y por último –por extender la  cita- con un Mayo Francés que se extendía a otros países (Alemania, Italia, México).

Lo “alternativo” aquí expresa la emergencia y conformación de nuevas formas de comunicación presentadas como crítica cultural y vinculadas a la vanguardia y la experimentación.

Pero la reflexión al respecto tendió a focalizar en un análisis crítico del funcionamiento de los medios masivos de comunicación, en sus vertientes pública y/o privada; tal como se demostró en la polémica entre Enzensberger y Baudrillard, enmarcada en los sucesos que siguieron a la experiencia del Mayo Francés de 1968 y a sus vínculos con la vanguardia artística y política “situacionista”.

Porque la crítica de cultura presente en el texto de Baudrillard –no casualmente incluida en el volumen “Crítica de la economía política del signo”- pretendía de-construir el proceso comunicacional focalizando en un sentido vanguardista en las posibilidades de subvertir la forma de las comunicaciones de masas y el código. Algo que puede relacionarse con el intento que llevó adelante Debord de enlazar la forma cultural del espectáculo en las sociedades contemporáneas con la forma fetichizada presente en las mercancías que inundan la totalidad social.

Aunque para algunos críticos de esta perspectiva, sea justamente el hincapié puesto por Debord en la forma-espectáculo lo que alejaría su punto de vista crítico de una noción de totalidad (y también de la dialéctica, algo que es claro en Baudrillard); en la medida que dicha forma no se configuraba de manera fetichista en el conjunto del proceso (producción-circulación-consumo) sino más bien en la última parte de dicho proceso (circulación-consumo). La crítica perdería así algo de su –supuesta- radicalidad.

 

Una “alter-nativa” para América Latina

En América Latina, si bien ya hacia los sesenta puede observarse la conformación de una literatura que comenzaba a gestar la crítica hacia la cultura de masas, los primeros desarrollos de una reflexión sobre una “comunicación alternativa” van de la mano de los  procesos de modernización y de radicalización política de los setenta (sobre todo en el cono sur).

Desde un punto de vista amplio podríamos decir que la primera forma que presenta la noción tiene que ver con las críticas que se realizaban a la cultura de masas y a la industria cultural desde los sectores más politizados de las sociedades subcontinentales, que veían tanto a la cultura de masas como al proceso de industrialización de esta misma como manifestaciones de una sociedad injusta.

Así, el pensar en una “alternativa” comunicacional a la forma de la comunicación “oficial (los medios masivos de comunicación de masas comerciales) al interior de las sociedades periféricas latinoamericanas era una manera más de pensar en una transformación del conjunto de dichas sociedades.”[2]

Sin embargo, con la emergencia de las dictaduras que azotaron gran parte de la región entre mediados de los setenta e inicios de los ochenta, dicho concepto hubo de aggiornarse, adaptarse a las nuevas circunstancias históricas y sociales.

Si en los setenta podía llegar a pensarse en las posibilidades de implementar, desde el estado, unas políticas nacionales de comunicación que modificaran las relación emisor-receptor impidiendo los procesos manipulatorios respecto de las masas, las dictaduras implicaron la lisa y llana clausura de cualquier discusión respecto al cambio; porque sólo se sostuvo la centralización de los medios en manos del estado represivo en tanto utilización para la confirmación de un férreo control ideológico.

Ahora bien, ya a mediados de los ochenta, el retorno de la democracia como forma de gobierno en gran parte de estos países latinoamericanos implicó sobre todo para el campo de las ciencias sociales la constatación de que estas nacientes formas de gobierno democráticas se insertaban en sociedades profundamente transformadas, en el sentido de una definitiva incorporación a un nuevo modo de división del trabajo presente en el mercado mundial.

Y en ese nuevo marco social, político, económico, cultural; también operó una modificación (un desplazamiento conceptual) en la noción de “comunicación alternativa”. Algo que encontramos en las propias ideologías de la izquierda: el paso de una conceptualización que pretendía transformar la sociedad como totalidad a una donde  se pretendía democratizar la esfera de lo político, comprendida como sistema político (esto es, como política institucionalizada).

Parte de la reflexión latinoamericana de los años ochenta sobre “comunicación alternativa” todavía guardaba cierta perspectiva transformadora en el sentido de la búsqueda de un cambio radical del sistema. Aunque haciendo hincapié, como puede verse en la compilación de Simpson o bien en los textos del autor brasilero Carlos Eduardo Lins da Silva, en una perspectiva “anti-autoritaria”.

Algo que se acentúa con el paulatino pero firme transitar de las democracias latinoamericanas hacia la configuración de estados neoliberales, lo que a la vez supuso la modificación del sujeto capaz de implementar aquellas “políticas de comunicación que se pensaban como “alternativas” durante la década previa.

Dos cuestiones al respecto que comenzaremos a abordar. En primer lugar que en cualquiera de los casos planteados la conceptualización sobre comunicación alternativa tendió a focalizar en pensarse como una “alternativa” frente a los medios masivos de comunicación comerciales dominantes. En segundo lugar, que como lo “alternativo” tendió a pensarse antes de un modo “estadocéntrico”, al modificarse estructuralmente dicho estado, por momentos lo alternativo pareció perder de vista a su sujeto.

La posterior focalización, llevada adelante desde fines de los ochenta y hasta los noventa, en el ámbito de la sociedad civil tampoco tuvo mejor suerte. Podríamos decir por una cuestión estructural, ya que la transformación social operada por las políticas  neoliberales impactó sobre una sociedad civil que emergía atomizada luego de la dictadura y de la debacle de las instituciones de bienestar, pero a la vez por la propia operatoria material de la hegemonía. Sólo con la ruptura del orden neoliberal pareció abrirse nuevamente el espacio de una comunicación alternativa, y dónde nuevamente la misma pudiera pensarse vincularse a modificaciones más amplias.

La novedad, en Argentina en particular, desarrollada a posteriori de la crisis de 2001, fue la incorporación de una noción, que si bien puede encontrarse en ciertas formulaciones previas, no estaba hasta entonces: la noción de “autonomía”. Pero, ¿de qué se trata esto de la “autonomía”?

 

Lo alternativo como “autonomía” comunicativa en las sociedades contemporáneas

Lo sucedido en la Argentina de diciembre de 2001 puede ser analizado desde distintos puntos de vista. Para algunos sectores se trató de una insurrección de carácter pre-revolucionario, para otros se trató sólo de una revuelta, otros hablaron de un “argentinazo”, para visiones más conservadoras supuso una cuestionable y violenta crítica a las instituciones establecidas del sistema democrático. En términos más objetivos podría decirse que fue una revuelta con ciertos rasgos insurreccionales (por momentos), que generó un importante impacto deslegitimador sobre el conjunto del sistema político, del sistema económico (sobre todo el financiero) y las relaciones que vinculaban a ambos subsistemas con el de medios masivos de comunicación comercial. De allí una serie de graffitis que podían encontrarse en las paredes de la Capital Federal, el conurbano bonaerense y ciudades como La Plata, Rosario, Córdoba; los mismos decían por ejemplo: “Nos están meando y los medios dicen que llueve”.

Con frases de este tipo pintadas en las paredes en el marco de toda una serie de manifestaciones populares ciertamente politizadas, no podía dejar de trazarse algún tipo de relación con la proliferación de graffitis críticos que se desplegaron durante el Mayo Francés del ’68.

Pero a la vez hay otra relación que para este trabajo nos interesa, ya que si -como mencionamos- durante ese breve lapso de tiempo en el viejo continente se desarrollaron toda una serie de reflexiones críticas respecto de los medios masivos comerciales; lo mismo sucedió en el campo de la comunicación alternativa en Argentina, aunque no solamente en el ámbito de los textos que abordaban el fenómeno sino en la proliferación de toda una serie de nuevas experiencias comunicacionales (desde producciones cinematográficas, pasando por los mencionados graffitis, por una importante proliferación de agencias de noticias alternativas y de contrainformación, radios locales y barriales, comunitarias, “alternativas”).

La aparición de todos estos nuevos procesos y fenómenos de comunicación comenzaron a ser acompañados de nuevas reflexiones sobre los mismos, enmarcados en el devenir del proceso abierto en diciembre de 2001. Reflexiones que comenzaron a desarrollarse originariamente por fuera de la academia, pero que fueron trasladándose también a ese ámbito a medida que el fenómeno fue estabilizándose e institucionalizándose.

Si los años neoliberales”, implicaron en el campo de las policies comunicacionales  la ausencia de intervención estatal y la entrega de dicha regulación al solo funcionamiento del mercado, dando por resultado la configuración de grandes monopolios comunicacionales proclives a fijar la agenda tanto política como social; la contraposición crítica –que en su momento incluso podía denominarse “alternativa”- realizaba justamente un llamamiento tanto a la regulación como a la intervención del estado a través de legislación en el ámbito de las comunicaciones de masas comerciales.

Ahora bien, otra resultante contrapuesta al proceso de monopolización de la cultura de masas de los años noventa fue la resistencia –iniciada en algunos casos durante la dictadura, pero cuyo crecimiento en los primeros años de retorno democrático fue enorme- de todo un entramado de radios consideradas en muchos casos alternativas y en otros como radios locales; denominadas también –por entonces- radios truchas.

Ese despliegue comunicativo desarrollado en los primeros años de democracia, sufrió un estancamiento durante los años noventa, en consonancia con una ideología individualista tendiente a exaltar el realismo de los beneficios del mercado y la configuración cultural de la utopía del éxito.

Por eso es que con la reaparición de una conflictividad social en aumento (desde 1997 en adelante, con la consolidación de la recesión económica), que fue de la mano de la emergencia de diferentes movimientos sociales, se rearticularon también toda una serie de prácticas comunicacionales contrainformacionales vinculadas al ámbito de lo masivo, aunque pensadas desde un punto de vista no comercial.

La aparición de estos movimientos sociales contestatarios, que fue también acompañada por un crecimiento de la conflictividad laboral y social (según lo que se desprende de diversos relevamientos realizados), implicó también la emergencia de nuevas formas comunicacionales, de modo tal que muchos de estos movimientos desarrollaron a la vez diversas articulaciones con fenómenos preexistentes de contrainformación y de comunicaciones de masas no comerciales. Entrado el siglo XXI, varias de las prácticas desarrolladas en el ámbito de los movimientos se vincularon incluso con diferentes grupos de experimentación artística desplegada en el ámbito público.

Una característica común presente en un importante número de estos diferentes movimientos, desarrollados en un primer momento en contraposición a las llamadas políticas neoliberales, fue la reivindicación de una autonomía.

Esta idea de autonomía fue desarrollada en el marco del movimiento operaísta italiano de fines de los años sesenta del siglo pasado por autores como Rainiero Panzieri, Mario Tronti, Antonio Negri o Paolo Virno. Suponía en primer lugar un pensamiento que sostenía la necesidad de una relación casi directa entre práctica y organización (criticando la noción de representación asumida por un partido de vanguardia), donde la clase era autónoma frente al partido, pero también donde se planteaba como autónoma frente a los sindicatos burocratizados y por último frente al estado.

De alguna manera en la perspectiva fundacional de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) encontramos algo de esto, en su reivindicación de autonomía frente a los partidos políticos y a los gobiernos de turno. Sin embargo, si seguimos parte de esta trayectoria (algo que no analizaremos en este trabajo) podremos encontrar en algunos casos hechos concretos donde dicha autonomía no se manifiesta (por ejemplo en la relación de ciertos exponentes de la central alternativa con el gobierno de la Alianza, con los gobiernos kirchneristas, con exponentes de agrupaciones políticas como el ARI, etc.).

En las prácticas de comunicación alternativa desarrolladas al calor del proceso abierto en diciembre de 2001, pueden verse estas contradicciones mencionadas –respecto del grado de autonomía de dichas prácticas frente a los partidos políticos, frente al sistema (económico, político, comunicativo) y frente al estado- y una resolución incierta que fue de la mano de las mismas contradicciones presentes en todas las organizaciones que protagonizaron ese proceso de la historia reciente argentina.

 

Conclusiones

En un sentido provisorio, intentamos abrir una serie de interrogantes teóricos respecto a la situación presente y las posibilidades democratizadoras futuras de las prácticas de “comunicación alternativa”. Realizamos el intento partiendo de un análisis histórico de aquello que podía ser comprendido como “alternativo” y también de diferentes dimensiones de lo que suele ser definido como comunicacional.

La discusión planteada sobre el estatuto epistemológico de las llamadas ciencias de la comunicación nos permitió plantear las diversas facetas presentes al interior del campo comunicacional y la imposibilidad de su abordaje desde una perspectiva disciplinaria para asumir una perspectiva de totalidad. Pero para que dicho proceso se encuentre enmarcado en una perspectiva concreta a desarrollarse dentro de una sociedad profundamente contradictoria como la actual, pudimos ver que entonces ello debía sostenerse como potencial negativo, crítico hacia esa sociedad existente. Es aquí donde lo comunicacional, puede articularse con una noción de lo “alternativo”, comprendido como una crítica que produzca un nacimiento otro.

Pero entonces, desde esta perspectiva es que la “comunicación alternativa” encuentra sus virtudes y sus defectos. Como virtud en tanto posibilidad de comprender lo comunicacional y lo alternativo en un amplio sentido crítico; lo que dota conceptualmente a la “comunicación alternativa” de un fuerte contenido político. Pero en el mismo sentido público y político, lo “alternativo” debía tener también en cuenta un concepto un tanto dejado de lado por la reflexión, el de “autonomía”.

La crítica y la negación de lo establecido podrían darse en tanto que las expresiones comunicacionales alternativas pudieran considerarse autónomas.[3]

Durante diversos momentos en América Latina la reflexión sobre la “comunicación alternativa” focalizó en la relación entre este tipo de prácticas y su relación con los más amplios procesos políticos; sin embargo, en cierto modo en esas reflexiones –demasiado ligadas por momentos a pensar únicamente los fenómenos de las comunicaciones de masas y a la vez a pensar posibles policies que pudieran desplegarse desde el estado- y en sus prácticas –también ligadas a desarrollarse únicamente por contraposición a las comunicaciones de masas y en la búsqueda de  implementación de políticas públicas- presentaron algunas limitaciones.

Tal vez sea un buen momento de a lo hecho, que no es poco, agregarle una perspectiva donde lo político confluya con lo comunicacional articulándose en torno a una idea de totalidad. A las posibilidades de hinchazón de la emisión logradas por los medios considerados alternativos, puede articulársele hoy el “viejo” programa de un todavía joven Umberto Eco: el de una “guerrilla semiológica de la recepción” que apuntaba a munir a los diferentes públicos de las armas de la crítica.

 

 

 

 


Referencias

Grupo de Arte Callejero (2009). Pensamientos, prácticas, acciones. Buenos Aires: Tinta Limón.

Schuster, F., Pérez, G., Pereyra, S., Armesto, M., Argelino, M., García, A. et al. (2006). Transformaciones de la protesta social en Argentina 1989-2003. Buenos Aires: Instituto de Investigaciones Gino Germani, Facultad de Ciencias     Sociales, Universidad de Buenos Aires.

Schuster, F., Pérez, G., Pereyra, S., Armesto, M., Argelino, M., García, A. et al. (2009). Cambios y continuidades de la protesta social en Argentina tras la crisis de 2001. Trabajo presentado en el XXVII Congreso de ALAS.

Backhaus, H.G., (2007). Entre la filosofía y la ciencia: la economía social marxiana como teoría crítica. En Marxismo Abierto (Volumen 2). Buenos Aires: Ediciones Herramienta-Benemérita-Universidad Autónoma de Puebla.

Baudrillard, J., (1987) Réquiem por los media en Crítica de la economía política del signo. México: Siglo XXI.

Bonnet, A., (2008). La hegemonía menemista. El neoconservadurismo en Argentina, 1989-2001. Buenos Aires: Prometeo.

Cassigoli, A. (1989). Sobre la contrainformación y los así llamados medios alternativos. En Simpson Grinberg, M. (comp.). Comunicación alternativa y cambio social. México: Premiá.

Debord, G., (1995). La sociedad del espectáculo. Buenos Aires: La marca.

Enzensberger, H.M., (1971). Elementos para una teoría de los medios de comunicación. Barcelona: Anagrama.

Graziano, M., (1980). Para una definición alternativa de la comunicación. Revista ININCO, Nº1, 71-74.  

Keane, J., (1992). La vida pública y el capitalismo tardío. México: Alianza.

Lins Da Silva, C.E., (1986). Las brechas de la industria cultural brasileña. En Festa, R. y Lins Da Silva, C.E. Comunicación popular y alternativa. Buenos Aires: Ediciones Paulinas.

Negri, T., (2002). La crisis de la política. Escritos sobre Marx, Keynes, las crisis capitalistas y las nuevas subjetividades. Buenos Aires: El cielo por asalto.

Pulleiro, A., (2012) La radio alternativa en América Latina. Buenos Aires: El Río suena.

Simpson Grinberg, M. (comp.), (1989). Comunicación alternativa y cambio social. México: Premiá.

Thwaites Rey, M., (2004). La autonomía como búsqueda, el Estado como contradicción. Buenos Aires: Prometeo.

Tronti, M., (2001). Obreros y capital. Madrid: Akal.



* Docente de grado y posgrado e investigador de la Facultad de Educación y de Comunicación Social de la Universidad del Salvador (USAL). En la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA), es docente titular y jefe de trabajos prácticos de la Carrera de Ciencias de la Comunicación y de la Carrera de Ciencia Política. Se desempeña como asistente académico del Programa de Grupos de Trabajo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO). Correo electrónico: rodogomez1969@gmail.com.

Artículo recibido: 20-9-2012; aceptado: 27-10-2012

El Equilibrista. Año 1, Nº 1 (2013)

Universidad del Salvador. Facultad de Ciencias de la Educación y de la Comunicación Social, ISSNen línea 2344-9306

[1] Esta interpretación de la “negación” como “crítica” totalizadora, trasladada al ámbito de la “crítica” a las categorías disciplinarias escindidas (como cuando Marx plantea la crítica a las categorías de la economía política desde una perspectiva totalizadora) resulta de una particular interpretación de la noción de “teoría crítica” presente en la primera generación frankfurtiana y sobre todo en Horkheimer. Cfr. al respecto BACKHAUS, H. G., Entre la filosofía y la ciencia: la economía social marxiana como teoría crítica en  Marxismo Abierto (volumen 2), Buenos Aires, Ediciones Herramienta-Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 2007.

[2][2] Hay coincidencia general por parte de diversos autores en esta caracterización. Cfr. al respecto el clásico de SIMPSON GRINBERG, M.(Comp.), Comunicación alternativa y cambio social, Premiá, México, 1989; también GRAZIANO, M., Para una definición alternativa de la comunicación en Revista ININCO N°1, Caracas, 1980.

[3] La idea de conformación de “esferas públicas autónomas” vinculadas a las prácticas de diferentes movimientos sociales puede encontrarse en un habermasiano crítico como John Keane. Cfr. al respecto KEANE, J., La vida pública y el capitalismo tardío, México, Alianza, 1992.

Enlaces refback

  • No hay ningún enlace refback.


http://www.bibliotecausal.org.ar/public/site/images/lilianarega/88x31_88

Los trabajos publicados en esta revista están bajo licencia Creative Commons Atribución-NoComercial 2.5 Argentina.

El equilibrista. ISSN en línea 2344-9306. Facultad de Ciencias de la Educación y de la Comunicación Social, Universidad del Salvador. Callao 835 (C1023ABB), Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. Tel. (54-11) 4811-2270. elequilibrista@usal.edu.ar